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Inmigración

Inmigración

Actitudes sobre la inmigración en Estados Unidos

Por Roberto Izurieta

Nota del editor: Roberto Izurieta es director de Proyectos Latinoamericanos en la Universidad George Washington. Ha trabajado en campañas políticas en varios países de América Latina y España y ha sido asesor de los presidentes Alejandro Toledo de Perú, Vicente Fox de México y Álvaro Colom de Guatemala. Izurieta es analista de temas políticos en CNN en Español. Tanto Roberto Izurieta como Sandra Torres trabajaron en la campaña de Álvaro Colom

(CNN Español) — Los resultados de la última encuesta encargada por CNN sobre las actitudes de los estadounidenses con respecto a la inmigración y la diversidad son sumamente estimulantes; sobre todo en estos momentos, cuando sentimos que los principios y valores de la nación están siendo cuestionados.

Pienso que para la mayoría fue una conmoción conocer la conversación entre el presidente Donald Trump y su homólogo de Ucrania, Volodimir Zelenski. Para los republicanos fue, por decir lo menos, una acción inapropiada; para todos los demás: ilegal. Mucho más grave y desorientador fue cuando el presidente Trump nos volvió a confundir doblando su apuesta y anunciando que le pedirá lo mismo a China. Es decir, que investigue al hijo de su oponente de campaña, el precandidato demócrata Joe Biden, quien fue vicepresidente del gobierno de Barack Obama. Es en estos momentos cuando sentimos que estamos perdiendo el norte, los principios y valores. Sin embargo, esta encuesta de CNN sobre la fibra misma de la nación nos puede dar esperanzas que no se está perdiendo ese norte; al menos en temas de inmigración y diversidad.

La encuesta no es fácil de interpretar, por eso quiero poner por escrito mi propia interpretación. Por mi trabajo y profesión leo encuestas semanalmente. La mayoría son fáciles de interpretar. Pero las que involucran principios, valores, actitudes y emociones son las más difíciles de leer, por complejas y aparentemente contradictorias. Esta es una de esas pocas.

El principal resultado de esta encuesta es de amplio apoyo a la diversidad. El 81% de los consultados cree en el concepto fundamental de que las distintas razas, grupos étnicos y nacionalidades enriquecen la cultura estadounidense.

Este resultado es muy claro y firme pero, además, lo positivo es que ha crecido en los últimos años, con un 11% de incremento desde 2016. Esto quiere decir que el discurso político negativo sobre la inmigración no ha dado resultado. Es más, ha aumentado el nivel de apoyo a la diversidad racial y la inmigración como componente esencial de la cultura estadounidense. Es, además, totalmente coherente con otra respuesta de los encuestados, y es que la enorme mayoría de los estadounidenses (2 a 1) rechazan la forma en que el presidente Trump está manejando este tema.

Otro resultado positivo de la encuesta es que, a pesar de la retórica política de los últimos tres años, la mayoría de los hechos de discriminación (o lugares donde se ejercen) no se han incrementado. La mayoría de las acciones discriminatorias de la que son objeto la mayoría de las minorías (negros estadounidenses, hispanos, asiáticos) no ha aumentado, más bien ha disminuido. Vale destacar que, si bien no hay incremento, son definitivamente niveles muy altos para ser aceptados en una nación civilizada: Para los estadounidenses de raza negra en particular, 17% de los actos de discriminación se producen en el lugar de trabajo; 27% en restaurantes o bares; 19% al tratar de arrendar un lugar para vivir y 5% cuando van a votar.

Hay al menos dos resultados que nos llaman a la alarma y la acción: el 51% de los negros y el 25% de los hispanos tienen miedo por su vida por razones de su raza u origen. Este porcentaje ha aumentado desde 2015 cuando era 45% para los estadounidenses de raza negra y 20% para los hispanos.

A esto hay que añadir otro factor de alarma y que se observa en el aumento de las amenazas discriminatorias que dicen haber recibido los hispanos consultados en lugares más abiertos como sitios de compras, que han subido de 6 puntos desde 2015, pasando del 18% a 24%.

¿Qué nos dice este resultado contradictorio? Que si bien la población general es más consciente y sensible sobre los hechos de discriminación (al menos conceptualmente), hay sectores minoritarios radicales que se han fortalecido, agrupados en sus redes sociales extremistas. Alimentados por la retórica política agresiva (y las noticias falsas) cometen actos de discriminación y hasta de violencia, como lo confirma el aumento de denuncias de agresiones contra las minorías – sobre todo hispanas – en los últimos años. Los agresores se envalentonan en espacios donde puedan encubrir cobardemente sus actos en el anonimato y evitan ser racistas en el lugar de trabajo, votación o cuando alquilan una vivienda.

En momentos en que la retórica política parece que está cambiando nuestros principios y valores, y tememos los efectos del discurso racista antinmigrante, esta encuesta nos dice que, por el contrario, los principios y valores a favor de la diversidad se han fortalecido.

Algunos podrán argumentar, con razón, que la gente responde en la encuesta lo “políticamente correcto”. Pues bien, tener claro lo que es políticamente correcto, puede ser una señal de que sabemos asertivamente y reconocemos lo que es correcto. Sin duda, el siguiente paso es hacer lo correcto.

La estrategia del presidente Trump es reforzar su base electoral, no buscar a los independientes. La base electoral del presidente está alrededor del 30 o 40%. Este porcentaje le permitió ganar la elección (a través de la designación en el colegio electoral, pero es bueno recordar que perdió por el voto popular con casi 3%). La elección intermedia también fue una derrota. Si bien conservó el Senado, solo estaba en disputa un tercio y aún ese tercio era favorable al presidente. Su estrategia es apostarle a su base política. Pero ante la discriminación y el respaldo a su retórica antinmigrante su base se achica y eso es muy positivo para la sociedad. La moraleja, por ahora, es muy simple: no apostar a opiniones extremas y ser más conciliadores con los que así lo hacen, para no empujar cada vez más a los extremos.