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John Delaney: La historia de mi abuelo me recuerda lo que le debemos a Estados Unidos

Por John Delaney

Nota del editor: John Delaney es aspirante presidencial demócrata. Delaney es exlegislador por Maryland y empresario. Las opiniones expresadas en este comentario son propias del autor.

(CNN) – Mi abuelo vino a este país en 1923; desembarcó en la Isla Ellis con su madre y siete hermanos y hermanas. Si bien a sus hermanos les permitieron ingresar al país, a él lo detuvieron, lo separaron de su familia y lo colocaron para ser deportado porque tenía un solo brazo (como consecuencia de una lesión infantil). A la gente con discapacidades no se les permitía ingresar en esa época.

Su familia apeló, y por aquellas cosas del destino, su caso fue visto por un juez que también tenía un solo brazo. Él siempre decía que en cuanto vio al juez supo que ese sería el día en que se convertiría en ciudadano estadounidense.

El sentido de compasión y humanismo le dieron una oportunidad, e intentó aprovecharla al máximo trabajando en una fábrica de lápices durante toda su vida. Su hija, mi madre, se casó con mi padre, un electricista agremiado que había prestado servicio en el ejército entre las guerras de Corea y Vietnam. Nos criamos en una familia de clase trabajadora en un barrio de clase obrera. Nuestra familia tenía cobertura de salud por el sindicato de mi padre, y una beca de la Hermandad Internacional de Trabajadores Eléctricos me ayudó a ir a la universidad; una oportunidad que mis abuelos y mis padres nunca tuvieron. Eso me permitió llegar a ser empresario, director ejecutivo y después miembro del Congreso.

He pensado mucho en la historia de mi abuelo en las últimas semanas, porque tenemos una Casa Blanca que no está mostrando compasión ni humanidad, en particular en torno al tema de la inmigración.

Peor aún, el presidente está haciendo un gran esfuerzo para dividir al país. Ahora mismo, estamos divididos por partidismo, raza, religión, clase, etc. Estas divisiones nos están debilitando y están matando el sueño estadounidense.

Irónicamente, esto es prácticamente lo único en lo que coincidimos. Una encuesta de NBC/Wall Street Journal realizada el año pasado halló que 80% de los estadounidenses creen que nuestro país está dividido. Otra encuesta, realizada por The Atlantic y el Instituto Público de Investigación sobre Religión, halló que los “estadounidenses creen casi unánimemente que el país está dividido por política“, un 91% cree que ese es el caso.

Y tiene sentido. Pasamos tanto tiempo aislados el uno del otro. Nuestras comunidades siguen estando racial y económicamente segregadas. Nuestras noticias en las redes sociales están llenas de personas que tienen nuestra visión política, y nuestra sociedad desigual a menudo apenas si nos da una perspectiva sobre cómo vive la gente en otras comunidades.

Necesitamos un gran cambio, una transformación para que Estados Unidos no se siga dividiendo. Necesitamos un servicio nacional obligatorio. Es hora de unir al país, para restaurar nuestro sentido de propósito compartido y reconstruir un destino nacional común e inclusivo.

Este año, cuando anuncié mi plan de servicio nacional, llamé a expandir los programas que tenemos y a crear nuevos incentivos para el servicio. Pero los votantes me siguen diciendo que debemos ir más allá. Puede que un programa voluntario logre hacer más atractivo el servicio para quienes ya quieren hacerlo, pero no será la solución a gran escala que realmente necesitamos.

Bajo mi nuevo plan, todos los estadounidenses tendrán como requisito servir a su país al menos durante un año. Este requisito se aplicará a todos al cumplir los 18 años, sin excepciones. Creo que todo estadounidense es valioso y todo estadounidense puede y debe servir. También creo que tenemos que alejarnos de la noción de que se aplican distintas reglas a distintas personas, que quienes tienen medios o conexiones no servirán al igual que todos los demás. Así que seamos claros: el servicio nacional será obligatorio para todos.

Mientras sirven a su país, los participantes recibirán un salario y a cambio recibirán dos años de estudios gratuitos en un terciario o universidad pública. Este beneficio se podrá usar también para el entrenamiento técnico o vocacional. Si sirven por dos años, recibirán tres años de colegiatura gratuita del estado en que residen. Además de este beneficio educativo, los participantes obtendrán también experiencia laboral y aprenderán nuevas habilidades, que los prepararán mejor para el resto de sus carreras.

Mi programa de servicio nacional tiene cuatro componentes. Los dos primeros mejoran lo que ya está funcionando. Primero, se podría cumplir con los requisitos mediante el servicio militar. Los detalles y características del servicio militar no cambiarían, pero con un énfasis renovado en el servicio nacional podemos esperar que más gente, con una variedad más amplia de experiencias vividas, consideraría servir en nuestras fuerzas armadas; y creo que eso es algo bueno. Segundo, elevaríamos y expandiríamos nuestros programas de servicios comunitarios existentes como AmeriCorps.

Mi programa nacional de servicio incluye también dos componentes nuevos fascinantes: un programa Nacional de Aprendizaje en Infraestructura y un Cuerpo Nacional del Clima. Después de décadas de baja inversión en infraestructura y enfrentados al nuevo desafío del cambio climático, necesitamos reconstruir, relanzar y reinventar nuestra infraestructura local.

Para estas nuevas iniciativas trabajaremos estrechamente con los gobiernos estatales. Para infraestructura, el gobierno podría conformar sociedades mixtas con empresas y sindicatos para ofrecer contratos de aprendizaje. Al completar su servicio, los participantes recibirían un certificado profesional. Para el Cuerpo del Clima, los participantes colaborarían en proyectos de energía limpia, tales como hacer instalaciones solares, mejorar la eficiencia edilicia, desarrollar jardines comunitarios y aumentar la concientización sobre la sostenibilidad.

Mi abuelo estaba tan orgulloso del país que lo acogió, y creo que un nuevo programa nacional de servicio universal haría que millones de personas sintieran un orgullo similar por su país: un país que verían de un modo totalmente distinto debido a su servicio.

Con un servicio nacional obligatorio, creamos un futuro en el que los jóvenes comiencen sus vidas adultas dedicando un tiempo al servicio de su país y trabajando junto a personas de todo el país. Donde gente de California, Kentucky y Maine trabajen codo a codo, guiando a estudiantes en Baltimore; donde personas que se criaron en los suburbios, en comunidades agrícolas, en zonas carboníferas, y en comunidades urbanas se conocerán, aprenderán la una de la otra y verán de primera mano que seguimos teniendo mucho en común.

Hay mucho trabajo por hacer en Estados Unidos y muchos lugares donde la gente necesita ayuda. Todos deberíamos cumplir un rol en elevarnos el uno al otro. Y en el proceso, pensaremos de otro modo sobre nuestras responsabilidades para con los demás.

(Traducción de Mariana Campos)