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Pamplona es una fiesta

Pamplona es una fiesta

A San Fermín venimos

Por Miguel Ángel Antoñanzas

Fuente de datos históricos: Servicio de prensa del Ayto. de Pamplona, España

De leyendas y verdades

No, los toros no corren libremente por las calles de Pamplona durante horas, tampoco es cierto que en cada carrera haya víctimas mortales o que los toros mueran en el recorrido poblado de intoxicados etílicos. De hecho, desde que se tiene registros históricos de los encierros apenas han fallecido en esta carrera un total de 16 personas, aunque claro está, una sola muerte es mucha.

Como son muchas las leyendas urbanas acerca de uno de los festivales más famosos del mundo, pero no todas son ciertas.

Si hablamos del acto más conocido internacionalmente y ahora también polémico, hay que aclarar que en el encierro corren seis toros guiados por dos grupos de cabestros por un recorrido muy limitado, doblemente vallado y con servicios de emergencia en sus principales puntos de sus apenas 800 metros de recorrido. Pero es que además las fiestas son mucho más que este acto diario que apenas dura 4 minutos. Son unas fiestas abiertas, alegres y cosmopolitas que combinan tradición con transgresión.

Te lo cuento aquí.

San Fermín, Patrón de Navarra

Curiosamente San Fermín no es el patrono de Pamplona sino de toda la comunidad de Navarra, junto con otro santo quizás más conocido como San Francisco Javier. El patrón de Pamplona es San Saturnino, pero las fiestas más famosas de todo este viejo reino, son en honor a San Fermín y no al pobre Saturnino.

Pero empecemos como toda buena historia por el principio, el origen de las fiestas se remonta, a la Edad Media, entonces se celebraban unas funciones religiosas cada 10 de octubre en homenaje a un santo, San Fermín. La historia de este santo empezó muchos siglos antes.

Al parecer este Fermín era hijo de un senador de la ciudad romana de Pompaelo, que es así es como se llamaba Pamplona entonces.

Pero Fermín, que ya debía ser un poco rebelde para la época, se hizo cristiano y cruzando los Pirineos, se puso a evangelizar las Galias, y parece que hizo carrera, porque con tan sólo 24 años le hicieron obispo de la ciudad de Toulouse.

Fermín siguió con su labor evangelizadora hasta que llegó a oídos del gobernador romano llamado Sebastián, quién ofrecía el culto a otros dioses, concretamente a Júpiter y Mercurio. Parece que a Sebastián no le gustaron mucho los sermones de Fermín, que le quitaba feligreses y por eso ordenó su degüello. Seguro que entremedio hubo más drama, pero nos perdimos esos capítulos y quizás la temporada entera, pero tenemos que seguir con este relato del origen de los sanfermines.

Cuenta la tradición que la sangre que manó de la garganta de Fermín fue la inspiración del pañuelo rojo que se lleva anudado al cuello durante estas fiestas. Pero esto es lo que dice la leyenda, y ya saben que tradición, leyenda y verdad son fáciles de confundir.

Pero sigamos, ¿cómo llegó la noticia de un santo de Amiens a Pamplona?, pues gracias a la peregrinación que se hacía en la Edad Media desde toda Europa hasta Santiago de Compostela, en Galicia, en el noroeste del país. Ya saben, para orar ante los restos del apóstol Santiago quien supuestamente acabó en este rincón del noroeste de España. Parece ser que los que habían pasado por Amiens contaban en Pamplona que en su vecina Francia se veneraba a un santo pamplonica.

Como veis, al principio, todo muy religioso, pero como suele pasar, los festejos en torno al recuerdo del santo pasaron poco a poco a algo más mundano. Primero comenzaron a celebrar comidas para los pobres, luego la procesión al santo se acompañaba con música y bailes, y finalmente en 1.591 se decidió que hacía mucho frío para bailar al aire libre en octubre y que era mejor el verano, por eso se cambió al actual 7 de julio. Aunque hay que recordar que las fiestas comienzan a las 12 del mediodía del 6 de julio.

Historia del encierro

De todos modos, estas decisiones no son caprichosas, en julio coincidía con una feria de animales y viandas que aglutinaba a comerciantes, compradores y curiosos, y allí comenzaron también a organizarse corridas de toros.

Y ya habiendo toros, pues había que llevarlos desde los corrales fuera de la ciudad a la plaza donde serían lidiados, estamos hablando del siglo XIV…que mira que ha llovido. Ese traslado se hacía de noche para no poner en peligro a la población, y parece que una vez a alguien se le ocurrió la idea de saltar a las calles y de correr delante de los toros, quizás como diversión, y así empezó todo. Se corrió la voz entre los jóvenes, y total que los encierros se convirtieron en algo popular, tanto que ya un 28 de junio de 1876 se aprobó oficialmente como festejo.

Pero entonces el encierro no era conocido fuera de Navarra, hasta que en la década de 1920, llegó un escritor estadounidense, amante de las fiestas, los toros y las mujeres, el señor Ernest Hemingway, Ernesto para los amigos, y quien en 1926 decidió publicar The Sun Also Rises, novela que en el Reino Unido y España, entre otros países, decidieron titularla algo más corto para resumirla, Fiesta, total era eso ¿no?

Y ya de allí, el colorido del encierro, las fotos, la televisión, y ya tenemos montada la fiesta española más internacional, sin desmerecer a otras muy conocidas de la piel de toro, como las Fallas o la Tomatina valencianas, la Feria de Abril sevillana o la de San Isidro madrileña.

En todo caso, lo mejor, es vivirlas todas y ¿por qué no comenzar por Pamplona?

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