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Desastres Naturales

Tornados en Alabama: 2 días entre la devastación y la esperanza

Por Miguel Ángel Antoñanzas

(CNN Español) – Este viernes, el presidente Donald Trump visita el condado de Lee, en el este de Alabama, que resultó devastado el domingo 3 de marzo por una ola de tornados. El jueves comenzaron a oficiarse los funerales de las 23 víctimas. Entre ellas hay 4 menores de edad, incluido el más joven, el latino Armando Hernández de tan solo 6 años.

Poco a poco el condado comienza a recuperarse. Esta es la crónica de una cobertura de dos días en la zona cero de estos tornados.

Lunes

Para gran parte de esta comunidad de unos 160.000 habitantes, el domingo 3 de marzo fue un domingo casi de resurrección. Es cierto que todavía no es Semana Santa y que -desgraciadamente- no todos lo lograron. Veintitrés personas fueron arrasadas uno o más de los cuatro tornados que se cebaron con esta comunidad conservadora y rural, pero el resto pudo vivir para contarlo y lo hizo.

El lunes, junto con Raphael Rodríguez, un veterano camarógrafo de CNN, nos dirigíamos a la zona arrasada desde nuestra sede en Atlanta. En la mesa de asignaciones, el personal que coordina las fuentes de información y logística, nos había dado una dirección para hacer las conexiones diversas con los noticieros junto con otros equipos de la cadena. La zona devastada estaba apenas a dos horas por tierra, bajando la interestatal 85 Sur.

Si bien he visto los estragos de huracanes como Katrina, no me había tocado hasta el momento, visitar zonas asoladas por tornados.

Sin embargo, conforme íbamos llegando, no veíamos lo que esperabamos: un paisaje dantesco de destrucción. Muy al contrario, la ruta nos llevaba a verdes planicies, algunas veces salpicadas de amplios bosques y pequeñas casas bajas, algunos mobiles homes, como se les llama aquí, establos, algo de ganadería, sobre todo vacas para carne, caballos.

Finalmente, Raphael contactó con el resto del equipo de CNN y llegamos a Salem, a unos 8 km al sur de la ciudad principal del condado, Opelika.

Allí fue cuando realmente pudimos ver los efectos -no de un tornado- sino de dos, según nos comentaron vecinos y amigos de los damnificados con los que hablamos. Dos tornados, apenas separados por un intervalo de menos de 30 minutos.

En la carretera, al menos seis camiones de Alabama Power con personal para cambiar los postes de la luz derribados por los tornados. También camiones y furgonetas de diferentes medios de comunicación locales y nacionales e incluso de Quebec en Canadá, y de Australia. Algunos helicópteros y drones, al menos dos, sobrevolaban la zona en la que nos encontrábamos.

Desde una valla de madera semiderribada se adivinaba lo que podría haber sido una casa rodante, y otra más grande, de la que solo quedaba su perímetro.

Más tarde, consultando unas imágenes de Google y otras de los propietarios de la vivienda más grande, de dos pisos y con piscina, pudimos ver la diferencia entre el antes y el después del tornado.

La casa se había reducido a escombros, miles de fragmentos de madera, que a veces se desintegra en peligrosos proyectiles con esa fuerza del viento. Lo que quedaba de la casa estaba a unos 20 metros de sus cimientos. Se podía adivinar lo que parece una barandilla de madera de una escalera, un gran sofá azul, en posición vertical, diversas cintas de video VHS y mucha espuma amarilla. Era el aislante de las paredes de madera.

Allí encontramos a Dax Leandro, un voluntario que junto con dos personas más, trataba de rescatar ropa y objetos personales de un matrimonio de unos 50 años, cuya casa había desaparecido.

Según nos contó Leandro, la pareja se refugió en el baño, el lugar más seguro en estos casos por su ausencia de ventanas y su poco espacio, y lograron sobrevivir, el hombre, le dijeron, tenía la pierna rota, ambos con laceraciones y cortes en distintas partes del cuerpo.

Para mí, era imposible imaginar que alguien pudiera sobrevivir a este nivel de destrucción. Que alguien, entre todo ese amasijo de maderas, plásticos, fragmentos de electrodomésticos y muebles, lograra salir con vida.

Una pareja de agentes mujeres con dos perros de la unidad canina de rescate K9 seguían rastreando la zona, pero los perros no localizaron cuerpo alguno.

Caía la tarde y con ella el sol. Poco a poco un frío duro y seco comenzaba a entrar en los huesos, no había grandes novedades, la cifra de muertos se mantenía, 23 almas de entre 6 y 89 años se fueron con los tornados. Los compañeros de Newsource, la unidad que maneja nuestra relación con las afiliadas, nos ofrecieron pizza. Con el frío que hace, es una gran regalo.

Al final, hay que buscar un hotel. No es fácil, ya que muchos están alojando a los damnificados. La carretera negra, oscura nos va engulliendo mientras regresamos con nuestro 4×4.

De vez en cuando nos cruzamos con patrulleros de policía local o estatal.

El motel es pequeño, y bastante básico, alguien está buscando habitación, pero ya no hay más… nosotros tuvimos suerte de reservarla antes, la noche ya es cerrada.

Tengo apenas cinco horas para dormir, muy poca noche para descansar, pero entonces pienso en las familias de esa veintena de fallecidos. Para ellos, esta noche será larga, muy larga… y seguramente no la olvidarán jamás. Entonces dejo de quejarme. Aún así, no logro dormir.

Nota del editor: espera aquí pronto una actualización sobre el segundo día de Miguel Ángel Antoñanzas en la zona cero de estos desastres naturales