CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery

Voto Latino

Voto Latino

Julián Castro: Por qué mi madre me sacó de sexto grado

Por Julián Castro

Nota del editor: Julián Castro es uno de los 10 aspirantes presidenciales que participan este miércoles a las 8 P.M. (Miami) en uno de los debates del Partido Demócrata en CNN. Otros diez aspirantes debatirán el martes por la noche. Castro fue el secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano durante el mandato del presidente Barack Obama y antes alcalde de San Antonio, TexasLas opiniones expresadas aquí son propias del autor.

(CNN) — “Miren a su alrededor”, dijo con voz firme un funcionario de la escuela, casi desafiando a la multitud reunida de los nuevos estudiantes de sexto grado y sus padres. En 1986, yo estaba sentado en un caluroso auditorio con mi madre y mi hermano Joaquín, esperando con nervios el inicio del nuevo año escolar. “Estadísticamente, lo más probable es que la mitad de ustedes no estén aquí cuando llegue el momento de graduarse de octavo grado”. Esas fueron unas infames últimas palabras.

A la mañana siguiente, mamá anunció que iríamos a otra escuela pública con un programa especial de lengua extranjera, a tres kilómetros. Mi madre, una activista chicana y rebelde, tenía mayores aspiraciones para nosotros. 

Más tarde reflexioné sobre cuán profunda fue esta lección. Las bajas expectativas eran una realidad trágica en las escuelas segregadas en el Westside de San Antonio, donde Joaquín y yo crecimos. En nuestra nueva escuela, los maestros nos apoyaron, mamá nos alentó y sobresalimos. Sin embargo, seguí pensando en nuestros amigos que se quedaron atrás. Recordé esa estadística que eventualmente resultó ser cierta para muchos de nuestros antiguos compañeros de clase.

Nunca dejé de creer que no había nada diferente entre ellos y nosotros, excepto por la oportunidad. 

El 3 de abril de 1992 es otra fecha que jamás olvidaré. Dos sobres blancos idénticos tamaño carta llegaron con un mensaje especial: “Bienvenido a la clase de Stanford de 1996”. Una breve euforia estalló entonces. Unas semanas más tarde, llegó la factura, y esa fue una ocasión menos alegre. El salario de mamá era menos de la mitad del costo de la matrícula para nosotros, los gemelos. Pero cerrar la brecha entre los medios y los gastos fue una inversión del gobierno federal: la beca Pell, los préstamos Perkins y trabajar y estudiar a la vez harían de esta oportunidad educativa una posibilidad real. Generaciones de sacrificio y trabajo duro habían conducido a este momento. 

Mi abuela nunca pasó de tercer grado y trabajó toda su vida como mucama, cocinera y niñera. La decisión de mamá de soñar en grande para Joaquín y para mí llevó a un viaje poco probable, una historia posible solo en esta gran nación. Solo dos generaciones después de que mi abuela se mudó aquí como huérfana, un nieto es miembro del Congreso y soy candidato a la presidencia de Estados Unidos.

Aprendí una lección importante mientras estudiaba en algunas de las mejores escuelas de EE.UU. y en algunas de las más marginadas: el talento es universal pero las oportunidades no. Los estudiantes con los que compartí la biblioteca en la Escuela Secundaria Tafolla no fueron menos capaces que aquellos con los que competí en Stanford y Harvard. Nuestra misión debe ser expandir las oportunidades educativas para todos. Creo en el poder de la educación para transformar vidas, no solo por mi propia experiencia, sino por la fuerte evidencia de que es el mejor retorno de la inversión.

Como alcalde de San Antonio, ignorando las encuestas y los consultores políticos, les pedí a los votantes aumentar el impuesto a las ventas para invertir en educación preescolar de jornada completa de alta calidad.

El argumento era simple: las investigaciones sugieren que por cada US$ 1 invertido en educación temprana, la sociedad se beneficia de US$ 9 a largo plazo, debido a la reducción del delito y los salarios más altos. Y está funcionando. Los estudiantes del programa “Pre-K 4 SA” obtienen calificaciones superiores al promedio en las evaluaciones de lectura de tercer grado, una métrica clave para el éxito futuro, con habilidades matemáticas más sólidas y mejor asistencia.

La educación temprana ayuda a los estudiantes a comenzar bien y les impide quedarse atrás. Como candidato a presidente, propongo prekínder para EE. UU., lo que significa educación universal para la primera infancia para cada niño de 3 y 4 años en el país, financiado por subsidios a gobiernos estatales y locales. Creo que el prekínder es la mejor inversión que podemos hacer como nación para prosperar en esta economía global del siglo XXI. 

Necesitamos un nuevo compromiso del gobierno federal para garantizar que cada estudiante tenga oportunidades de una educación de calidad, desde prekínder hasta la universidad y más allá.

El plan educativo de “My People First” es integral y transformador, y combate agresivamente las desigualdades e inequidades históricas: preescolar a nivel nacional, modernización de la infraestructura escolar, universidad pública sin costo, reforma de la deuda estudiantil, US$ 3.000 millones para apoyar a colegios y universidades históricamente negras e instituciones que atienden a minorías, con clases más pequeñas, mayores salarios docentes y créditos fiscales, e incentivos para enseñar en comunidades marginadas. Les aliento a explorar todos los detalles en su totalidad. 

Para mí, el poder de la educación es personal y, como presidente, haré todo lo posible para expandir las oportunidades educativas para todos. Estoy convencido de que EE.UU. puede ser la nación más inteligente, sana, justa y próspera de la Tierra en el siglo XXI. Esa visión comienza con la educación universal de prekínder y una inversión sin precedentes en la juventud estadounidense. Ahora es el momento de ser audaces e intrépidos en nuestra ambición por nuestros hijos y nietos, y por nuestro futuro.