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Por qué Jair Bolsonaro tiene a ambientalistas preocupados por el destino de la Amazonía

Por Mark Tutton

(CNN) — La selva amazónica es una maravilla ecológica. Sus vías fluviales y su superficie proporcionan un rico ecosistema para una décima parte de todas las especies del mundo y ayudan a regular la temperatura de todo el planeta. Pero la elección del político de extrema derecha Jair Bolsonaro como nuevo presidente de Brasil tiene a muchos preocupados por su futuro.

La mayor parte de la selva amazónica se encuentra en Brasil y el 20% de ella se ha perdido debido a la deforestación desde la década de 1970, un área más grande que Francia.

Cuando se talan los árboles, el carbono almacenado en su interior se libera a la atmósfera. El bosque restante también absorbe menos dióxido de carbono. Eso significa que la salud de la Amazonía tiene un efecto directo en el calentamiento global.

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Amenazas existentes

El bosque amazónico se está reduciendo para dar paso a actividades como la ganadería, el cultivo de soja, la minería, represas hidroeléctricas y nuevas autopistas.

La deforestación cayó dramáticamente entre 2004 y 2012, pero en los últimos años ha ido en aumento, y el poderoso lobby agrícola en el Congreso brasileño está presionando por un mayor desarrollo del bosque. Apoyó a Bolsonaro durante su campaña electoral.

Un incendio quema árboles junto a las tierras de pastoreo en la cuenca del Amazonas el 22 de noviembre en Ze Doca, Brasil, 2014. Los incendios a menudo se propician para despejar el bosque para las tierras de pastoreo.

Tierras indigenas

El Ministerio de Agricultura de Brasil está fuertemente influenciado por el lobby agrícola. Poco después de asumir el cargo esta semana, Bolsonaro firmó una orden ejecutiva que le otorga al ministerio la responsabilidad de certificar las tierras indígenas como territorios protegidos.

Cerca del 13% de Brasil está legalmente designado como tierra indígena, principalmente en la Amazonía. Esa tierra está reservada para los 900.000 indígenas del país (menos del 0,5% de la población). Los grupos indígenas dijeron que la orden del presidente conduciría a “un aumento de la deforestación y la violencia contra los indígenas”.

Jair Bolsonaro, actual presidente de Brasil, en una imagen tomada este 4 de enero.

Bolsonaro, que se ganó el apodo de “El Trump de los trópicos”, defendió la decisión en Twitter y escribió que: “Menos de un millón de personas viven en estos lugares, aislados del verdadero Brasil, explotados y manipulados por las ONG. Juntos los integraremos los ciudadanos”.

Eliminar cualquier tierra indígena designada requeriría el apoyo del Congreso de Brasil, que ya considera una serie de proyectos de ley destinados a abrir las tierras indígenas a actividades como la minería.

¿Debilitamiento de la protección?

Bolsonaro ha cambiado de opinión sobre un compromiso de campaña para combinar los ministerios de Medio Ambiente y Agricultura, para el alivio de los ambientalistas.

Pero nombró a Tereza Cristina como su nueva ministra de Agricultura. Ella dirigió el lobby agrícola en el Congreso y dijo que Brasil debe poner fin a su “industria de multas” por infracciones ambientales, haciéndose eco de las críticas de Bolsonaro al Ministerio de Medio Ambiente durante su campaña.

“Las acusaciones infundadas vienen de todos lados, incluidas las organizaciones internacionales que se han establecido amistosamente en nuestro país”, dijo Cristina durante un evento en el Ministerio de Agricultura esta semana.

Tereza Cristina, nueva ministra de Agricultura de Brasil.

En diciembre, Bolsonaro nombró a Ricardo Salles como su ministro de medio ambiente. Días después, un juez en una acción civil encontró a Salles culpable de “impropiedad administrativa” mientras era secretario de Medio Ambiente del estado de Sao Paulo, en 2016. El juez encontró a Salles culpable de alterar mapas en un plan de protección ambiental para beneficiar a las empresas mineras.

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El juez ordenó a Salles que pague una multa sustancial y suspendió su derecho a presentarse a un cargo durante tres años. Salles dijo que apelaría la decisión y fue juramentado como ministro de Medio Ambiente esta semana.

“La gente de agronegocios cree que él (Salles) ayudará a reducir los obstáculos para las licencias ambientales y a reducir la protección”, dijo Beto Veríssimo, cofundador de Imazon, una ONG ambiental con sede en la Amazonía brasileña.

Ricardo Salles, nuevo ministro de Medio Ambiente de Brasil.

Cambio climático

En noviembre pasado, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil retiró su oferta de ser sede de la conferencia climática COP 25 de la ONU, la reunión encargada de hacer avanzar el Acuerdo de París, donde los países se comprometieron a limitar el calentamiento global, citando las “restricciones fiscales y presupuestarias” como la razón principal, informó Agencia Brasil.

El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo, calificó los esfuerzos para combatir el cambio climático como una toma de poder por la izquierda global en su blog titulado “Contra el globalismo”.

“Es una mala decisión no ser anfitrión de la reunión sobre el clima (COP 25)”, dijo Veríssimo, y agregó que muestra que el gobierno quiere evitar el escrutinio internacional sobre el cambio climático.

Grupos ambientales

Durante la campaña electoral, Bolsonaro dijo que quería “terminar con todo el activismo en Brasil”.
Eso ha preocupado a los grupos de derechos humanos en Brasil y más allá, y los grupos ambientalistas temen que su trabajo pueda ser mucho más difícil durante el gobierno de Bolsonaro.

“Si tomamos sus propuestas como candidato, no se ve bien para los derechos ambientales e indígenas o para las organizaciones”, dijo Tica Minami, coordinadora de campaña Amazonas para Greenpeace Brasil. “También nos preocupa la reducción del espacio democrático en Brasil”.

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Si a los ambientalistas les resulta más difícil operar, eso podría significar menos supervisión del desarrollo en el Amazonas. Y dada la importancia del bosque para combatir el calentamiento global, ello podría tener un impacto más allá de las fronteras del país.

Un estudio de la Universidad de Leeds estimó que desde 1980, el Amazonas ha absorbido aproximadamente 430 millones de toneladas de carbono por año, más de cuatro veces las emisiones anuales de carbono del Reino Unido.

“Él es responsable no solo de la economía brasileña, sino del clima de todo el planeta”, dijo Minami. “Es una responsabilidad que los brasileños y los ciudadanos globales deben exigirle”, aseveró.

Flora Charner contribuyó a esta historia.