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Papa Francisco

Los papas en Panamá: ¿por qué Francisco visita el istmo?

Por José Levy

(CNN Español) — Era el mes de marzo de 1983 cuando un relativamente joven Juan Pablo II emocionaba al mundo y muy especialmente a los panameños cuando, lejos de cualquier protocolo, no dudaba en arrodillarse y besar el asfalto del Aeropuerto Internacional de Panamá.

Era un momento altamente simbólico para él y para la Iglesia. El máximo representante del catolicismo sobre la faz de este planeta llegaba al lugar de tierra firme donde España comenzó casi cinco siglos antes la evangelización del continente americano: la primera diócesis no insular, la de Santa Maria la Antigua, fue fundada en territorios hoy panameños, en 1513.

La visita del hoy San Juan Pablo II era en el marco de una gira por ocho países de la zona y que lo llevó también, en ocho días, a Costa Rica, Nicaragua, Guatemala, El Salvador, Honduras Belice y Haití.

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En Panamá estuvo entonces solo unas diez horas pero suficientes para mantener un estricto protocolo en la realidad entonces del país y encontrarse tanto con el presidente Ricardo de la Espriella, como con el hombre fuerte, el general Rubén Dario Paredes.

Y si hoy muchos se preguntan por qué Francisco no adopta posturas más firmes en lo que la Iglesia debe o no pronunciarse sobre países como Venezuela o Nicaragua, entonces el hoy considerado “revolucionario” Karol Wojtila dijo “no vengo con las soluciones técnicas o materiales que no están en manos de la Iglesia. Traigo la cercanía, la simpatía, la voz de esa Iglesia que es solidaria con la justa y noble causa de vuestra dignidad humana y de hijos de Dios”.

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El así llamado papa viajero regresó en años posteriores a Centroamérica, concretamente a Guatemala, Nicaragua y El Salvador, pero no a Panamá.

Y fue precisamente Francisco quien decidió regresar a Panamá para celebrar en este país las emblemáticas Jornadas Mundiales de la Juventud.

Una decisión que vuelve a mostrar una constante de los viajes de este papa. No necesariamente los países mas poderosos o geográficamente más extendidos son los que logran centrar su atención. Aquí hablamos de un país puente no solo de océanos sino de continentes, culturas, y religiones que en muchos aspectos se le puede ver como corazón de las Américas. 

Un país admirable donde el entusiasmo de los jóvenes, y también de los menos jóvenes, por este evento es realmente contagioso. El marco de este encuentro global, festivo y religioso, con el papa, es espectacular. Enhorabuena Panamá.