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Comercio

El nuevo acuerdo comercial de Trump con Canadá y México es justo lo que necesitamos. Los demócratas deberían apoyarlo

Por Miriam Sapiro

Nota del editor: Miriam Sapiro es asesora principal de la Coalición USMCA Pass y fue representante comercial adjunta e interina durante la administración Obama. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente suyas.

Las posibilidades de que el Congreso ratifique un nuevo acuerdo comercial con México y Canadá aumentaron el mes pasado cuando la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo: “Avanzamos” y manifestó la esperanza de “un camino continuo hacia el sí”.

No hay acuerdo comercial perfecto. Pero el Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (USMCA, por sus siglas en inglés), que podría reemplazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, conocido en inglés como Nafta), es mejor que el TLCAN en varios aspectos, especialmente en lo que respecta a los derechos de los trabajadores y el medio ambiente.

Elaborado a principios de la década de 1990, el TLCAN ayudó a hacer crecer la economía de Estados Unidos, así como la de Canadá y México, y fortaleció la integración regional a un nivel sin precedentes. Hoy, ambos países son los dos socios comerciales más grandes de Estados Unidos, y nuestro comercio a tres bandas sostiene más de 12 millones de empleos en Estados Unidos.

Pero el TLCAN carece de muchas de las disposiciones que hoy son estándar en los acuerdos comerciales estadounidenses.

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La protección del medio ambiente se abordó solo tardíamente en un acuerdo paralelo que incluía recomendaciones no vinculantes, no obligaciones exigibles. Por el contrario, el USMCA incorpora todas las obligaciones ambientales en el núcleo del acuerdo, lo que las hace exigibles. Incluye disposiciones para combatir el tráfico de vida salvaje, peces y madera; para mejorar la calidad del aire; y para frenar la contaminación marina.

El TLCAN también abordó los derechos laborales en un acuerdo paralelo que no contenía obligaciones vinculantes o protecciones estandarizadas entre México, Canadá y Estados Unidos. Los salarios se mantuvieron bajos en México, lo que durante años atrajo a compañías estadounidenses. México también carecía de incentivos suficientes para reformar sus leyes laborales, al no reconocer el derecho de los trabajadores a negociar colectivamente y afiliarse a sindicatos.

El USMCA mejoraría el status quo de varias formas. El acuerdo garantiza a los trabajadores mexicanos el derecho a sindicalizarse, exige condiciones de trabajo seguras y prohíbe el trabajo forzado. También prohíbe la interferencia del empleador en las actividades sindicales y requiere que México establezca tribunales independientes para juzgar disputas laborales.

Al aumentar los salarios y los beneficios en México, tales disposiciones reducirán los incentivos de las empresas estadounidenses para externalizar empleos. Esas protecciones laborales más fuertes también ayudarán a los consumidores mexicanos y a las pequeñas empresas. Cuando los trabajadores se llevan a casa más dinero y se sienten más seguros en sus trabajos, gastan con más libertad.

El USMCA también ayudaría a traer más manufactura a Estados Unidos. El acuerdo requiere que entre el 40% y el 45% de las piezas de los automóviles sean fabricadas por trabajadores que ganen al menos $ 16 por hora. Este piso salarial, que las compañías automotrices estadounidenses han apoyado, ayudaría a impulsar la producción nacional al alentar a más productores automotrices a establecer y mantener su sede en Estados Unidos.

El nuevo acuerdo también fomenta la innovación estadounidense al fortalecer las protecciones de propiedad intelectual. Estados Unidos ha sido durante mucho tiempo un líder en avances tecnológicos, pero nuestra ventaja comparativa se ve erosionada, junto con los empleos que crea, cuando no se controla la piratería, la falsificación y otros tipos de robo de propiedad intelectual por parte de nuestros socios comerciales extranjeros. Por eso es necesario garantizar que nuestros socios comerciales protejan y apliquen los derechos de propiedad intelectual.

La innovación médica, por ejemplo, depende de una fuerte protección de la propiedad intelectual. Se pueden gastar miles de millones de dólares y dedicar más de una década a llevar un medicamento del laboratorio a los estantes de las farmacias. Las fuertes leyes de propiedad intelectual permiten que los innovadores sean compensados por su trabajo, lo que incentiva futuras inversiones en investigación y desarrollo que pueden beneficiar a los pacientes en cualquier lugar.

Algunos demócratas temen que el fortalecimiento de las protecciones de propiedad intelectual en el extranjero puedan aumentar los precios de los medicamentos en Estados Unidos. Temen que una sólida protección de la propiedad intelectual bajo el USMCA permita a los fabricantes mantener los costos de los medicamentos en Estados Unidos más altos por períodos más largos. Tales preocupaciones son injustificadas. De hecho, no hay nada en el USMCA que impida a los legisladores trabajar para bajar los precios de los medicamentos.

El éxito de cualquier acuerdo comercial depende de sus disposiciones de supervisión y aplicación. A diferencia del TLCAN, las disposiciones laborales y ambientales del USMCA serán tan exigibles como otras partes del acuerdo.

A algunos legisladores les preocupa que México no haga cumplir los requisitos laborales del USMCA. Para abordar esas preocupaciones, el representante de Comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, ha estado explorando mecanismos adicionales para verificar el cumplimiento por parte de México. Y México está tomando medidas para garantizar que contará con la experiencia técnica, el personal y otros recursos necesarios para implementar plenamente las reformas laborales que ha emprendido.

Algunos también se cuestionan si las disposiciones de resolución de disputas entre estados incluidas en el acuerdo, que actualmente permiten a cualquiera de los tres países bloquear un reclamo presentado por otro país, serán lo suficientemente ágiles como para hacer frente a posibles violaciones. Lighthizer también está examinando formas de abordar esta preocupación.

Los llamados de Pelosi a mejorar el USMCA y la capacidad de respuesta de Lighthizer son bienvenidos. De hecho, esta no es la primera vez que Pelosi ha logrado mejoras en un acuerdo comercial antes de su aprobación, como vimos cuando el Congreso revisó por primera vez los acuerdos que el presidente George W. Bush había negociado con Perú, Corea, Colombia y Panamá.

Si el Congreso decide rechazar el acuerdo, existe un riesgo real de que el presidente Trump pueda retirarse completamente del TLCAN. Eso alteraría las cadenas de suministro establecidas en los últimos 25 años y destruiría partes de la economía estadounidense. Considerando que cada vez más economistas predicen una desaceleración o recesión, ahora no es el momento de poner en riesgo millones de empleos en Estados Unidos.