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El Apunte de Camilo

Morir o salir volando… de Venezuela

Por Camilo Egaña

Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Camilo. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) — ¿Conocen ustedes a algún ser humano que admita, aunque sea a regañadientes, que no es una persona amiga del diálogo? Yo no.

El cuestionado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, dice que es “un hombre que cree en la palabra como vehículo para superar las diferencias”.

Lo ha dicho a propósito de la primera ronda de contactos en Noruega, que unos y otros califican de preliminares con el mismo tono con el que el oncólogo dice que no nos hagamos muchas ilusiones.

Muchos consideran que los diálogos entre el gobierno y la oposición en Venezuela han servido para poco y nada: a Maduro, para ganar tiempo y a sus detractores, para perderlo.

Otros, por su parte, sostienen que si las partes contendientes jamás hubieran hablado, la violencia habría sido mayor.

El diálogo de sordos en Venezuela comenzó hace 20 años, cuando Hugo Chávez aún vivía.

¿Y qué se ha conseguido?

Me gustaría preguntárselo a líderes que en su día propiciaron tales conversaciones: el expresidente de EE.UU., Jimmy Carter; César Gaviria, cuando fungía de secretario general de la Organización de Estados Americanos; el cardenal Pietro Parolín; el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero; y a otros señores con nombres menos rutilantes -pero igual de confiados- en que hablando se entiende la gente.

“El hombre es el animal que pregunta”, dejó escrito Julio Cortázar. “El día en que verdaderamente sepamos preguntar, habrá diálogo. Por ahora las preguntas nos alejan vertiginosamente de las respuestas”.

Y dos o tres líneas más adelante, el responsable de Rayuela, sostenía que ante la infinita intolerancia y cerrazón de los seres humanos, “hay que abrir de par en par todas las ventanas y tirar todo a la calle, pero sobre todo hay que tirar también la ventana, y nosotros con ella. Es la muerte, o salir volando”.

Para eso, claro, se necesita mucha honestidad, mucha audacia, mucho corazón y mucha inteligencia.

¿Quiénes podrían garantizar todo eso en Venezuela?