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Política

Ambos partidos de EE.UU. tienen más trabajo por hacer para combatir el antisemitismo

Por Frida Ghitis

Nota del editor: Frida Ghitis, exproductora y corresponsal de CNN, es columnista en asuntos internacionales. Frecuentemente colabora para CNN y para el diario The Washington Post y es columnista para el World Politics Review. Las opiniones expresadas en este comentario son propias de la autora. Vea más columnas en CNN.

(CNN) — El antisemitismo —el prejuicio que se niega a morir— ha irrumpido con fuerza nuevamente en el escenario global, y los estadounidenses están luchando por descifrar qué hacer al respecto. La intolerancia podrá ser algo antiguo, pero la respuesta hasta ahora en Estados Unidos ha sido verdaderamente de estos tiempos: dominado por señalamientos partidarios, recriminaciones defensivas y acusaciones de un partido hacia el otro.

Al juzgar por la intensidad con que los republicanos y demócratas rechazan el antisemitismo de parte del partido opositor, deberían poder ponerse de acuerdo sobre un enfoque para abordar el problema que ya crece a un nivel exponencial en Europa y tiene un historial milenario de devastar sociedades que dejan que se encone.

Desde los días de George Washington, Estados Unidos buscó estar por encima de las mugrientas intolerancias del Viejo Mundo. Ahora nuevamente los estadounidenses tienen una oportunidad de mostrar que un país fundado por idealistas es distinto, y de ir más allá de las riñas políticas cortoplacistas hacia un objetivo más elevado. ¿Pero es capaz el grupo actual de políticos de actuar más allá del interés partidario inmediato?

Sin duda, los republicanos están encantados de ver a los demócratas divididos acerca de cómo manejar las últimas declaraciones ofensivas de la representante principiante Ilhan Omar, quien se ha convertido en una maestra involuntaria de antisemitismo, revirtiendo a los temas clásicos de la antigua intolerancia mientras busca cuestionar el apoyo de Estados Unidos a Israel.

En vez de criticar directamente la política de Estados Unidos —que no solamente está permitido, sino que se hace repetidamente— se le ha dado por cuestionar los motivos de aquellos estadounidenses que defienden una relación fuerte entre Estados Unidos y el estado judío, habiendo sugerido la semana pasada que los estadounidenses que apoyan a Israel “son leales a un país extranjero”.

Esto ocurre tras la condena bipartidaria de comentarios similares que ella hizo este año.

En enero, Omar defendió un tuit de 2012 en que dijo que Israel ha “hipnotizado” al mundo y ha pedido, que “Alá despierte a la gente y los ayude a ver el mal que hace Israel”. Omar tuiteó en medio de una violencia considerable; en defensa contra cohetes que fueron disparados hacia territorio civil, Israel había lanzado ataques aéreos en Gaza que mataron a civiles.

Después de ser criticada a principios de este año, ella reconoció que sus comentarios fueron “desafortunados y ofensivos”. El mes siguiente se disculpó “de manera inequívoca” después de afirmar que todo “era para los Benjamines”, —por Benjamín Franklin que está en el frente del billete de US$ 100— queriendo decir que el apoyo a una fuerte alianza entre Estados Unidos e Israel fue motivada por dinero. En ambos tuits, que han sido borrados, los expertos dicen que Omar está haciendo eco de los tropos, los temas de antisemitas a través de los años, que describían a los judíos como financistas desleales y siniestramente poderosos.

El reconocimiento de parte de Omar de que sus palabras fueron hirientes ha sido inconsecuente en el mejor de los casos.

Cuando la representante Nita Lowey se quejó en un tuit de que Omar “sigue describiendo de forma errónea el apoyo por Israel”, Omar redobló la apuesta, tergiversó los hechos, y respondió que “no deberían esperar que yo tenga lealtad o brinde apoyo a un país extranjero”. Pero claramente eso no fue lo que quizo decir Lowey.

Nuevamente, Omar creó una sombra de duda en torno al apoyo hacia las relaciones entre Israel y Estados Unidos. El problema no es su crítica de Israel, sin importar cuán seguido lo diga, sino su cuestionamiento de la integridad y patriotismo de aquellos que están en desacuerdo con ella respecto a ese tema.

Después de que ella hizo esos comentarios, los demócratas debatieron si presentar una resolución para condenar el antisemitismo y otras formas de prejuicio, pero un voto sobre la resolución fue pospuesto indefinidamente el miércoles cuando las discusiones sobre el tema se tornaron acaloradas. La Cámara de Representantes sí aprobó una resolución el jueves en el que condenan firmemente el antisemitismo y otras formas de intolerancia, incluyendo el prejuicio antimusulmán. Todos los votos negativos vinieron de los republicanos, con el voto de “presente” del representante Steve King de Iowa.

Los demócratas se perdieron una oportunidad de hacer frente al antisemitismo con el enfoque firme que requiere.

Y hubo informes anteriores de que los demócratas podrían diluir la resolución, evitando condenar el antisemitismo, una profunda desilusión para tantos judíos esperanzados de ver un ataque frontal de los demócratas contra el antisemitismo en Estados Unidos, para evitar que las cosas escalen como ha ocurrido en Europa.

La senadora Kamala Harris estaba entre aquellos que, si bien que decían que el antisemitismo era malo, igual que cualquier otra forma de intolerancia o discriminación, expresó preocupación respecto de centrar la atención sobre Omar, que ha sido la víctima de difamación antimusulmana. La representante Alexandria Ocasio-Cortez lamentó que no hubiera reprimendas en contra de otras formas de prejuicio, por ejemplo. Como si eso disminuyera de alguna manera el problema de las palabras de Omar.

Los demócratas contratacaron la supuesta indignación de los republicanos, señalando que los tropos antisemitas en tuits anteriores del líder republicano Kevin McCarthy, el representante Jim Jordan y, por encima de todo, el presidente Trump, quien le abrió la puerta a los extremistas a través de incontables declaraciones, con su frase cúlmine de “gente excelente de ambos lados” respecto de los neonazis en Charlottesville, Virginia, quienes cantaban “los judíos no nos reemplazarán”.

Hay hipocresía y tácticas deflectantes de ambos lados.

También hay un aumento preocupante de antisemitismo en gran parte del mundo. Algunas investigaciones han descubierto que casi todos los perpetradores tienen ideologías de extrema derecha, pero el antisemitismo también está aumentando en la izquierda. Además, como observó la canciller Angela Merkel, algunos de los recién llegados a Europa provienen de países plagados de antisemitismo, lo que aviva las llamas de Europa.

En Alemania, un expresidente del Consejo Central de Judíos dijo que “nunca creyó que se podía poner tan mal otra vez”, ante la mayor habitualidad de ataques antisemitas y la reaparición de saludos nazi (tal como fue ampliamente reportado durante las protestas violentas en Chemnitz el año pasado) en las calles alemanas. En Francia, el gobierno dice que los actos antisemitas se dispararon un 74% durante el último año. La profanación de cementerios, esvásticas pintadas con aerosol y violencia ocurren con mayor frecuencia. Un hombre armado persiguió y mató a niños en una escuela judía en Francia hace unos años; otro mató a cuatro personas en una fiambrería judía, por nombrar unos pocos. La fiambrería fue destruida por un incendio premeditado en el aniversario del ataque.

En el Reino Unido, el partido Laborista se está desintegrando ante acusaciones de algunos periodistas, políticos y otros observadores de que se ha vuelto un semillero de antisemitismo bajo el liderazgo de Jeremy Corbyn. Nueve miembros parlamentarios dejaron el Partido Laborista después de llegar a la “conclusión enfermiza” de que se ha vuelto lo que ellos denominan “institucionalmente antisemita”.

Después de cientos de quejas antisemitas, casi un 85% de los judíos británicos concuerdan, según una encuesta realizada por The Jewish Chronicle, con casi un 40% que dicen que dejarían el país si Corbyn se convirtiera en primer ministro. Nueve de diez judíos europeos dicen que el antisemitismo ha aumentado en su país, mientras que ocho de 10 dicen que se ha vuelto un problema serio.

Los indicios de antisemitismo están por doquier, desde los cantos de simpatizantes holandeses de fútbol, “hamas, hamas, judíos al gas”, a las grotescas carrozas esta semana en Bélgica.

Pero no solo Europa tiene ese problema. Estados Unidos acaba de tener el peor ataque antisemita de su historia cuando un hombre mató a 11 en una sinagoga de Pittsburgh, gritando supuestamente “todos los judíos deben morir”. En 2017, el FBI observó que los ataques antisemitas en Estados Unidos también iban en aumento. Los judíos conformaban la mayoría de los incidentes de crímenes, con un total de 58,1%, seguido por 18,6% contra musulmanes.

Hay una amplia brecha entre tuits desagradables y ataques físicos, pero el mundo tiene amplia experiencia con el proceso. Las ideologías de prejuicio forjan un camino hacia la violencia.
A pesar de la hipocresía de partidismo y de la actitud defensiva contraproducente de las tácticas deflectantes, hay un consenso en medio de las acusaciones, si miramos de cerca.

La amplia mayoría de los estadounidenses, incluyendo a los líderes políticos, rechazan el antisemitismo. En una era de división exacerbada, ¿no sería dulcemente irónico si los estadounidenses de todos los partidos y de todas las regiones encontraran el coraje para dejar de lado el partidismo y se unieran para rechazar el prejuicio que se niega a morir?

Esta columna ha sido actualizada para reflejar la noticia de la resolución de la Cámara.

— (Traducción de William Montes)