El papa Francisco (ALBERTO PIZZOLI/AFP/Getty Images)

Nota del Editor: Andrea Picciotti-Bayer es consejera legal y la doctora Grazie Christie Pozo es consejera de asuntos políticos de La Asociación Católica (The Catholic Association). Una asociación católica que expone temas propios de la religión católica y sus valores ante la opinión pública. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de las autoras.

(CNN Español) - Desde su elección hace más de cinco años, el papa Francisco nos ha demostrado la claridad de su espíritu latino. Directo y genuino, siempre se comunica y actúa con naturalidad y sencillez, algo que hemos aprendido a apreciar muchísimo. Hoy, la Iglesia necesita del papa más que nunca y necesita de la franqueza de un padre tierno, no las palabras calculadas y las acciones cuidadosas de un político.

Es por eso que nos duele que el papa no responda con esa misma franqueza y sencillez ante los escándalos sexuales de la Iglesia. Viéndose confrontado por la Conferencia Episcopal de EE.UU., quienes proponían instituir un código de conducta estricto y recto, al grado de crear un grupo de laicos para supervisar el asunto, el papa Francisco lo paró en seco. Esto ha causado frustración en los obispos, quienes en su mayoría no son culpables de los horrores que han salido a la luz, y desean empezar el proceso de reparación y purificación. Esta situación ha frustrado a los católicos estadounidenses, quienes están perdiendo la paciencia y, dada la gravedad del asunto, consideran demasiado difícil tener que esperar hasta el mes de febrero para la reunión mundial de obispos.

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Al final del verano, firmamos una carta abierta, con más de 47.000 firmas de mujeres católicas, pidiendo respuestas sobre quién fue el Cardenal McCarrick, así como el veredicto ante las denuncias que enfrenta de abusos sexuales. Se alega que McCarrick usaba a los inocentes seminaristas para satisfacer sus deseos desordenados y -aún peor-, se nos dice que “todo el mundo lo sabía”. En julio, el papa aceptó la renuncia de McCarrick, quien se ha declarado inocente y ahora vive aislado en un monasterio en Kansas. Pero nosotras esperamos y exigimos mucho más de nuestra iglesia católica. En vez de notar su esfuerzo por reafirmar con el ejemplo las nobles enseñanzas cristianas sobre la sexualidad humana, la castidad y el respeto a la dignidad humana, nos parece que la Iglesia se ha acomodado al mundo moderno con tristes resultados.

Necesitamos que esto se resuelva pronto y, con eso en mente, a continuación presentamos algunas sugerencias al santo padre, teniendo la certeza de que le parecerán familiares.

“No tenga pelos en la lengua”

El papa Francisco se distingue de los previos pontífices porque se enfrenta a los problemas y a las personas de un modo directo y cálido, con un aire abierto muy distinto al de un político cauteloso. Ahora mismo, quisiéramos que él nos trate con una sinceridad salvaje, sin pelos en la lengua.

Necesitamos saber quién ha estado ocultando los crímenes contra jóvenes y la corrupción sexual, para que reformas concretas hagan que esta vergüenza quede firmemente en el pasado. Sólo así podremos recobrar la confianza en nuestra querida iglesia.

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“Tire los platos”

El papa nos dijo: "La familia perfecta no existe, ¡qué vuelen los platos! Pero luego pidan perdón". El papa es la cabeza de una gran familia, de más de más de mil millones de fieles. Y no sólo no se trata de una familia perfecta, sino de una familia que vive una gran crisis a causa del comportamiento criminal de aquellos que se encontraban en posiciones altas y abusaron de su posición. No quisiéramos que el santo padre se preocupe por romper algunos platos. Si restablecer la castidad y pureza del sacerdocio de una forma definitiva requiere de algunos platos rotos, pues que se rompan y así podremos empezar a perdonar y reparar.

Echar la cantaleta

Sí, es verdad que desde el verano del 2002 se promulgaron y efectuaron nuevas pólizas y procedimientos para que los niños se encontrasen seguros dentro de la Iglesia y sus escuelas. Sin embargo, las terribles y numerosas denuncias de abusos contra sacerdotes en Estados Unidos nos enseñan que el problema es más profundo de lo que pensábamos. Es un problema de fidelidad, en donde los sacerdotes, que se supone nos brinden un buen ejemplo de castidad y autocontrol, nos muestran precisamente lo contrario.

Esto es una gran vergüenza y una herida muy profunda para los feligreses, quienes necesitan nobles y fieles pastores. ¡Esperamos que el papa eche cantaleta! Y que haga cambios fuertes para renovar la iglesia. Quisiéramos que se apresure la investigación, no sólo respecto al asunto referente a McCarrick y a lo que presuntamente ocultaron los prelados, sino en lo que se refiere a los seminarios y a la formación y protección que reciben los jóvenes que se proponen dar todo por amor a Dios.

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No tire la toalla

Le podemos asegurar al papa Francisco que nosotros, los buenos hijos e hijas de la santa Iglesia, no vamos a tirar la toalla. Seguiremos rezando y reparando para que la máxima institución católica se parezca más y más al cuerpo digno y puro de Cristo. Pero necesitamos la ayuda del papa, quien debiera permitir que el proceso de reparación y purificación empiece ya, aquí en Estados Unidos.

También debe permitir que nuestros obispos acudan a nosotros los laicos. Las mujeres que están forjando familias y criando hijos quisieran entregarle ese máximo tesoro, sus hijos, a una Iglesia segura y santa. Juntos podemos resolver este gran problema, y juntos podremos regresar a la confianza y ternura que debe existir en toda familia digna de admiración.

"Las mujeres que están forjando familias y criando hijos quisieran entregarle ese máximo tesoro, sus hijos, a una Iglesia segura y santa"