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Tiroteos

La marea se torna en contra de la Asociación Nacional del Rifle

Por Peter Ambler

Nota del editor: Peter Ambler es el director ejecutivo de Giffords, una organización fundada por la exrepresentante Gabrielle Giffords y el exastronauta de la NASA y Capitán de la Armada retirado Mark Kelly para luchar contra la violencia armada. Ambler ha trabajado para demócratas en el Congreso y como personal de campaña. Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor.  

(CNN) — Hace casi una década, Barack Obama y las grandes mayorías demócratas en el Congreso consiguieron uno de los récords legislativos más prolíficos en la historia de la República. Era entonces un empleado del Congreso, y nunca me hubiera imaginado que lo que ellos no consiguieron -en el esfuerzo por enfrentar a la Asociación Nacional del Rifle y aprobar leyes sobre la seguridad en el manejo de las armas de fuego- lo lograría una nueva generación de legisladores.

El costo de la espera para las familias y las comunidades estadounidenses ha sido demasiado elevado. El voto de la Cámara de Representantes para aprobar el proyecto bipartidista de ley para la verificación de antecedentes llega justo un año después del trágico tiroteo en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas en Florida, y seis años después de la masacre de la escuela primaria Sandy Hook en Connecticut.

Este voto llega ocho años después de que mi jefa, la exrepresentante de EE.UU. Gabby Giffords, recibiera un disparo en la cabeza afuera de un almacén en Tucson. Y es la primera respuesta significativa de la nueva mayoría demócrata a una epidemia que ha cobrado la vida de casi 40.000 estadounidenses solo en el primer año de la presidencia de Donald Trump, según los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades.

También es la prueba clave más reciente de un movimiento tectónico en la política, de un problema que durante tantos años ha irritado a quienes buscan soluciones.

Tan solo en la década pasada, los políticos buscaban desesperadamente la aprobación de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés). Hoy, en algunos lugares del país, ese visto bueno ha pasado a ser casi como una letra escarlata y un peso sobre la suerte política de quienes lo exhiben.

Esto no ocurrió de manera fortuita. Antes, los argumentos a favor de las leyes sobre seguridad en torno a las armas de fuego se perdían entre las minucias de las medidas. Hoy hemos trabajado para que la reforma relativa a las armas sea un tema importante.

Estamos hablando con padres que están considerando si deberían comprarle una mochila a prueba de balas a sus hijos. Nos llegan comentarios de padres que están perdidos sobre cómo explicar los ejercicios de evacuaciones de emergencia o, peor aún, cómo decirles a sus hijos que no siempre son simulaciones. Desde los cines, a las escuelas, a los templos religiosos, las familias reciben recordatorios diarios de que los políticos se han embolsado millones de la NRA, pero no han protegido a nuestros hijos de la violencia armada.

Llevo más de seis años trabajando como defensor de la seguridad en torno a las armas de fuego y soy padre de una niña de 2 años. En muchos sentidos, mi nuevo rol de padre me ha preparado para mi más reciente reto en el trabajo. No quiero ni pensar en el día en que deba explicarle a mi hija qué es un atacante activo y me obsesiona comprobar que este país no mantiene seguros a sus niños.

MIRA: El ciclo de inacción gubernamental en EE.UU. luego de tiroteos masivos

En última instancia, el miedo y la vulnerabilidad que siento como padre es el sentimiento que tienen tantos padres, el sentimiento que ha ayudado a cambiar las políticas sobre las armas.

Las innumerables preocupaciones sobre el liderazgo de Trump alimentaron la revuelta suburbana del 2018 contra los republicanos, pero solo la salud tenía una prioridad más alta que las armas de fuego para quienes respaldaron a los demócratas. No solo ocurrió que el comité de acción política Giffords y Everytown for Gun Safety invirtieron más dinero que la NRA, sino también que los candidatos mismos volcaron sus fondos de financiación en publicidades que comunicaban su apoyo a la seguridad en torno a las armas. Con ello consiguieron emitir 22 veces más comerciales favorables a leyes más seguras sobre las armas comparando con las anteriores elecciones intermedias.

En los alrededores de Virginia, el patio trasero de la casa central de la NRA, las publicidades de Giffords mostraban a los votantes cómo la representante de EE.UU., Barbara Comstock, había recibido grandes donaciones de la NRA y votado repetidas veces contra la seguridad en torno a las armas. Virginia era un distrito que los republicanos habían retenido en 60 de los últimos 66 años. En parte a raíz del tema de la seguridad en torno a las armas, Comstock ahora es exrepresentante.

En los suburbios de Minneapolis, los votantes se enteraron de cómo su representante Jason Lewis apoyó al cabildeo corporativo de las armas a expensas de sus votantes. Una publicación de nuestra organización mostraba un poderoso testimonio de Bob Mokos, residente de Burnsville, Minnesota, veterano de la Fuerza Aérea, francotirador asociado a la NRA y dueño de armas. En parte por el tema de las armas, Lewis ahora es exrepresentante.

En el vanguardista 6to distrito congresista de Colorado, Mike Coffman aceptó más dinero de la NRA que cualquier otra persona en su estado. En uno de nuestros anuncios, contamos la historia que temen los padres, que yo temo: la historia de un mensaje de texto de un hijo. Ayudó a despejar en gran medida el ruido de las elecciones y a conectar esos miedos reales con los culpables reales en el Congreso, quienes permiten que nuestra epidemia de violencia armada siga adelante sin restricciones.

Dicho esto, los defensores de la seguridad de las armas no deberían llevarse todo el crédito por el cambio diametral de la política a nuestro favor. El grupo de presión de las armas tiene culpa también de que hoy la NRA es vista por algunos como un pilar del movimiento conservador de extrema derecha más concentrado en ejercer la demagogia que en representar las creencias de los dueños de las armas. No sorprende que, en un sondeo que llevamos a cabo en 2017, el 67% de los dueños de armas sientan que la NRA ha sido “cooptada por cabilderos y los intereses de los fabricantes de armas y perdió su propósito y misión original”.

Lo que más importa no son los dólares invertidos ni las elecciones ganadas, sino las vidas salvadas. A pesar del hecho de que más del 90% de los estadounidenses apoyan las verificaciones universales de antecedentes, todavía tenemos un Senado republicano que no se compromete a actuar y un presidente que promete un veto.

Para generar las políticas necesarias para que EE.UU. sea más seguro, los republicanos deben decidir de qué lado están, y los votantes deben hacerles rendir cuentas de sus decisiones.

¿Seguirán los republicanos inclinándose por la NRA, que gana con la venta de las armas? ¿O se pondrán del lado de los padres que temen enviar a sus hijos a la escuela, de los estudiantes que se esconden en los armarios de provisiones con la esperanza de que esta vez sea solo un ejercicio, de los estadounidenses de a pie que simplemente quieren que sus comunidades sean más seguras?

Por ahora, es su decisión. En 2018 quedó claro que los votantes tendrán la última palabra sobre la seguridad en torno a las armas.