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Donald Trump

Donald Trump

Puerto Rico no puede permitirse pagar por el muro de Trump

Por Cristian Arroyo

Nota del editor: Cristian Arroyo es un periodista puertorriqueño independiente y estudiante de la Facultad de Periodismo Craig Newmark de la Universidad de Nueva York. Ha sido productor y reportero para CNN y NBC News. Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor.

(CNN) — Desde que anunció su candidatura a la presidencia en junio de 2015, Donald Trump repitió su promesa de que México pagaría por el muro en la frontera sur de EE.UU. Pero el presidente se dio cuenta de que su plan no funcionaría. Ahora le han informado de un plan alternativo para desviar miles de millones de dólares, asignados a la asistencia en caso de desastre en Puerto Rico, Texas y otros lugares, para pagar por la valla.

Si bien no sabemos todavía si Trump considera seriamente esta propuesta, se ha enfrentado ya a las críticas, y no solo por parte de los demócratas. El viernes pasado, el senador republicano por Texas John Cornyn dijo que se “opondrá a cualquier reprogramación de los fondos del desastre causado por Harvey”.

Y en Puerto Rico, el gobernador Ricardo Rosselló tuiteó: “Ningún muro debería financiarse con el dolor y el sufrimiento de los ciudadanos de Puerto Rico que han soportado la tragedia y la pérdida causadas por un desastre natural”.

Solo pensar en la construcción del muro a expensas de las víctimas del huracán es absurdo. La crisis en la frontera es totalmente fabricada por el gobierno de Trump, mientras que el asunto de la asistencia por el huracán sigue siendo real e imperativo.

Cristian Arroyo

¿Cómo lo sé? Soy puertorriqueño y pasé por ambos huracanes, Irma y María. Luego reporté sobre los dos durante casi un año para CNN Investigates. Lo que quiere decir, reconozco una crisis cuando la veo, y fui testigo de al menos dos en 2017.

En lugar de examinar la respuesta de su gobierno a María, Trump la llamó “un éxito no celebrado”. Para él, el caos en Puerto Rico no fue siquiera “una catástrofe real como Katrina”.

Sin embargo, María destruyó unas 90.000 viviendas y dejó a más de 1 millón de nosotros a oscuras, sin agua corriente e incomunicados. Varios estudios han indicado que murieron unas 3.000 personas debido al huracán y sus consecuencias.

Asimismo, según a la Oficina del Censo de EE.UU., 530.000 puertorriqueños se han ido de la isla desde 2010 por la crisis económica. Unos 130.000 de ellos lo hicieron después de las tormentas en septiembre de 2017, yo incluido. Y el gobierno local, que lleva la carga de una deuda de US$ 73.000 millones, estimó en agosto que la recuperación total de ambos desastres costaría US$ 139.000 millones.

¿En qué sentido esto no es una crisis, señor presidente?

Le sugeriría a Trump que hable con mi familia, o con algunas de las personas que conocí durante la cobertura del desastre en la isla y les diga sin inmutarse que no hay crisis en Puerto Rico y que ese territorio estadounidense no es merecedor de los US$ 2.500 millones asignados por el Congreso el año pasado para los proyectos de reconstrucción.

La Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico (PREPA), que está encaminada a la privatización, sigue en crisis. Su infraestructura quedó destrozada por el efecto de los vientos de hasta 265 km/h y luego fue emparchada –no correctamente reparada– en poco más de un año. La lenta e ineficaz respuesta de los gobiernos locales y federales provocó la muerte de personas inocentes.

El sistema sigue siendo frágil con postes y líneas eléctricas retorcidas en toda la isla que todavía esperan por reparación. Un recorrido por la zona norte de la isla es suficiente para notar que la infraestructura continúa en un estado delicado. Y a raíz de esto, la ansiedad del pueblo puertorriqueño es palpable.

Hasta a mi abuelo, de 81 años, le preocuparía vivir siete meses sin electricidad otra vez. “Dios no lo quiera”, dice. Pero soy afortunado de tenerlo todavía.

Conocí a mi colega John Sutter y con él entrevistamos a algunas personas extraordinarias que perdieron a familiares.

Pilar Guzmán Ríos, por ejemplo, fue una de las víctimas. Era una alegre mujer de la ciudad de Corozal que necesitaba una máquina CPAP por su condición de apnea del sueño y algo de hielo para mantener su insulina a la temperatura adecuada. Una máquina CPAP aumenta la presión del aire en las vías respiratorias de quienes sufren de apnea para ayudarlos a respirar mientras duermen.

Cuando los familiares de Ríos hallaron su cuerpo sin vida, pidieron una ambulancia que nunca vino. La combinación de falta de electricidad, ausencia de comunicaciones y vías intransitables imposibilitó conseguir ayuda. Murió nueve días después de la tormenta. “Hasta los gatos rezaron por Pilar”, dijo un familiar afligido.

Natalio “Pepito” Rodríguez Lebron, un abuelo cariñoso, murió en los brazos de su esposa cuatro meses después de la tormenta cuando un generador que alimentaba su máquina CPAP se averió a mitad de la noche. Seis meses después de María, la ciudad de Maunabo – donde vivía Lebron – funcionaba solamente con generadores provistos por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU., una de las agencias a las cuales fue asignado el fondo de ayuda de desastres.

La desviación de una porción de este fondo tendría consecuencias catastróficas si otro huracán como María llegara a golpear la isla. Trump estaba preparado para aceptar la responsabilidad por el cierre parcial del gobierno. Me pregunto si él estaría dispuesto a asumir la responsabilidad si otro huracán devastador asolará Puerto Rico después de que él haya redistribuido los fondos de ayuda para construir su muro. ¿O sería de alguna forma culpa de los demócratas?

Al hablar de una crisis, señor presidente, recuerde a Pilar, a Pepito y a mi abuelo. Recuerde a Puerto Rico. Esta es una verdadera crisis que afecta a personas reales.