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Gran Bretaña

El Assange que conocí: cómo siete años en una embajada “prisión” lo cambiaron

Por Atika Shubert

(CNN) — Como muchas personas, vi el video del arresto primero en Twitter. Me sorprendió ver cuánto ha envejecido Julian. Su alto cuerpo fue sujetado por la policía, que lo arrastró hacia afuera. Parecía desesperado y acorralado. No era el confiado, audaz y, a menudo calculador, activista de la transparencia que conocí.

Conocí a Julian en 2009 antes de que WikiLeaks se convirtiera en un nombre familiar. Escuché que tenía acceso a un video de un ataque militar de EE.UU. en Afganistán, por lo que lo abordé en un evento en Londres. Un día se presentó en mi oficina con una memoria USB llena de decenas de miles de lo que dijo que eran documentos clasificados del gobierno de Estados Unidos. Así fue como terminé informando, lo que era entonces, la mayor filtración de documentos gubernamentales en la historia de Estados Unidos.

Julian siempre fue, y sospecho que sigue siendo, una personalidad desafiante, como descubrí cuando le pregunté acerca de las acusaciones de agresión sexual que enfrentó en Suecia, en una entrevista en cámara en 2010. No estaba contento y se fue, dejando el micrófono en el piso.

La última vez que lo vi fue justo después de que solicitó asilo en la embajada ecuatoriana, hace casi siete años. Tenía buena salud y era bastante optimista de que todavía podía manejar WikiLeaks desde la embajada. No creo que tuviera idea de que estaría allí por tanto tiempo. Ni siquiera tenía su propia ventana para mirar el mundo, necesitaba una lámpara solar para simular la luz natural. Durante las primeras semanas, ni siquiera había una ducha adecuada para él. Tuvo que ser instalada más tarde. Me dijo que era como vivir en una nave espacial.

Sus amigos se preocuparon por su salud y le compraron una máquina de ejercicios. Invitados famosos a veces iban de visita, lo que causaba un gran revuelo en las noticias: Pamela Anderson, Lady Gaga. Pero era una existencia solitaria y sus amigos le llevaron un gatito para hacerle compañía. A eso se suma la vigilancia policial las 24 horas del día fuera de la embajada. No puedo imaginar el costo que debe haber tenido en su salud física y mental.

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Por otro lado, la embajada ecuatoriana también estaba bajo una tensión considerable por él. La embajada es pequeña, una colección de pocas habitaciones y escritorios. Nunca se estableció como un refugio a largo plazo para un célebre solicitante de asilo. En cambio, se convirtió en una especie de prisión para ambos. Escuché informes de discusiones acaloradas, acusaciones de comportamiento beligerante y perturbador por parte de Julian. Pero no sabía hasta qué punto llegaba. El gobierno ecuatoriano ahora lo acusa de “derramar heces en las paredes de la embajada”. Que esta situación insostenible durara casi siete años es notable.

Mientras Julian era detenido, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, emitió una declaración en la que explicaba la decisión del país. “Hoy anuncio que el comportamiento descortés y agresivo del señor Julian Assange, las declaraciones hostiles y amenazantes de su organización aliada contra el Ecuador y especialmente la transgresión de convenciones internacionales han llevado la situación a un punto en el que el asilo del señor Assange es insostenible y ya no es viable “. Además de afirmar que el propio Julian había provocado la decisión, dijo: “La paciencia de Ecuador ha llegado a su límite respecto al comportamiento del señor Assange. Instaló equipos electrónicos y de distorsión no permitidos. Bloqueó las cámaras de seguridad de la Misión del Ecuador en Londres”.

Cuando hablé con Julian sobre por qué eligió encerrarse en la embajada, siempre sostuvo que no temía enfrentar las acusaciones de agresión sexual en Suecia, que es para lo que era su orden de detención original. Dos de las denuncias desaparecieron después de que expirara el plazo para presentar los cargos, y el fiscal sueco abandonó la investigación sobre violación después de que finalmente lo interrogara en la embajada. Le preocupaba más que fuera una estratagema para que lo extraditaran a Estados Unidos por cargos de espionaje, un delito que conlleva una pena máxima de cadena perpetua. Calificó las acusaciones de Suecia como una “trampa de miel”.

Recuerda que — antes de las filtraciones del Comité Nacional Demócrata, antes de las acusaciones de connivencia con Rusia, antes de las declaraciones de Trump de “¡Yo amo WikiLeaks!” – Assange y WikiLeaks publicaron cientos de miles de documentos clasificados que le fueron filtrados por la exmilitar Chelsea Manning. Y Assange no estaba solo al publicarlos. Trabajó con The New York Times, The Guardian y Der Spiegel para revisar y publicar esos documentos.

Eso no tenía precedentes. Hizo de WikiLeaks lo que es hoy. Y Julian estaba convencido de que el gobierno de los Estados Unidos lo perseguía, que un gran jurado había emitido una acusación sellada que lo acusaba de actos criminales.

Hoy, al parecer, Julian tenía razón, al menos en parte.

Sí, el gobierno de EE.UU. estaba buscando un caso legal contra él, pero no, como resultó, por espionaje. El Departamento de Justicia de EE.UU. ha desclasificado la acusación presentada en marzo del año pasado, con la que lo acusa de un cargo de conspiración para hackear computadoras, ofrecer ayuda a Manning para descifrar una contraseña y obtener acceso a redes gubernamentales clasificadas. Se enfrenta a una sentencia máxima de cinco años.

Julian siempre ha argumentado que si el gobierno de Estados Unidos lo acusara, sería una pendiente resbaladiza para procesar a The New York Times, The Guardian o cualquier otro periodista que trabaje con informantes para revelar información clasificada de interés público. Ese será, sin duda, uno de los argumentos de su experimentado equipo legal.

En su audiencia ante el Tribunal de Magistrados de Westminster en Londres, el juez dijo que Julian era “un narcisista que no puede superar su propio interés egoísta” y lo encontró culpable de quebrar las condiciones de su fianza.

No estoy seguro de qué pensaría Julian acerca de ser llamado narcisista después de todo este tiempo. Ciertamente, el hombre que conocí pensaba muy bien de sí mismo y era, en muchos sentidos, una mente aguda y manipuladora que usaría casi cualquier medio para un fin.

Pero en realidad no se trata de si te gusta o no Julian. El caso en su contra es acerca de solicitar y conspirar con un informante para acceder a información clasificada y hacerla pública. Esa es una batalla legal que nos afecta a todos y a nuestro acceso a la información. Pase lo que pase ahora, sentará el precedente para los próximos años.