CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery
Televisión

El final de ‘Game of Thrones’ vuela alto, pero…

Por Brian Lowry

Advertencia: El siguiente artículo contiene spoilers sobre el final de la serie «Game of Thrones» que se estrenó el 19 de mayo.

(CNN) — «Cuando juegas al Juego de Tronos, ganas o mueres».

Después de ocho temporadas, 73 episodios y una serie de desarrollos en la trama muy debatidos, esa línea característica de la primera temporada demostró ser la clave para desentrañar el final de «Game of Thrones», que, después de una temporada que fue en varios momentos emocionante, agotadora e irritante, llegó como un alivio.

Dadas las pasiones encendidas (algo literalmente, dado todo el fuego de dragón) por el penúltimo capítulo, el final no podría complacer a todos. Si bien en muchas de las críticas hubo cierta validez, un cierto grado de estupidez se deslizó en la discusión, comenzando con aquellos que firmaron una petición que exigía algún tipo de remodelación cósmica.

Escucha el más reciente episodio de Zona Pop sobre el final de «Game of Thrones»

En el análisis final, la primera mitad del último episodio, escrito y dirigido por los guionistas David Benioff y DB Weiss, fue fuerte, lógico y satisfactorio. En general, no fue un final que pasará a la historia, en comparación con otros ejemplos y al exagerado bombo alrededor, pero tampoco fue uno indigno.

LEE: Final de ‘Game of Thrones’: ¿un cáliz envenenado?

Inevitablemente, Jon Snow (Kit Harington) se vio obligado a elegir entre el amor y la moralidad, al darse cuenta de que las tendencias bélicas de su reina y amante, Daenerys (Emilia Clarke), no se acabarían la demolición de Kings Landing.

Sin embargo, el momento clave llegó antes de eso, cuando Tyrion (Peter Dinklage, magnífico como siempre) se lamentó por su hermano caído, luego guió a Jon a través de un relato sobre la crueldad de Daenerys. Fue, aunque de forma tardía, un recordatorio de todas las cosas terribles, o al menos despiadadas, que había hecho, lo que hizo que su destrucción vengativa de la ciudad estuviera menos fuera de lugar que una demostración de su búsqueda para ganar el Trono de Hierro.

El amor, en última instancia, ocupó un lugar en esa búsqueda, pero no vendría sin sacrificio. Jon podría detenerla, pero no solo sin matar a la mujer que amaba, sino poniendo su propia vida, y el derecho al trono, en un riesgo considerable.

En ese momento, con el Trono de Hierro poéticamente reducido a una pila fundida, el final cambió a otro engranaje, uno que presentaba momentos excelentes y algunos regresos, pero que se sintió menos impresionante.

LEE: ¿Por qué los fanáticos de «Game of Thrones» están tan molestos con la última temporada?

En el momento quizá más divertido, en el proceso de selección de un nuevo líder, alguien propuso probar la democracia, una sugerencia que fue rechazada con sorna por los nobles presentes. Se sintió como una respuesta involuntaria a algunos de los críticos del espectáculo, un recordatorio de que un mundo de fantasía donde una mujer monta dragones no puede ser fácilmente trasladado a convenciones modernas.

Aún así, la selección de Bran (Isaac Hempstead Wright) para liderar el reino parecía apropiada, con Tyrion citando su incapacidad para engendrar herederos como una ventaja, señalando, como lo ha demostrado ampliamente el programa, que «los hijos de reyes pueden ser crueles y estúpidos». Eso es lo más cercano a una meritocracia que Westeros podrá tener.

De manera similar, los productores ofrecieron finales esperanzadores para los otros Starks, con Sansa (Sophie Turner) manteniendo la independencia de su región, y Arya (Maisie Williams) y Jon ambos avanzando hacia futuros que al menos cuentan con opciones.

Cualquier cosa mucho más decisiva tal vez se habría sentido forzada, aunque este no fue el tipo de cierre que deja una sensación genuina de que la historia se ha terminado. (Por supuesto, eso dejaría a George RR Martin espacio para escribir más libros, suponiendo que alguna vez se ocupe de esa tarea).

Esta última temporada obviamente ha sido motivo de división y gran parte de las críticas — especialmente en el penúltimo episodio — estaban justificadas. Para algunos, el giro de Daenerys fue imperdonable, visto como un ejemplo de las deficiencias del programa, particularmente con respecto a sus personajes femeninos.

Defectos y todo, «Game of Thrones» reescribió las reglas de la televisión, ofreciendo una trama en capítulos brillantemente proyectada, producida con un alcance y una escala que rivaliza con los grandes éxitos del cine.

Es una lástima que el programa no pudiera aterrizar con un éxito completo. Pero cuando vuelas tan alto, algunas sacudidas tal vez son inevitables.