Nota del editor: Mark Lowcock es el subsecretario general de asuntos humanitarios y coordinador de ayuda de emergencia de las Naciones Unidas. Viajó a Yemen del 28 de noviembre al 1 de diciembre. Síguelo en Twitter. Las opiniones expresadas en este comentario son exclusivas de él. Ver más artículos de opinión en la CNN.

(CNN) - La semana pasada, en Yemen, incluso un veterano de 30 años de crisis humanitarias como yo no podía evitar sorprenderse. Millones de vidas están en riesgo. Pero no es demasiado tarde para salvar a Yemen. Perder la oportunidad de hacerlo sería una gran falla moral.

Hace cuatro años, Yemen era un país frágil en el que millones de personas luchaban por sobrevivir. Muchos dependían de ayuda externa. Pero había una economía en funcionamiento, la infraestructura se extendía por todo el país y la gente recibía servicios básicos de su gobierno. Todo esto ha sido destruido y ha llevado a Yemen al borde del abismo.

La guerra ha diezmado la economía. Los ingresos nacionales son la mitad de lo que eran al comienzo de la guerra. Los ataques a embarcaciones pesqueras, la destrucción de tierras de cultivo y el bombardeo de fábricas han destruido la producción. Naciones Unidas y sus socios en Yemen estiman que se han perdido más de 600.000 puestos de trabajo. La principal fuente de ingresos del gobierno, los ingresos del petróleo, han bajado un 85%. A más de un millón de docentes, trabajadores de la salud y pensionados apenas se les ha pagado durante años. Millones de familias no tienen el dinero que necesitan para comprar alimentos suficientes para sobrevivir.

Los ataques aéreos y las peleas en tierra, incluidos los disparos de artillería, han matado o han causado heridas a decenas de miles de civiles y han desplazado a más de 3 millones más. Antes de la guerra, Yemen importaba casi todos sus alimentos, combustible y medicinas. Hay más de 30 líneas frontales activas en todo el país. Las restricciones impuestas por los beligerantes son la asfixia de los puertos, las carreteras y la infraestructura esencial mediante la cual la ayuda llega a las personas.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU, cuyo jefe, David Beasley, visitó Yemen unos días antes, estima que casi 12 millones de personas están al borde del hambre.

Las hambrunas son raras en el mundo moderno. Los casos recientes, como Somalia en 2011, se vieron agravados por la sequía, y el regreso de las lluvias brindó un respiro. La crisis de Yemen es completamente artificial. La madre naturaleza no lo resolverá. Pero podemos evitar el Apocalipsis que se avecina si tomamos medidas ahora. Este es el plan de cinco puntos de la ONU.

Primero, necesitamos un alto el fuego inmediato para proteger tanto a las personas como la infraestructura esencial sin la cual se garantiza una gran hambruna. Aterrizar los aviones de guerra y silenciar las armas. La ONU y otros han estado pidiendo esto durante años. Esos llamados, ahora, se deben tener en cuenta.

En algunas de las zonas más controvertidas, como el puerto de Hodeida, la ONU ha ofrecido un papel más importante para ayudar a garantizar que las instalaciones clave se utilicen únicamente para actividades civiles legítimas.

En segundo lugar, el plan de respuesta humanitaria de las Naciones Unidas para 2019 debe ser financiado en su totalidad. En estos momentos, las agencias de las Naciones Unidas y las ONG con las que trabajamos, atendidas por miles de profesionales y personas dedicadas, que ayudan a otros yemeníes, ayudan a 8 millones de personas cada mes con ayuda alimentaria, acceso a agua potable y atención médica.

El año próximo, nuestro objetivo es llegar a 15 millones de personas, la mitad de la población total, incluidos todos aquellos que no tienen otros medios de apoyo y que no pueden sobrevivir sin nuestra ayuda. Necesitamos 4.000 millones de dólares en 2019. Puede parecer mucho. Pero equivale a mantener la vida de una persona hambrienta por unos 50 centavos por día. El 26 de febrero, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, convocará una conferencia de alto nivel en Ginebra para buscar la confirmación de las promesas financieras de los donantes.

En tercer lugar, se necesitan medidas urgentes y permanentes para estabilizar la economía. La manera más inmediata de hacerlo es proporcionar fondos extranjeros a través del Banco Central de Yemen para permitir el pago de sueldos a maestros, trabajadores de la salud y otros servidores públicos y para pagar las pensiones. El Reino de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos han dado importantes pasos en los últimos dos meses para facilitar esto.

Pero lo que se necesita es una inyección mensual de recursos previsible, constante y continua, y la cooperación de todas las partes en Yemen para permitir que el dinero llegue a quienes lo necesitan.

En cuarto lugar, es necesario comenzar a trabajar en la recuperación y la reconstrucción, incluidas las instituciones estatales clave. Reconstruir caminos, puentes y sistemas de agua. Sustituir las grúas dañadas de Hodeida. Reparar las aulas. Hacer que los pescadores vuelvan al mar. Ayudar a los agricultores a plantar. Inviertir para proporcionar electricidad a más personas.

Y en quinto lugar, las partes que asisten a las conversaciones que se celebrarán en Suecia —convocada por Martin Griffiths, enviado especial de la ONU para Yemen— deben permanecer hasta que acuerden las primeras acciones significativas hacia la paz.

Reconstruir la maltrecha economía y crear empleos y medios de subsistencia hasta el punto de que Yemen pueda sostenerse por sí mismo será el trabajo de décadas. Pero reconstruir la sociedad fracturada de Yemen y superar la ira y los agravios que la guerra ha amplificado llevará generaciones. Nada de esto mejorará hasta que deje de empeorar. Mejor continuar con esto antes de que sea demasiado tarde.

La crisis de Yemen es completamente artificial. La madre naturaleza no lo resolverá. Pero podemos evitar el Apocalipsis que se avecina si tomamos medidas ahora

Mark Lowcock