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Política

¿Excepcional? La democracia estadounidense en el contexto hemisférico y global

Por Dan Restrepo

Nota del editor: Dan Restrepo es abogado, estratega demócrata y colaborador político de CNN. Fue asesor presidencial y director para el Hemisferio Occidental del Consejo Nacional de Seguridad durante la presidencia de Barack Obama. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) — Las democracias del mundo viven una tremenda crisis.

El populismo y la autocracia de derechas e izquierdas están sobre la marcha en todos los continentes.

La confianza en la democracia y en las instituciones que forman su corazón se ha desplomado en muchos rincones del mundo dando aliento a esa marcha.

Aquí en las Américas existe un país tras otro con altos niveles de desconfianza en la democracia.

Esa desconfianza existe también en EE.UU. y se está alentando de una manera peligrosa que podría convertir la presidencia de Donald Trump de una triste vergüenza nacional con consecuencias globales a un reto existencial para la democracia estadounidense.

Tres elementos básicos de la democracia estadounidense están bajo tremenda presión de forma nada sorprendente para quienes hemos visto la erosión de la democracia en países latinoamericanos.

Primero, tenemos un presidente que pretende ponerse por encima de la ley.

Ejemplo de esto es la forma en la que el presidente Trump ha reaccionado a la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la interferencia rusa en las elecciones de 2016. Como deja claro el informe de Mueller, en 10 distintas oportunidades, el presidente posiblemente obstruyó a la justicia.

Un presidente que intenta eludir a la justicia no es novedad en las Américas aunque cada día les resulta más complicado en los demás países de la región dado los procesos judiciales contra por lo menos 10 presidentes y expresidentes.

Pero los ataques a la democracia no terminan con simplemente tratar de eludir la justicia. Ahora, el presidente está intentando utilizar los órganos de Justicia e Inteligencia del Ejecutivo contra sus percibidos “enemigos políticos” en otra maniobra bien reconocible para los quienes han vivido y aún viven regímenes autocráticos en las Américas.

La decisión de autorizar al secretario de Justicia Bob Barr de desvelar, de manera selectiva, inteligencia sobre los supuestos orígenes de la investigación de la injerencia rusa mientras el presidente acusa a exdirector de la FBI, entre otros, de traición en público es escalofriante para la democracia del país.

Segundo, el balance de poderes, que forma un pilar fundamental de democracias representativas como la estadounidense, está bajo tremenda presión.

Como en muchas circunstancias en las Américas, Estados Unidos tiene un presidente quien de facto niega la legitimidad del Congreso simplemente porque está en manos de su oposición política.

En este caso, el presidente dijo que se opone a que sus colaboradores actuales y anteriores testifiquen ante el Congreso.

Ignorar a representantes dignamente electos por el pueblo es una característica de los peores casos del populismo y autocracia en las Américas en las últimas décadas.

La confrontación constitucional entre el presidente y la Cámara todavía no ha llegado a una plena crisis constitucional, pero podría si el presidente decide ignorar no solo al Congreso sino también a las cortes que han empezado a respaldar los pedidos legislativos.

Tercero, y profundamente relacionado a los otros desafíos, tenemos un presidente que alienta uno de los peores cánceres que pueden afectar una democracia: la impunidad.

Uno de los pocos poderes casi absolutos que tiene un presidente para lo cual no existen contrapesos ni legislativos ni judiciales es el poder de otorgar indultos.

Desde los primeros días de su mandato, el presidente Trump ha utilizado este poder de una forma inusual. Ha perdonado, por ejemplo, a aliados políticos como Joe Arpaio, exsheriff en Arizona quien fue condenado criminalmente por ignorar ordenes judiciales, y a amigos personales cercanos como Conrad Black.

Pero en las últimas semanas el presidente ha estado considerando utilizar el poder de una manera profundamente preocupante para perdonar a soldados condenados por crímenes de guerra.

Que el comandante en jefe decida indultar a personas que violaron las leyes de guerra manda un mensaje preocupante no solo dentro de las fuerzas armadas, con oficiales y exoficiales militares de alto rango opuestos a los indultos, pero también a toda la sociedad. Y mina la democracia estadounidense.

El concepto de “excepcionalísimo estadounidense” que permea la psicología nacional en EE.UU. lleva a muchos a pensar que el país es diferente y superior a otros.

Eso bien puede ser, pero en términos de los peligros que enfrenta su democracia, hoy Estados Unidos tristemente se encuentra en una situación nada excepcional en el contexto hemisférico y global.