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Afganistán

Una madre “no tuvo otra opción” sino vender a su hija de 6 años para poder comer

Por Nick Paton Walsh

Herat, Afghanistán (CNN) — Una sequía sin precedentes en Afganistán llevó a algunas familias a vender a sus niños solo para ser capaces de alimentar a su familia.

CNN habló con varias familias alrededor de la ciudad occidental de Herat, en Afganistán, quienes se han visto forzados a dejar sus casas debido a un récord de sequía que, según Naciones Unidas, ha obligado a más personas a abandonar sus hogares en 2018 que la violencia récord que afecta al país.

La ONU estima que más de 275.000 personas han sido desplazadas por la sequía, 84.000 de ellos en la propia ciudad, y 182.000 en la región de Badghis.

Cuatro años sin lluvias han devastado la agricultura en la región e incluso causado que la cosecha de opio cayera en un tercio este año, a pesar de la producción récord de 2017. Las condiciones de clima extremo están causando preocupaciones sobre el severo impacto del cambio climático en el país más frágil del mundo, donde décadas de guerra han convertido la economía y la sociedad en polvo.

A las afueras de Herat, en un campo de refugiados, un camarógrafo de CNN se encontró con Mamareen, que perdió a su esposo en la guerra, su casa por el clima y ahora a su hija por la urgente necesidad de alimentar a sus otros niños. Alika, de seis años, está ahora, bajo la economía distorsionada de esta ciudad, en posesión de otra familia. Mamareen vendió a su hija por 3.000 dólares a Najmuddin, quien la prometió a su hijo de 10 años, Sher Agha.

“Huí de mi ciudad con mis tres hijos debido a la sequía severa”, dice ella. “Vine aquí pensando que recibiría asistencia, pero no obtuve nada. Para evitar la hambruna entre mis hijos, le di a mi niña a un hombre por unos 3.000 dólares, pero solo me han dado 70 dólares hasta ahora. No tenía dinero, ni comida ni cómo sostener a mi familia, pues a mi esposo también lo mataron”.

Cuando se le preguntó si Akila, la niña, sabía sobre su destino, respondió: “Ella no sabe que la vendí. ¿Cómo podría saber? Es una niña. Pero no tuve otra opción. Ya sea entre lágrimas o risas, ella tenía que irse. ¿Quién vendería una pieza de su corazón a menos que en realidad tenga que hacerlo?”.

¿Un acto de caridad?

Su destino estaba a pocos metros, en otra tienda más rica del campamento, con Najmuddin, su comprador.

Parte de esto esta transacción es cultural, parte de las costumbres de una sociedad donde las niñas durante mucho tiempo han sido intercambiadas por dotes en vez de pedir su consentimiento. Pero para Najmuddin esto fue un acto de caridad.

“Su familia no tenía nada que comer. Estaban hambrientos”, dijo él. “Sé que yo también soy pobre, pero estoy seguro que puedo pagar lentamente… en dos o tres años”.

El camarógrafo afgano le preguntó: “¿No son niños?”. “No importa. Estas cosas pasan aquí. Incluso un hombre viejo se casa con una niña jóvenes. Esto ocurre”.

Najmuddin es víctima de la misma sequía que ha destruido mundos en todo el oeste de Afganistán, que alguna vez fue la canasta de los azotados por la guerra en este país.

“La cosecha de trigo falló, no podemos sembrar melones, los demás cultivos fallaron debido a la sequía. Perdimos nuestro ganado. Las ovejas, las vacas y cabras murieron de hambre porque no había alimentos para ellas”, dijo Najmuddin.

Este no es un caso asilado. Un hombre que se rehusó a dar su nombre al discutir la venta de su hija de 4 años dijo: “No tenía otra opción, no tenía dinero ni una fuente de ingresos. El hombre llegó aquí y me dio dos opciones: que le pagara su dinero y que le diera a mi hija. elegí la última”.

Esas decisiones llegan en un momento en que Afganistán se está recuperando de una serie de superlativos. Récord de influencia en el control o influencia del Talibán (45% según el inspector de Estados Unidos en la guerra), y récord de bajas civiles.