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Elizabeth Warren: Pude ir a la universidad con un salario de mesera. Los estadounidenses ya no pueden hacerlo

Por Elizabeth Warren

Nota del Editor: Elizabeth Warren es una de los 10 aspirantes presidenciales que el martes 30 de julio a las 8 P.M. (Miami) participará en un debate del Partido Demócrata en CNN. Otros diez aspirantes debatirán el miércoles por la noche. Warren es senadora por el estado de Massachusetts. Las opiniones expresadas en esta columna son propias de la autora.

(CNN) – Cuando tenía 12 años, mi papá tuvo un ataque al corazón y pensamos que se iba a morir. Por mucho tiempo, no pudo trabajar. Perdimos la camioneta familiar y estuvimos a casi nada de perder la casa.

Un día entré a la habitación de mis padres y en la cama estaba el vestido, ese que solo aparece cuando hay casamientos, funerales y graduaciones. Mamá todavía vestía de entrecasa mientras iba y venía por la habitación repitiendo: “No perderemos esta casa”. Tenía 50 años y nunca había trabajado fuera de casa. Pero se secó las lágrimas, se puso ese vestido, se calzó sus tacos altos y caminó hasta Sears, donde consiguió un trabajo por el salario mínimo para contestar llamadas. Ese trabajo salvó a nuestra familia.

Crecí en Oklahoma con tres hermanos mayores que se unieron a las fuerzas armadas. De chica, quería ser maestra de escuela pública. Pero para eso se necesitaba un título universitario, y para obtenerlo se necesitaba un dinero que mi familia no tenía. Así y todo, le encontré la vuelta. Conseguí una beca y fui a la Universidad George Washington.

Como muchos estadounidenses, mi historia no es exactamente una línea recta. Dejé la universidad a los 19 cuando el primer muchacho al que amé me pidió que me casara con él, y conseguí trabajo respondiendo llamadas. Si bien pensé que mi sueño de enseñar estaba perdido, tenía un buen trabajo y una buena vida.

Luego, me enteré de la Universidad de Houston. Era una universidad pública con carreras de cuatro años a 40 minutos y estudiar allí costaba solo US$ 50 por semestre, algo que podía pagar con un salario de tiempo parcial como mesera. Obtuve mi título y fui maestra para estudiantes con discapacidades del habla y de aprendizaje. Logré vivir mi sueño.

Mi papá terminó como portero, pero yo llegué a ser maestra, profesora en una facultad de Derecho, senadora de Estados Unidos y ahora candidata a presidente porque la educación superior me abrió un millón de puertas. Pero las oportunidades que yo tuve no existen más.

Los estados han recortado las inversiones por estudiante en las universidades locales con carreras terciarias y en las universidades públicas con carreras de cuatro años. Como resultado, para cerrar la brecha las instituciones han elevado las matrículas y otros costos académicas. El gobierno federal ha empujado a las familias que no pueden pagar los exorbitantes costos de la educación superior a pedir créditos.

Estamos enfrentando hoy una crisis de deuda crediticia estudiantil que está frenando a toda una generación. Es un lastre para nuestra economía, que reduce las tasas de propietarios de viviendas y hace que menos personas emprendan negocios. Esta crisis también fuerza a los estudiantes a dejar sus estudios antes de obtener un título. Tenemos que resolver esta crisis sin dudarlo y tengo un plan para hacerlo.

Mi plan cancelará hasta US$ 50.000 en deuda crediticia estudiantil para el 95% de las personas que la tienen. Al mismo tiempo, aumentará la riqueza de las familias negras y latinas, y se reducirán las brechas de riqueza entre negros y blancos y entre latinos y blancos. Será un enorme estímulo para la clase media que revitalizará nuestra economía.

Mi plan incluye también que los terciarios técnicos de dos años y los públicos de cuatro años sean gratuitos porque la educación superior no debería ser un privilegio para los ricos. Como parte de mi compromiso para solucionar las inequidades en la educación superior, también invertiré un mínimo de US$ 50.000 millones en un fondo para terciarios y universidades históricamente negros y para instituciones orientadas a las minorías. Otra inversión de US$100.000 millones en los próximos 10 años irá a los subsidios Pell para que los estudiantes puedan graduarse libres de deuda.

Todo el costo de mi plan para la amplia cancelación de la deuda y la universidad gratuita y universal se cubrirá con mi Impuesto Ultramillonario: un pequeño impuesto del 2% a cada dólar de patrimonio neto por sobre los US$ 50 millones, que afectaría solo a las 75.000 familias más ricas en EE.UU.

El tiempo de las medias tintas se ha acabado. Podemos hacer un gran cambio estructural y crear nuevas oportunidades para todos los estadounidenses. 

(Traducción de Mariana Campos)