Nota del editor: Dan Restrepo es abogado, estratega demócrata y colaborador político de CNN. Fue asesor presidencial y director para el Hemisferio Occidental del Consejo Nacional de Seguridad durante la presidencia de Barack Obama.

(CNN Español) - El martes ganó la democracia.

No porque un partido u otro prevaleció en las urnas de las elecciones intermedias en Estados Unidosambos partidos tienen argumento para cantar victoria— sino por tres razones más fundamentales aún.

Primero, ganó porque el sistema volverá a tener el equilibrio de poder situado en el corazón de su diseño. Es decir, con la Cámara de Representantes en manos de la oposición política al presidente volveremos a tener un contrapeso institucional y constitucional a ese mismo presidente.

La importancia de este contrapeso ha sido muy obvia por su ausencia en los últimos dos años, durante los cuales el Congreso dominado por los republicanos le ha dado la espalda, repetidamente, a la responsabilidad de proteger normas básicas de nuestra democracia.

La segunda razón por la cual la democracia ganó es porque los resultados reflejan la voluntad de la mayoría de los votantes, al menos en la Cámara de Representantes. Es decir, que el mismo partido que obtuvo el mayor número de votos, también ganó el control de una parte del Estado federal.

Ese no siempre es el caso. En las elecciones de 2016, tanto el presidente como la mayoría republicana en la Cámara ganaron sin tener la mayoría del voto popular en todo el país. El presidente, por las proclividades antimayoritarios del Colegio Electoral. La Cámara, por la concentración de votantes en ciertos distritos, como resultado, entre otras cosas, del “gerrymandering.” (que significa la manipulación del mapa electoral para favorecer a un partido).

También fue ese el caso en el Senado este martes, en 2014 y en las elecciones presidenciales de 2000. En todos esos casos, más votantes prefirieron candidatos demócratas y aún así, los republicanos se quedaron con el control.

Esa dinámica nos ha dejado a la puerta de una silenciosa, pero verdadera, crisis de legitimidad del sistema democrático.

Ahora, con una Cámara de Representantes que refleja la mayoría—o al menos la mayoría de los que participaron en las elecciones—hemos dejado de lado, quizás solo por el momento, esa crisis y esa es una buena noticia para la salud de la democracia estadounidense.

La tercera razón, y quizás la más importante, por la cual la democracia ganó es que los resultados, más allá del Congreso federal, dan una serie de pasos importantes para restablecer la confianza en el sistema democrático por hacerlo más abierto.

En un momento en que el país está viviendo profundos cambios demográficos que no se habían reflejado en nuestra clase gobernante, las elecciones abrieron paso a la diversificación de los políticos.

Por primera vez en nuestra historia, por ejemplo, se eligieron al menos 100 mujeres a la Cámara de Representantes. La Cámara tendrá dos legisladoras musulmanas por primera vez y también a las primeras dos mujeres indígenas americanas como representantes en nuestra historia. En Colorado, por primera vez alguien abiertamente homosexual fue elegido gobernador.

También accedieron a las urnas en varios estados varios segmentos de la población que habían sido sistemáticamente excluidos. En la Florida, por ejemplo, la adopción de la Enmienda 4 permitirá votar a más de un millón de personas excarceladas.

Las victorias de los demócratas en gobernaciones y legislaturas estatales facilitará igualmente la participación democrática de más personas, ya que al nivel estatal casi todos los esfuerzos de obstaculizar la participación electoral han venido de Republicanos. Esto será particularmente relevante porque los gobernadores y legisladores electos esta semana tendrán un papel importante en la nueva distribución de escaños posterior al censo de 2020, lo cual afectará la votación por el Congreso en la década que viene.

Pero, aún así, la democracia estadounidense sale de las elecciones intermedias con retos importantes e inmediatos.

Las estructuras del sistema todavía crean distorsiones en cómo se expresa la voluntad mayoritaria, ya que los demócratas lograron un diferencial de 9 % del voto bruto en todo el país, perdieron escaños en el Senado y solo lograron una mayoría limitada en la Cámara.

El sistema también tendrá el reto de ver cómo tanto los demócratas como el presidente de EE.UU. manejan las nuevas dinámicas de los contrapesos. Si ambos las respetan será buena noticia, pero eso no está garantizado.

Finalmente, cómo reaccionan las instituciones y los individuos, sea lo que sea que el fiscal especial Robert Mueller haga en las próximas semanas, también nos dirá mucho sobre el estado de la salud de nuestra democracia.

A fin de cuentas, el 6 de noviembre de 2018 podrá pasar a la historia como un día clave en la reivindicación de la democracia representativa estadounidense o como un paréntesis en la desintegración de ese sistema. Los meses que vienen nos dirán mucho sobre cuál de esas opciones será realidad.

El sistema volverá a tener el equilibrio de poder situado en el corazón de su diseño. Es decir, con la Cámara de Representantes en manos de la oposición política al presidente volveremos a tener un contrapeso institucional y constitucional a ese mismo presidente"

Dan Restrepo