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Celebridades

Britney Spears se está cuidando. Muchos otros no pueden hacerlo

Por Holly Thomas

Nota del editor: Holly Thomas es escritora y editora radicada en Londres. Sus tuits están en @HolstaT. Las opiniones expresadas en este artículo son propias de la autora.

(CNN) — Cuando a principios de 2008 se deterioró la salud mental de Britney Spears, la historia dominó las noticias por semanas. Las imágenes de una superestrella de ojos muy abiertos y cabeza rapada saturaron la internet, y la historia de portada de la revista Rolling Stone describía a Spears como el juguete del que todos nos habíamos cansado: una “muñeca de porcelana de proporciones perfectas con los pelos enredados”. Tiempo después de pasado el episodio, el meme “Si Britney pudo sobrevivir el 2007, tú puedes con lo de hoy” siguió siendo sinónimo del peor y más vergonzoso colapso nervioso.

Después de que TMZ diera la noticia la semana pasada de que Spears se había internado por su cuenta en un establecimiento de salud mental, la cobertura, si bien amplia, fue comparativamente débil. El consenso (correctamente) pareció ser que Spears, frente al estrés extremo, había actuado responsablemente buscando ayuda. Muchas otras celebridades expresaron su apoyo y les hablaron a sus seguidores sobre la importancia de obtener asistencia cuando uno lo necesita. Spears, que anunció a principio de año que se estaba tomando un tiempo fuera de las luminarias para concentrarse en su familia, publicó en su página de Instagram la semana pasada: “todos necesitamos un poco de tiempo para dedicarse a “uno mismo”.

Pero para los que no son ricos ni famosos, buscar asistencia por temas de salud mental en Estados Unidos está plagado de complicaciones que transforman ese aliento bien intencionado casi en una burla.

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Según un nuevo análisis de 300 salas de emergencias publicado esta semana en JAMA Pediatrics y reportado por CNN, el número de niños de 5 a 18 años que llegaron a tener pensamientos e intentos de suicidio se duplicó de 580.000 a 1.12 millones entre el 2007 y el 2015. El promedio de edad de los evaluados fue 13 años, y el 43% de los niños que consultaban era de entre 5 y 11. Si bien previamente las conductas suicidas constituían el 2% de las visitas a la sala de emergencia, ahora es el 3,5%.

No son solo los niños quienes tienen dificultades. El año pasado los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades de EE.UU. reportaron que ha aumentado el suicidio entre los adultos en casi todos los estados en los últimos 20 años, en la mitad de los estados casi un 30%. La depresión y los antecedentes de intentos de suicidio son factores de riesgo significativos para el suicidio.

Estas son las emergencias, pero muy a menudo, el tipo de apoyo que requieren millones de estadounidenses no está disponible.

Después de la crisis financiera de 2008, los estados recortaron miles de millones de dólares de inversión en salud mental. En el 2014, un estudio publicado en JAMA Psychiatry halló que los terapeutas eran los proveedores médicos con menos probabilidad de aceptar un seguro. El porcentaje que lo hacía era “significativamente más bajo” que los médicos de otras especialidades como Cardiología o Dermatología. La terapia puede costar cientos de dólares por sesión, y es especialmente costosa en las ciudades, donde las tasas de depresión son más elevadas. La mayor parte de Estados Unidos se enfrenta a una severa escasez de psiquiatras en actividad de niños y adolescentes, con menos de 17 proveedores disponibles cada 100.000 niños, según los datos de la Academia Estadounidense de Psiquiatría de Niños y Adolescentes.

“Si bien puedo pagarme las sesiones de mi bolsillo ahora, es extremadamente caro hacerlo y muchos lugares a los que necesito ir no aceptan mi seguro”, me dijo Cori Siren, animador y diseñador de joyas de Indiana. “Por lo que me queda ir a espantosos establecimientos que aceptan mi seguro y algo siempre sale mal”.

Aunque uno tenga o no seguro médico, encontrar apoyo puede ser una misión en sí misma, y la historia de Siren replica las de otras personas con dificultades para acceder en el momento justo a la asistencia necesaria. Este problema, un tema de larga data, ha empeorado durante el transcurso del gobierno de Trump.

En el 2017, el gobierno de Trump congeló una base de datos federal que dirigía a la gente a los servicios e intervenciones para tratar problemas de salud mental y abuso de substancias. El presupuesto fiscal de 2019 solicitó US$68.400 millones para el Departamento de Servicios de Salud y Humanos: una reducción del 21% con respecto al presupuesto promulgado en el 2017.

En marzo, Trump respaldó una demanda legal que cuestionaba la constitucionalidad de la Ley de Salud Asequible. Este es el último de una serie de ataques, cuando el gobierno les concedió ya el poder a los estados de debilitar Obamacare en octubre pasado. Unos 30 millones de personas cubiertas perderían su seguro de salud si se derogara la Ley de Salud Asequible sin un plan de reemplazo, según el Instituto de Política Económica. La expansión de Medicaid bajo Obamacare aumentó radicalmente el acceso en caso de problemas como la adicción a las drogas en los estados más afectados.

El estrés de buscar la evasiva atención de salud puede tener un impacto a lo largo de generaciones. Ver a los padres agobiados por las cuentas, ahogados en formularios y hundidos por las deudas puede llevar a los hijos a no querer interactuar con un sistema desalentador durante su propia adultez, y a exacerbar los efectos de la condición original. Cuando uno tiene una enfermedad mental, hasta la más simple de las tareas diarias puede resultar como escalar una montaña, y ni qué decir de las llamadas importantes o completar documentos complejos.

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Si bien se mantiene el estigma de la salud mental, en mayor o menor grado según la raza y el estatus, la conversación en torno a la salud mental ha evolucionado. Los medios se están distanciando de parte del lenguaje despreciativo que usaban tan desconsideradamente hasta pocos años atrás. Pero para quienes no tienen suficientes recursos para ingresar a institutos de rehabilitación o tener acceso incluso a una asistencia básica, las palabras correctas no son suficientes para remediar un problema creciente y peligroso.

Si bien es indudable el valor de ver a una celebridad querida ocuparse de temas de salud mental con tan buen juicio como Britney Spears lo ha hecho en las últimas semanas, la lección real que deberíamos sacar es que, contra todo sentido y justicia, la asistencia a la salud mental en Estados Unidos sigue siendo en demasiados casos (y más incluso si el gobierno de Trump logra lo que quiere en materia de políticas de salud) dominio exclusivo de los privilegiados. Hasta que esto se resuelva, para muchos, instarlos a buscar ayuda sigue siendo un eco vacío.

(Traducción de Mariana Campos)