Nota del editor: Carlos Alberto Montaner es escritor y analista político de CNN. Sus columnas se publican en decenas de diarios de España, Estados Unidos y América Latina. Montaner es, además, vicepresidente de la Internacional Liberal. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN Español) - Uno de los síntomas de que el G20 se reunirá en Argentina es que ya comenzaron a estallar las bombas. Una muchacha anarquista tuvo la mala fortuna de que le explotara un artefacto casero mientras se tomaba un selfie en el monumento funerario erigido en memoria de un jefe policial asesinado por un anarquista en Buenos Aires hace más de un siglo.

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Es la primera vez que el G20 se reúne en América Latina. La reunión se efectuará en Buenos Aires a fines de noviembre. Argentina es uno de los tres países latinoamericanos que pertenecen a ese exclusivo grupo. Los otros dos son Brasil y México. Es decir: los tres países más grandes de la región. Por eso y por su relativo peso económico, fueron elegidos.

El evento coincide con que en los tres hay gobiernos nuevos y diferentes. Mauricio Macri derrotó a los peronistas en las elecciones argentinas más recientes. Jair Bolsonaro, de la derecha, le ganó en Brasil a Fernando Haddad, el candidato de Lula da Silva y del Partido de los Trabajadores, aunque asumirá la presidencia a principios de enero de 2019. Irá al evento invitado por Michel Temer, el presidente saliente. Andrés Manuel López Obrador (AMLO), presidente electo de México, no asistirá porque toma posesión del cargo precisamente el 1 de diciembre, durante la celebración de la cumbre.

En definitiva, ¿qué es el G20 y para qué se reúnen los jefes de Estado y de gobierno con más poder en el planeta? De acuerdo con los papeles oficiales del grupo, es una mezcla de representantes de las naciones mayores, más desarrollas y pobladas del planeta, junto a las llamadas economías emergentes. Representa dos tercios de la población actual del mundo, el 85% del PIB planetario y el 75% del comercio internacional.

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No son exactamente 20 naciones, sino 19 más un representante de la Unión Europea: Argentina, este año el país anfitrión, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, Corea del Sur, México, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Turquía, el Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea.

Como Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido (todavía) forman parte de la Unión Europea, se supone que Jean-Claude Juncker representará a los otros 24 países que no están integrados directamente en el G20.

Teóricamente, el G20 renació tras la crisis financiera de 2008, y entre sus objetivos está impedir esos descalabros, evitar el proteccionismo e impulsar el comercio libre internacional, lo que explica la presencia en Buenos Aires de los presidentes y altos ejecutivos del FMI, del Banco Mundial, la OCDE y el Foro de Estabilidad Financiera.

Entre los temas que deben discutirse, según Argentina, hay tres a los que debe dárseles prioridad: El futuro del trabajo (seguramente espoleado por el estupendo bestseller de Andrés Oppenheimer, colaborador de CNN, titulado '¡Sálvese quien pueda!'), la Infraestructura del desarrollo y la producción de alimentos.

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En realidad, los latinoamericanos no deben esperar mucho de esta reunión. Apenas son útiles para las relaciones bilaterales entre los líderes. Entre otras razones, porque es muy difícil identificar intereses comunes, más allá de que los latinoamericanos, en gran medida, seguimos siendo -fundamentalmente- exportadores de alimentos y materias primas (café, bananos, azúcar, soja, carne, vinos, petróleo, cobre, y un corto etcétera), mientras importamos productos industriales de China, Estados Unidos y Europa.

Tampoco debemos quejarnos de ese desempeño económico. Si no nos va mejor es por nuestra culpa. Corea del Sur, Israel, Taiwán y otras pocas naciones eligieron el camino arduo de la investigación y el trabajo intenso y nos han superado largamente, pese a que hace unas pocas décadas eran más pobres que nosotros.

Nos interesa, eso sí, que prevalezcan la paz y el comercio libre. Algo con lo que no está de acuerdo el presidente Donald Trump, quien, como los mercantilistas del siglo XVIII, suele mirar las relaciones bilaterales con el prisma de la balanza comercial. ¿Qué ocurriría si Mauricio Macri se animara a recordarle a Trump que su país le vende a América Latina mucho más de lo que le compra? Probablemente Trump se encogerá de hombros y le repetirá su eslogan nacionalista: Make America Great Again (hagamos que EE.UU. sea grande de nuevo). No tiene remedio.

Si no nos va mejor es por nuestra culpa

Carlos A. Montaner