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Celebridades

Perdida en el bosque con el fantasma de James Brown: La cantante de circo y el rey del soul

Por Thomas Lake

Ella dice que James Brown la violó. También dice que a él alguien lo asesinó. Y otros comparten las sospechas de Jacque Hollander. Doce años después de la muerte de Brown, cerca de una docena de personas que lo conocieron reclaman una autopsia o una investigación criminal.

Hace dos años, recibí una llamada de una mujer que cantaba en un circo. Me dijo que podía probar que James Brown había sido asesinado. La conocí un día caluroso cerca de Chicago, donde se levantaba la gran carpa y los elefantes masticaban alfalfa. La cantante se llamaba Jacquelyn Hollander. Tenía 61 años. Vivía en una casa rodante con dos gatos y un chihuahua llamado Pickles. Su pelo era largo y rubio, y llevaba un paquete de Marlboro. Dijo que no estaba loca, que no mentía, y que esperaba que yo escribiera su historia, porque podría salvar su vida.

O que tal vez eso haría que la mataran. Esa era también una posibilidad, dijo. Porque a la gente que había entrado en conflicto con la organización de James Brown le pasaban cosas malas. “Estoy segura de que sabes que Adrienne Brown era una buena amiga mía”, dijo, refiriéndose a la tercera esposa de James Brown. “Esa es una historia muy larga. No hay duda de que fue asesinada”.

Subimos a mi auto y fuimos a almorzar a Panera. La historia de Jacque se expandió, se profundizó, se hizo cada vez más extraña. Nuevos personajes aparecieron y desaparecieron, sufriendo una calamidad tras otra. Algunos murieron tiroteados. Otros, mutilados o en choques de vehículos. También, aparentemente de causas naturales, aunque Jacque pensaba que fueron envenenados. Ella tenía interrogantes sobre la muerte de al menos nueve personas, todas ellas de alguna manera relacionadas con el rey del soul.

Quería saber cómo una mujer en el circo Carson & Barnes se había convertido en una autoridad en la historia secreta de James Brown. Trató de explicarme. La historia tuvo muchos giros y vueltas, pero seguía remitiéndose al día de 1988 en que ella entró en la furgoneta de James Brown e hicieron un viaje al bosque.

“Algo me pasó aquella noche”, dijo. “Y la chica que se metió en ese bosque nunca regresó”.

Jacque estaba perdida, y yo también. La historia divagaba a través de su conciencia, y me arrastraba hacia ella en círculos irregulares. “Sé que te resulta difícil entender esto”, dijo. Había espías que se hacían pasar por agentes federales. Incendios sospechosos y libros engañosos. También una mujer llamada Peaches que decía que la cripta de James Brown estaba vacía.
Regresamos al campamento del circo. Jacque encendió un cigarrillo y me presentó a un hombre al que llamó “el mejor receptor de trapecios del mundo”. Conocí a otro hombre que operaba un artilugio llamado la rueda de la muerte. Conocí a sus queridas amigas Lisa, Becky y Tracy, todos elefantes. Caminamos hasta su casa rodante. Abrió un compartimiento de almacenamiento debajo del vehículo y sacó un contenedor de plástico verde.

Jacque Hollander en 2018. (Crédito: Melissa Golden/Redux para CNN)

“¿Cuán fuerte eres?”, me preguntó.

Llevé el contenedor a la casa rodante. Parecía ponerla nerviosa, lo que a su vez me ponía nervioso a mí. No se suponía que ella debiera tener esto, dijo. Jacque había adquirido esos papeles a principios de 2016 durante una extraña secuencia de eventos que la llevaron a creer que había resuelto el misterio de la muerte de James Brown. Pensó que el contenedor de plástico verde era una evidencia. Ella dijo que alguien le dijo que lo tirara a un lago.

Jacque y yo estábamos ahora dentro de su casa rodante con el contenedor de plástico verde que no había arrojado a un lago. Jacque me dijo que me pusiera guantes de goma y lo examinara. Lo hice. Al estudiar esta colección de objetos, traté de entender cómo se relacionaban con el rey del soul. Ella trató de explicar. Escuché atentamente, lo que me desorientó aún más.

El médico que trató a Brown antes de su muerte, me contó, le dijo que Brown habría sido dado de alta del hospital al día siguiente si no hubiera tenido un giro repentino e inexplicable para ponerse peor. Uno de los amigos de Brown, dijo Jacque, estaba tan convencido de que hubo un crimen que sacó un frasco de la sangre de Brown de la habitación del hospital tras su muerte. Ella dijo que el amigo esperaba que eso probara que Brown había sido asesinado.

“Oh, por dios”, dije con un profundo suspiro.

“¿Crees que estoy loca ahora?”, dijo.

“No”, dije. “Esto es lo que pienso, es que es esto…”

Pero nunca terminé la idea, porque ella me interrumpía otra vez, y la historia corría como un arroyo en el bosque después de una fuerte lluvia de primavera.

Jacques y su chihuahua, Pickles, de gira con el Circo Carson & Barnes. (Crédito: Melissa Golden/Redux)

Era el 1 de junio de 2017. James Brown, uno de los hombres más famosos de la historia, llevaba muerto 10 años. Yo estaba empezando a pensar que su historia aún no había sido contada. Y que tal vez todavía estaba en desarrollo.

“No está muerto”, dijo Jacque. “Incluso muerto, en aquella cripta de cemento, mira el poder que tiene su nombre… Bien podría estar vivo. ¿Cuál es la diferencia? Este es el imperio que él manejaba cuando estaba vivo… Ellos lo manejan de la misma manera. Mafia, control, miedo, intimidación, mentiras. ¿Cuál es la diferencia? Él sigue vivo, al menos en lo que me concierne”.

En el periodismo, y en la vida, conocerás a cierto tipo de persona. Esta persona cuenta una historia que involucra un agravio o una necesidad no satisfecha. Esta persona puede estar herida o ser indigente. Esta persona puede fumar demasiados cigarrillos. En cualquier caso, cuenta la historia a cualquiera que la escuche: en la iglesia, en la policía, en una llamada telefónica transferida desde la centralita de la sala de redacción. Has escuchado esta historia antes. Crees que podría ser una exageración. Pero esto es lo que realmente te asusta: también puede ser cierto. Porque si es verdad, es posible que tengas que hacer algo.

Si la historia de Jacque Hollander es cierta, conlleva algunas exigencias extraordinarias. Requiere que las autoridades inicien al menos dos investigaciones de muerte. Tendrían que sacar el cuerpo de James Brown de la cripta y someterlo a una autopsia. Nos obliga a todos a reconsiderar el legado de Brown: verlo no solo como un artista pionero, sino como un hombre cuyas últimas dos décadas estuvieron llenas de horribles secretos.

De los miles de personas que he entrevistado en mi carrera de 18 años, Jacque Hollander se destaca. Sus historias pueden divagar, una interrumpiendo otra, y otra después de esa. Pero ella presenta cada escena con un detalle notable. Tienen la fuerza de la experiencia vivida, del miedo y la tristeza y la indignación ganada con tanto esfuerzo. En cuanto a la documentación, es prácticamente una acaparadora. Tiene más de una docena de cajas de papeles, fotografías, cintas de audio, cintas de video y otros artefactos relevantes. Una vez me mostró una cinta VHS de 1988 que mostraba a un policía escribiéndole una nota en una función de caridad, y luego me entregó la nota, desgastada y descolorida pero aún intacta.

Jacque guarda una gran cantidad de archivos sobre su historia con James Brown. (Crédito: Melissa Golden/Redux)

“Cuando te enfrentas a la persona más poderosa del mundo, debes documentarlo, investigarte a ti misma y es mejor que pruebes todo lo que dices”, me dijo aquel primer día de junio. “Porque nadie te va a creer a menos que puedas demostrarlo”.

Algunas personas encuentran las historias de Jacque imposibles de creer. Varios de los que la han conocido me dijeron que creen que ella exagera o alucina. La misma Jacque me dijo que un amigo cercano intentó internarla.

Pero al menos tres investigadores capacitados han examinado de cerca sus afirmaciones y han llegado a la conclusión opuesta. Larry Largent y Mark Polkosnik, dos terapeutas, expolicías, me dijeron que habían pasado muchas horas asesorando a Jacque por su trauma mental y emocional y que habían determinado que no estaba loca ni mintiendo, no sobre James Brown, o sobre cualquier otra cosa.

Danny Porter, fiscal de distrito del condado Gwinnett, Georgia, desde 1992, dijo que Jacque le había proporcionado información sólida que ayudó a resolver un caso de asesinato no relacionado con James Brown. Dijo que la considera una fuente confiable.

“Conociéndola, y con lo que me cuenta sobre la organización James Brown, no puedo decir que no sea verdad”, me dijo Porter. “Porque mucho de lo que ha dicho ha resultado ser cierto a través de los años”.

Elementos de la colección de Jacque. De arriba a abajo: un video de Adrienne Brown; ropa interior que ella cree que está conectada con los últimos días de James Brown; un zapato negro que ella también cree que está conectado con Brown y casetes de la década de los 80 y 90. (Crédito: Melissa Golden/Redux)

Pasé cerca de dos años verificando la historia de Jacque. Viajé por nueve estados, leí decenas de miles de páginas de reportes policiales y judiciales, entrevisté a cerca de 140 personas, entrevisté a Jacque por cientos de horas, recorrí las profundidades de sus tres depósitos buscando registros de hace más de 30 años, analicé 1.300 páginas de mensajes de texto de su iPhone y envié un ítem de su contenedor verde de plástico para que fuera evaluado en un laboratorio forense.

Al examinar las muertes de Adrienne Brown y James Brown, también descubrí muchas cosas que Jacque no sabía cuándo me llamó.

Al menos otras tres personas creen que la muerte de Adrienne Brown no fue por una sobredosis accidental, a pesar de que las autoridades dijeron en 1996.

Hay interrogantes legítimos sobre la muerte de James Brown que solo pueden ser respondidos mediante una autopsia y una investigación criminal.

Y hay un patrón perturbador de similitudes entre la muerte de Adrienne Brown y la de James Brown 11 años después.

Encontré al médico con quien Jacque afirmó haber hablado, aquel que trató a James Brown antes de su muerte en un hospital de Atlanta. Para mi sorpresa, accedió a una entrevista. Me dijo que dudaba que Brown hubiera muerto por causas naturales. Y que había sospechado que murió de una sobredosis, accidental o no. Dijo que siempre había querido una autopsia.

El doctor Marvin Crawford en su iglesia en Georgia en 2017. (Crédito: Melissa Golden/Redux)

El médico es una de las 11 personas relacionadas con Brown que me dijeron que se debía investigar su muerte. Ese número no incluye a la hija de Brown, LaRhonda Pettit, ni a su yerno Darren Lumar, quienes alegaron que Brown había sido asesinado. Los dos murieron antes de que empezara a contar esta historia.

Además del médico, encontré a Andre Moses White, el viejo amigo de Brown que le ayudó a ingresar al hospital en diciembre de 2006. Sí, me dijo White, él extrajo una ampolleta de sangre de su amigo de un tubo intravenoso poco después de que muriera. Y aún espera que esto ayude a las autoridades a descubrir si James Brown fue asesinado.

Lumar fue asesinado en Atlanta en 2008, un año después de haber hecho su alegación en las noticias de la televisión local. Su asesinato sigue sin resolverse.

Además del escéptico médico y la ampolleta de sangre, encontré más de una docena de otras preguntas sin resolver con respecto a los últimos días de Brown, su muerte y los peculiares eventos que siguieron. Voy a incluir esas preguntas en la tercera parte de esta serie. Pero primero tenemos que hablar sobre la cantante de circo y el tortuoso camino de 30 años que la llevó a adquirir el misterioso contenedor plástico.

Es fácil perderse en esta historia, enredarse con los personajes y las tramas. La mejor manera de entenderlo es comenzar desde el principio, unos tres años antes de que Jacque se fuera al bosque.


 

Alrededor de 1985, Jacque se despertó en la noche con una idea descabellada.

Escribiría y grabaría una canción para celebrar a su ciudad natal, Atlanta, y a su equipo de fútbol americano, los Falcons. Lo haría con ayuda de su esposo, Dean Daughtry, tecladista de Atlanta Rhythm Section, la popular banda de rock sureño. Se encargaría de los arreglos para que los ingresos beneficiaran a la Sociedad de Leucemia de Estados Unidos. También habría de persuadir a varios jugadores de los Falcons para que hicieran los coros. Y reclutaría como cantante a Ronnie Milsap, estrella de la música country.

El disco que cambió la vida de Jacque. (Crédito: Melissa Golden/Redux)

Jacque tenía 30 años. Escribía canciones para ganarse la vida, y en su tiempo libre recaudaba dinero para ayudar a los niños enfermos. En palabras del saxofonista local Jonny Hibbert, ella era a la “reina de la fiesta” y “madre” de la escena musical de Atlanta. Si un músico borracho o drogado necesitaba ayuda (un sofá para dormir, un viaje al centro de rehabilitación), Jacque era la persona a quien recurrir. Siempre había tratado de ayudar a las criaturas vulnerables. Cuando era niña, tomó un cangrejo herido de la playa y lo colocó en una cama de muñecas.

Jacque era una mujer hermosa con un entusiasmo contagioso. Para su canción “Atlanta Will Be Rockin”, obtuvo casi todo lo que quería. Hubo solo una complicación: los Falcons no querían que Ronnie Milsap fuera la voz principal. Querían a James Brown. Jacque llamó al abogado de Brown. Su nombre era Buddy Dallas.

“Le informé que no tenía ninguna influencia sobre las canciones que el señor Brown graba, pero que, si me enviaba una fotografía y una grabación de la canción, se lo presentaría, y que, si le interesaba, el señor Brown se contactaría con ella directamente”, escribió Dallas más tarde en una declaración jurada relacionada con la batalla por la herencia de Brown.

Jacque había enviado muchos demos antes. Esta era la primera vez que alguien le pedía una foto. Ella envió el demo y la foto. Y el señor Brown estaba interesado.

Acordaron una sesión de grabación en Augusta, Georgia. Brown llevaba varias horas de retraso. Sus músicos estaban crecientemente inquietos. Cuando Jacque trajo la cena, los hombres parecían tener miedo de comer. Ella preguntó por qué. Dijeron que el rey vendría, tarde o temprano. Y si no estaban en posición con sus instrumentos, podrían ser multados o incluso despedidos.

Uno de los socios de Brown estableció las reglas para todos en el estudio.

“Teníamos que llamarlo señor Brown”, me dijo el coproductor Greg Archilla. “No puedes llamarlo ‘James’, ‘Hey hombre’ o cualquier otra cosa… Si no lo llamábamos Sr. Brown, se iba”.

Jacque y James Brown en un estudio. (Crédito: Jacque Hollander)

Jacque dice que Buddy Dallas pidió disculpas por la tardanza de su cliente. Un sureño con caquis y mocasines, Dallas parecía realmente apenado y genuinamente amable. Decía ser un pequeño abogado rural. Llamó a Brown y le pidió que por favor se apurara. Jacque salió a fumar un cigarrillo. Y la larga limusina negra se detuvo. Brown salió con su séquito y se metió en el estudio. Sus músicos estaban súbitamente atentos.

Jacque me hizo escuchar una cinta de audio de esta sesión de grabación. Cuando Brown dijo la palabra Falcons, sonaba como Fackums. Jacque estaba con sus auriculares, repitiendo la pronunciación correcta, pero era James Brown, e hizo las cosas a su manera. Gritó e improvisó y dijo: “¡Levántate!”

“¿Vas a cantar la letra?”, le preguntó ella.

“Lo haré por ti”, dijo.

Él bromeaba hábilmente con el equipo del estudio, que incluía a Dave Pensado, el amigo de Jacque que luego llegaría a ser uno de los ingenieros de mezcla más destacados del mundo. Hablaban sobre fútbol americano, ​​sobre tachas y hombreras, sobre la manera en que Brown adoptaba las costumbres de la gente a la que entretenía. Cuando estaba Los Ángeles, era un fanático de los Dodgers. Se veía a sí mismo como una figura paterna para Walter Payton, el famoso running back de los Chicago Bears. Este proyecto lo identificaría públicamente como un simpatizante de los Falcons, y eso parecía ponerle nervioso.

“Me puso en una muy mala posición, señor Dallas”, dijo Brown en la cinta. “Una muy mala posición”.

La sesión se prolongó. Brown seguía improvisando. Jacque dice que él dio un giro y se cayó al suelo, envuelto en cables de auriculares. Jacque lo desató, y atenuó su paciencia.

El intercambio que tuvieron a continuación no está en la cinta, pero Jacque lo recuerda de esta manera: Brown preguntó en voz alta quién había escrito la canción, y ella le recordó indignada que ella lo había hecho, y quería saber qué estaba mal con eso. Nada, dijo, y nunca dejes que nadie te diga lo contrario.

James Brown era un hombre complicado, capaz de mostrar crueldad o amabilidad en las medidas que consideraba apropiadas. Jacque sacó un viejo trozo de papel de su bolsillo.

El cuento del papel se remonta a aproximadamente 1968, cuando Jacque era una niña con cáncer intestinal, el día en que su padre la llevó al aeropuerto de Atlanta para ver como aterrizaban los aviones. Ese día vio a un hombre vestido con pieles, y por alguna razón pensó que era Papá Noel.

Ese no es Papá Noel, dijo su padre. Ese es James Brown, el rey del soul.

James Brown en el Madison Square Garden en Nueva York, 1969. (Crédito: Walter Ioos/Getty Images)

Brown tenía unos 35 años, y estaba cerca del apogeo de la fama y el poder. Jacque tenía unos 13 años. Brown saludó, se arrodilló y le preguntó a Jacque qué sería ella si pudiera elegir.

Una compositora, dijo Jacque, pero estoy enferma y no creo que vaya a mejorar.

Brown le dijo que se pondría bien y que escribiría una canción. Le pidió a su padre una pluma y un trozo de papel, que su padre le dio, y escribió algo así como: Tráeme la canción.

Jacque nunca había tenido la intención de escribir una canción para James Brown. Ella sabía muy poco de su música. Pero sus caminos seguían entrecruzándose. Ahora, en el estudio de Augusta, Jacque le mostró la nota y le contó la historia. Ella dice que Brown lo recordó, y de sus ojos brotaron lágrimas.


En el transcurso de los dos próximos años, Jacque y Brown se hicieron buenos amigos. Grabaron otra canción juntos. Cantaron en el medio tiempo de un juego de los Falcons. Visitaron niños en hospitales y recaudaron dinero para caridad. Jacque se convirtió en parte del “círculo íntimo” de Brown, actuando como su “conciencia social”, como Buddy Dallas escribiría más tarde en la declaración jurada para la batalla judicial sobre la herencia de Brown. Dallas trató a Jacque como a una hija perdida hacía mucho tiempo. Ella le hacía recordar a un pastor bautista. Él seguía llamándose un pequeño abogado rural.

Pero un día que viajaban juntos, Dallas le dijo que necesitaba pasar por su casa, que a Jacque le pareció directamente salida de “Lo que el viento se llevó”, una mansión con caballos afuera y una doncella que le preguntó qué quería comer. Estaba asombrada. Con Buddy Dallas y James Brown, la verdad tenía muchas capas.

Desde el principio, dice Jacque, Buddy le advirtió sobre Adrienne, la esposa de Brown. Era celosa, recuerda que le dijo. Era controladora. Está loca. Se droga. Jacque escuchó porque Buddy le caía bien y lo respetaba, pero esta descripción no coincidía con su propia experiencia.

Cuando Jacque conoció a Adrienne, sintió que eran almas gemelas. Hablaban como viejas amigas y se reían como escolares. Jacque dice que Adrienne confió en ella. Que Adrienne le dijo que quería ser famosa como su esposo. Ella se sentía excluida cuando él salía de gira. Llorando, le dijo a Jacque que deseaba desesperadamente tener hijos, pero que no podía tenerlos debido a la vasectomía de Brown. En lugar de eso, dice Jacque, Adrienne dijo que Brown le regaló perros.

James y Adrienne Brown asisten a los Grammy en 1993. (Time Life Pictures/The LIFE Picture Collection/Getty Images)

Adrienne también tenía una advertencia para Jacque. Según Jacque, Adrienne le dijo que Buddy era el problema. No se podía confiar en Buddy. Buddy no era el hombre que parecía ser.

No había una buena manera de reconciliar estas advertencias. Jacque las ignoró, como había ignorado la advertencia de su mentor, Bill Lowery, sobre James Brown. El Sr. Brown tiene muchos problemas, dice Jacque que le dijo el famoso productor de discos (murió en 2004.) Pero Jacque era ingenua y testaruda, y pensó que los problemas de los que Lowery le hablaba eran problemas con los que estaba familiarizada. Los músicos famosos se portaban mal a veces, y Jacque, quien, a todas luces, no bebía ni consumía drogas, a menudo hacía de niñera de ellos. Dean Daughtry, su esposo, se volvió loco, dice, al igual que sus amigos de Lynyrd Skynyrd. Una noche, dice Jacque, siguió un rastro de ropa desparramada camino a su habitación y encontró al bajista Leon Wilkeson en la cama con una mujer.

¿Quién es esta?, preguntó Jacque.

Wilkeson sacudió a la mujer, intentando despertarla.

¿Quién eres tú?, preguntó él.

¿No sabes quién es ella?, respondió Jacque.

No, dijo Wilkeson, quien murió en 2001. Y tampoco creo que ella lo sepa.

Sí, algunos músicos tenían problemas. Eso venía con su territorio. Pero cuando conoció a los Brown, Jacque vio muchas señales de alerta. Al menos deberían haber sido banderas rojas, pero Jacque no las entendió lo suficientemente pronto. Dallas la llamó a su oficina y le habló sobre Adrienne. Dice que él la llamó cáncer y que le recomendó que se mantuviera alejada de ella. (Dallas se negó a hablar con CNN para esta historia). Ella dice que James Brown les prohibió a ella y a Adrienne que se vieran.

James Brown en el Reino Unido en 1991. (Stephen Wright/Redferns/Getty Images)

El comportamiento de James Brown se hizo cada vez más inusual. En otra sesión de grabación, esta vez con la participación de luchadores profesionales, parecía perder y recobrar la conciencia. Según Jacque, Brown acusó a uno de sus amigos de ser un agente federal e hizo que lo echaran del estudio. Apagó un cigarrillo en su propia muñeca y no pareció sentir ningún dolor. Jacque le preguntó a Buddy Dallas si debería preocuparse.

No, dice ella que le dijo Dallas. Él es simplemente excéntrico.


Jacque descubriría solo más tarde la historia de violencia de Brown y su prodigiosa capacidad para ocultarla o evitar las consecuencias. Brown había sobrevivido a las rudas calles de Augusta con un padre que golpeaba a su madre y un tío que una vez lo colgó del techo en una bolsa de arpillera. Esa maldad se quedó con Brown por el resto de su vida, al igual que un gran número de armas de fuego.

En la biografía “The One: The Life and Music of James Brown”, el autor RJ Smith escribe sobre un incidente que supuestamente ocurrió en el Club 15, en las afueras de Macon, Georgia, en la década de 1960, cuando Brown tenía alrededor de 30 años y se aproximaba al estrellato. Él y un rival habían tenido un tiroteo dentro del club; múltiples personas fueron tiroteadas o apuñaladas. Smith escribe: “Todavía en libertad condicional, Brown confió en (su agente) Clint Brantley y unos pocos miles de dólares para hacer desaparecer el caso”.

Cuando Johnny Jenkins y los Pinetoppers tocaron un set con Otis Redding en el Club 15, Brown abrió fuego con una escopeta mientras intentaba vengarse de otro cantante.

“Siete personas fueran tiroteadas”, dijo Jenkins, de acuerdo al libro “Otis! The Otis Redding Story”, de Scott Freeman. “Estaban recargando, escondidos detrás de los pianos, la barra… Un tipo dio una vuelta más tarde, y creo que le dio a cada uno de los heridos cien dólares cada uno para que no llevaran el asunto más lejos y no hablaran con la prensa”.

James Brown posa para un retrato de 1956 en Nueva York. (Michael Ochs Archives/Getty Images)

Antes de cantar con Marvin Gaye en los exitosos discos “Ain’t No Mountain High Enough” y “Ain’t Nothing Like the Real Thing”, Tammi Terrell fue voz de respaldo de James Brown. Smith escribe: “Bobby Bennett dijo que vio a Brown golpearla tres veces con un martillo fuera de un hotel en Washington”. Otra vez, “Brown salió del escenario y la golpeó escaleras abajo hasta llegar al camerino”.

En su libro “Cold Sweat: My Father James Brown and Me”, Yamma, la hija de Brown, escribe que Brown tiraba a su madre, Deidre Jenkins, contra la pared con tanta fuerza que sonaba como un trueno rodando por la casa. Ella dijo haberlo visto golpearla repetidamente, y que la sangre brotaba de su cara.

En 1998, una demanda civil acusó a Brown de mantener en cautiverio a una mujer llamada Mary Simons durante tres días, exigirle sexo oral y disparar un arma en su oficina. El abogado de Brown, James Huff, sostuvo en un documento judicial que Simons había tenido la libertad de irse. Simons retiró la demanda más tarde.

(Esta serie incluye enlaces a varios documentos de respaldo, incluyendo esta demanda. Funcionarios del gobierno han cubierto partes de los documentos antes de entregarlos a CNN. CNN cubrió otras partes por razones de privacidad o equidad. Mira la demanda aquí).

Entre 1994 y 1999, según otra demanda civil, Brown supuestamente le exigió favores sexuales a una cantante llamada Lisa Rushton, le recortó la paga y la mantuvo fuera del escenario luego de que ella se negó. También le puso una mano en los glúteos y le dijo en voz alta, ante una multitud en un restaurante, que ella no debía mirar ni hablar con ningún otro hombre que no fuera él. Rushton retiró la demanda más tarde.

En 1999 y 2000, según otra demanda civil, Brown supuestamente le dijo a una empleada, Lisa Agbalaya, que él tenía “testículos de toro”, le entregó un par de prendas interiores con estampado de cebra, le dijo que los usara mientras le daba masajes con aceite, y la despidió cuando ella se negó. Un jurado en Los Ángeles absolvió a Brown de acoso sexual, pero lo encontró responsable por despido injustificado.

El 28 de enero de 2004, luego de una llamada por violencia doméstica a las autoridades del condado Aiken, Carolina del Sur, los policías encontraron a la cuarta esposa de Brown con rasguños y moretones en el brazo y heridas en la cadera derecha. (Su nombre se escribe unas veces como Tomi Rae, otras como Tommie Rae o Tomirae). Según el informe, ella les dijo que Brown “la empujó al suelo en un dormitorio. Ella cayó sobre el equipaje tirado en el suelo y el sujeto levantó una silla de hierro forjado sobre ella, diciéndole que iba a matarla”. Brown se declaró culpable de un cargo de violencia doméstica, pagó una multa de US$ 1.087 y evitó tiempo en prisión.

James Brown fue arrestado el 28 de enero de 2004 después de supuestamente haber empujado a su esposa, Tomirae Brown, durante una discusión. (Aiken County Sheriff’s Office/Getty Images)

A pesar de toda la violencia antes y después, 1988 fue el año más tumultuoso de la vida de Brown. Fue el año en que cumplió 55 años, cuando su adicción a la PCP se hizo pública, cuando una amenaza a extraños con una escopeta derivó en una espectacular persecución policial. Fue también el año de su más infame incidente de violencia doméstica, que involucró a Adrienne, su tercera esposa, quien ingresó en un hospital en Augusta con moretones que cubrían su cuerpo. Ella dijo que Brown puso su abrigo de visón en el suelo y le disparó con un rifle. Que él la había golpeado con un tubo y que le disparó a su auto mientras ella se escondía dentro. Brown fue arrestado y acusado de ataque con intento de asesinato.

Cuatro días antes de ese incidente, dice Jacque, James Brown la llevó al bosque.


Llevábamos hablando casi un año cuando Jacque me contó la historia completa. Realmente no quería contarla, pero un día por teléfono decidió que era hora.

“Está claro en mi mente como si fuera ayer”, dijo. “Desde el sol a las nubes a los pinos de Georgia. Incluso hasta los narcisos en flor. Hace 30 años. Y todo lo que tengo que hacer es hablar, y estoy allí”.

Y allí estaba, alrededor del 30 de marzo de 1988, en la oficina de Brown en Augusta, donde ella y Buddy Dallas se reunieron con Brown para continuar su trabajo de caridad. Ese día revisarían los detalles del I Feel Good Trust. Jacque y Brown planeaban ser socios en esta iniciativa y trabajar para ayudar a los niños enfermos y educar a los pobres. Después de la reunión, Brown dijo que quería mostrarle a Jacque un Volkswagen que él estaba personalizando como regalo de cumpleaños para una de sus hijas.

Jacque vaciló. Debía encontrarse con su esposo y su hermana a las 6 p.m. para una cena de pollo frito y bizcochos. Pero el Volkswagen estaba a la vuelta de la esquina en un concesionario de automóviles. Solo llevaría unos minutos.

La casa rodante de Jacque ha sufrido varias averías a través de los años. (Melissa Golden/Redux for CNN)

El resto de la historia está en disputa. Los fiscales en Carolina del Sur investigaron en 1995 y declinaron presentar cargos debido a un problema jurisdiccional. Jacque presentó una demanda civil contra Brown en 2005 por el mismo incidente. La abogada de Brown, Debra Opri, calificó su alegato de “una extorsión en su forma más estúpida”. En cualquier caso, esta es la versión de Jacque de ese día de 1988.

Jacque Daughtry y James Brown salieron a una tarde de primavera. Brown llevaba una escopeta sobre su hombro. Por lo general, tenía un guardaespaldas, pero no ese día. Jacque pensó que él necesitaba la escopeta para su propia protección. La puso en la camioneta, que era negra con llantas doradas; dijo que había sido personalizada para él por Muhammad Ali. Jacque se subió.

Brown condujo hasta el concesionario y luego a una gasolinera. Le pidió que le comprara unos Jolly Ranchers. Ella lo hizo.

“Y de repente se volvió loco y comenzó a gritarme”, dijo Jacque. “Y él dijo, ‘¡ESTOS NO SON 100 JOLLY RANCHERS!’, y me empezó a gritar. Y en ese momento, siempre traté de ser impecable con él. Porque era muy excéntrico. Y empecé a llorar, porque él me estaba gritando, porque no le había traído la cantidad correcta de caramelos. Así que le dije que volvería y que los conseguiría. Entré y lloré, y la señora dijo: ‘Ah, el excéntrico señor Brown’. Y ella dijo: ‘¿Qué pasa?’. Y yo dije: ‘Se suponía que debía conseguirle 100 Jolly Ranchers. No los conseguí’. Ella dijo: ‘Bueno, ahora lo arreglaremos’. Y se acercó y comenzó a contar todos los dulces. Porque yo estaba llorando. No podía contarlos. Y no estaba acostumbrada a que la gente me gritara así por nada… Y estaba realmente intimidada y temerosa… le llevé la bolsa a él. Cuando abrí la puerta y se la di, él ni siquiera los contó. Simplemente puso la bolsa en la consola y dijo: ‘Entra’”.

Ella entró. Su Cadillac rosa estaba estacionado en la oficina de Brown, y casi era hora de ir a cenar, pero Brown no se dirigió a la oficina. Se subió a la carretera interestatal 20, en dirección este, hacia Carolina del Sur.

La oficina de James Brown en Augusta en 1995. (Tony Frank/Sygma/Getty Images)

Ella le preguntó a dónde iba. Dijo que había algo que quería mostrarle. Le pidió que buscara un paquete de Kools detrás del asiento del conductor. Ahora cree que estos cigarrillos tenían mezcla de PCP o fenciclidina, también conocida como polvo de ángel, una poderosa droga que puede causar alucinaciones, comportamiento violento y la ilusión de fuerza sobrehumana. Ella le entregó el paquete de Kools. Él se fumó uno. Y comenzó a conducir mucho más rápido.

Mira el viento, dijo. ¡Mira los árboles que soplan!

Ella miró. El viento no soplaba, pero la furgoneta iba a casi 160 km/h. Brown murmuró. Su cara se contrajo. Dijo que el gobierno les estaba persiguiendo. Jacque buscó a la policía en el espejo retrovisor, pero la policía no estaba allí. Brown dijo que las ruedas estaban hechas de goma y que podía saltar sobre los autos. Jacque pensó en saltar. Le pidió que disminuyera la velocidad o que se detuviera. Él condujo aún más rápido.

Brown cruzó a Carolina del Sur y salió de la autopista interestatal. Giró a la derecha. Giró a la izquierda. Salió de la carretera, hacia el bosque. La furgoneta aplastaba la maleza y cortaba los pimpollos de pinos. Él detuvo la furgoneta. Era casi de noche.

Brown estaba sentado allí, con las manos en el volante, mirando a través del parabrisas. No la miraba cuando dijo:

Métete en la parte trasera de la camioneta, señora Daughtry.

Jacque se pasó detrás del asiento del pasajero.

Ahora quítate la ropa, le dijo él.

Ella empezó a llorar.

Señor Brown, usted no quiere hacer esto, dijo ella.

Él no se dio la vuelta. Ella siguió suplicando. Finalmente, él puso una mano en la escopeta y le dijo que, si no se quitaba la ropa, él iría allí a ayudarle.

Ahora se volvió hacia ella, y también el arma. Su cara todavía temblaba. Ella comenzó a quitarse la ropa. Una diadema que usaba todos los días. El pañuelo rojo que llevaba alrededor del cuello. Sus botas blancas con punta dorada. Una larga falda vaquera que la madre de una amiga le había regalado.

Brown se pasó a la parte trasera de la furgoneta. Olía a la loción Brut para después de afeitarse. La agarró por el pelo.

Duró horas. El dolor era insoportable. Él le dijo que era un semental, que Dios la estaba bendiciendo. Ella rogó y suplicó, luego se rindió. Él le golpeó la cabeza contra una pared de la furgoneta y le arrancó un pendiente de la oreja. Su familia moriría si se lo contaba a alguien, le advirtió él.

Ella no podía respirar. Su corazón estaba acelerado. Él quería terminar, pero no pudo, así que siguió. Ella nunca había sentido tanto dolor. Se sentía como si estuviera flotando, mirándose desde arriba. Le pidió a Dios que no permitiera que su madre la encontrara desnuda y muerta en el bosque.

Ella le dijo que su familia la estaría buscando. Su marido vendría a buscarla. Esto pareció afectar a Brown. Dejó la furgoneta por un rato. La puerta trasera estaba parcialmente abierta, posiblemente dañada de cuando atropelló un árbol. Podía ver la niebla y las luces de la carretera. Las luces iluminaban una cerca de alambre de púas.

Brown volvió y arrancó la furgoneta. Volvió a la carretera. Un viento frío entraba por la puerta rota. Jacque vio más luces, y un puente. Se puso la ropa.

De vuelta en la oficina, Jacque salió de la camioneta llevando sus botas. Brown estaba sentado en el asiento del conductor y no decía nada. Ella sangraba, le dolía la cabeza y no podía pensar con claridad, aunque sabía que tendría que encontrar la casa de sus suegros en la oscuridad. Arrancó su Cadillac y se subió a la carretera. Entonces volvió a ver la furgoneta negra. Brown trataba de sacarla de la carretera. Ella condujo más rápido, pero él se mantuvo a su lado. Al final, se detuvo al lado de la carretera. Él salió, gritándole, golpeando su ventana.

¿Qué quieres?, preguntó ella a través del vidrio.

Olvidaste decirme que me amas, le dijo.


Frente a la Rueda de la Muerte, Jacque termina el show. (Melissa Golden/Redux for CNN)

Regresó del bosque, pero no volvió. La otrora Jacque Daughtry nunca volvió a ser vista.

Seguía siendo la esposa de Dean Daughtry, pero no, porque ya no dormían en la misma cama.

Todavía era una compositora, pero no, porque otros en la industria dejaron de responder sus llamadas y se quedó en casa, sola, invisible.

Era víctima de violación, pero no, porque nunca se lo contó a la policía, porque James Brown había dicho que mataría a su familia y que ya había hecho lo suficiente para hacerse creíble.

Ahora Jacque sabía cosas que deseaba no saber. Lo mismo hizo su amiga Adrienne Brown. En los años siguientes, las dos pelearían contra las fuerzas de James Brown. Las dos habrían de temer por sus vidas. Jacque sobreviviría. Adrienne no.

Esta es la primera parte de un reportaje de tres entregas. Mira la siguiente en este link y la tercera parte haciendo clic aquí. 

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Thomas Lake