(CNN) - La catedral en la cima de una colina en Washington se llenó el miércoles con recuerdos de George H.W. Bush como un presidente modesto pero poderoso, un hombre cuya humildad característica fue desmentida por última vez con una ceremonia como solo son los funerales de Estado.

"Valoraba el carácter por encima del pedigrí y no era un cínico. Buscó lo bueno de todos, y generalmente lo encontró", dijo su hijo, el expresidente George W. Bush a 3.000 líderes políticos y familiares que se congregaron en la Catedral Nacional para despedirse.

"Para nosotros", dijo el joven Bush, "era casi perfecto".

El expresidente Bush "parecía fortalecerse a sí mismo con la ayuda de respiraciones profundas durante todo el servicio, antes de soltar un sollozo" (Alex Brandon – Pool/Getty Images).

Mientras los himnos cristianos resonaban a través de los arcos de piedra caliza de la catedral, cantados y tocados por orquestas y coros militares, parecía haber más risas que lágrimas en los bancos, un reflejo de una larga vida en compañía de buenos amigos y familiares.

Cada uno de sus elogios capturó los roles sucesivos que Bush desempeñó en su vida: piloto de aviación de la Segunda Guerra Mundial, estadista, amigo y padre.

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"Me mostró lo que significa ser un presidente que sirve con integridad, lidera con coraje y actúa enamorado de su corazón por los ciudadanos de nuestro país", dijo George W. Bush, describiendo a su padre como un hombre que prefería los filetes de carne y los martinis de vodka al brócoli, los botes de alta velocidad y el paracaidismo a su avanzada edad, y que vivió la vida en dos dinámicas: "Aceleración máxima y sueño".

Las lágrimas llegaron cuando Bush fue recordado como un hombre de familia que se dedicó a la gran camada que llenó las primeras filas del santuario. George W. Bush, quien como presidente a veces era propenso a llorar de vez en cuando, parecía fortalecerse a sí mismo con la ayuda de respiraciones profundas durante todo el servicio, antes de soltar un sollozo.

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"Era el mejor padre que un hijo o una hija pudiera tener", dijo, sus ojos brotaban y su cuerpo temblaba. Cuando concluyó, la congregación estalló en un aplauso sostenido.

Fue uno de los cinco comandantes en jefe de Estados Unidos en el evento; Jimmy Carter, Bill Clinton, Barack Obama asistieron junto con el presidente Donald Trump. Es la primera vez que los cinco hombres se reúnen cara a cara desde que Trump asumió el cargo.

Las amargas disputas entre Trump y sus antecesores han fracturado el tradicional club de presidentes. Hubo poco calor cuando Trump saludó solo a su antecesor directo, Obama, antes de tomar asiento y mirar directamente hacia adelante.

El expresidente Bush se sentó con su familia, dejando en esta ocasión a los expresidentes en una silla posterior (Alex Brandon – Pool/Getty Images)

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El Bush más joven, sentado con su familia en vez de compartir lugar con sus compañeros presidentes, pareció romper el malestar cuando le entregó un caramelo a Michelle Obama, el mismo gesto que le extendió en septiembre en el funeral del senador John McCain.

Aunque los homenajes entregados el miércoles se centraron en el fallecido presidente, los rasgos característicos de Trump –sentado con una cara profundamente seria en la primera fila– se prestaron para hacer una gran comparación.

"Aquellos que recorren el camino de la humildad en Washington no son molestados por el tráfico pesado", dijo el exsenador Alan Simpson.

"Para nosotros, el suyo fue el más brillante de los 1.000 puntos de luz", dijo George W. Bush, usando el mismo lema de campaña que Trump ridiculizó hace varios meses durante un discurso.

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Durante los últimos dos días, los estadounidenses, tanto poderosos como ordinarios, han pasado por delante del ataúd de Bush, cubierto con una bandera, en el Capitol Rotunda –el emblemático salón que reposa bajo la gran cúpula del Capitolio–, presentando sus respetos a un hombre que supervisó el final de la Guerra Fría, pero que sufrió la derrota después de un período.

El legado de George Bush padre en Panamá

George Bush será enterrado el jueves en su parcela familiar en la Universidad de Texas A&M, en College Station (Getty Images).

A las alabanzas que decían de "Hail to the Chief" (“Aclamen al jefe”), los restos del presidente fueron sacados del Capitolio y transportados por carrozas a lo largo de las calles llenas de espectadores que soportaban el frío. Pasó por una ciudad en su mayoría cerrada, donde llegó primero como congresista y luego se desempeñó como embajador de las Naciones Unidas, director de la CIA, vicepresidente y, finalmente, como comandante en jefe.

"Era nuestro escudo en la hora del peligro", dijo Jon Meacham, el historiador presidencial, en su elogio. "Un hombre imperfecto, nos dejó una unión más perfecta".

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Al igual que todos los presidentes, Bush supervisó los planes para su propio funeral, que comenzó hace años, actualizando los detalles a medida que pasaba el tiempo para que la ceremonia reflejara sus prioridades. Las lecturas vinieron de tres nietas.

A diferencia de algunos de sus predecesores, Bush dijo a los asesores que no quería que su ceremonia se prolongara sin cesar, teniendo en cuenta el tiempo de los asistentes. Se limitó a noventa minutos, aunque estos eventos generalmente se extienden más allá del intervalo asignado.

"Me dijo que solo tenía 10 minutos. Fue muy directo al respecto. Ni siquiera fue gracioso", dijo Simpson, cuyo elogio proporcionó una buena dosis de alivio cómico.

En la multitud se sentó el rey de Jordania, el príncipe de Gales, la canciller de Alemania y el presidente de Polonia, un reflejo de una política exterior aclamada como medida y basada en los valores estadounidenses fundamentales.

"Déjenme decirles: cuando George Herbert Walker Bush era presidente de Estados Unidos, todos los jefes de gobierno del mundo sabían que estaban tratando con un caballero, un verdadero líder, uno que era distinguido, resuelto y valiente", dijo el exprimer ministro canadiense Brian Mulroney.

Después de que el tenor irlandés Ronan Tynan cantara el último himno, "Last full measure of devotion", el ataúd de Bush volvió a salir por el pasillo de mármol, y finalmente regresó a su ciudad adoptiva de Houston en el avión militar, conocido como Air Force One cuando hay un presidente en funciones a bordo.

Será enterrado el jueves en su parcela familiar en la Universidad de Texas A&M, en College Station.