CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery

Donald Trump

Donald Trump

Hasta los republicanos saben que Trump no puede realizar las funciones presidenciales

Por Jill Filipovic

Nota del editor: Jill Filipovic es una periodista radicada en Washington y autora del libro “The H-Spot: The Feminist Pursuit of Happiness.” Sígala en Twitter. Las opiniones expresadas en este artículo son propias de la autora.

(CNN) — El presidente Donald Trump finalmente ha logrado hacer algo tan indignante que algunos colegas republicanos claves han dado el paso casi inaudito… de criticarlo.

¿Qué puede haber hecho para que encontraran el coraje y rompieran filas con el presidente de manera pública y contundente —algo encomiable— y que lo desafiaran? Un error en política exterior que deja expuesto a un aliado clave en la lucha contra ISIS a un peligro considerable. Pero en esos republicanos que han dado un paso al frente y condenan su acción, es probable que también esté influyendo un cálculo político deprimente.

Para empezar, el presidente ha sumido una vez más la política exterior estadounidense en el caos —de manera impulsiva y destructiva—, esta vez en Siria. Después de un llamado telefónico con el presidente turco Recep Tayip Erdog᷃an, Trump anunció el domingo que retiraría las tropas de la frontera turca con el norte de Siria. Turquía ha dejado claro que invadiría y destruiría a los kurdos sirios, aliados de EE.UU. a quienes Turquía ve como terroristas.

Esto significa que Trump ha abandonado efectivamente a los kurdos a su suerte; los kurdos, los que han luchado valiente y efectivamente junto a los intereses estadounidenses, ayudando a destruir el poder de ISIS. Esta acción también abre la puerta a otros personajes corruptos en la región, desde Rusia hasta Irán, o los combatientes de Assad o ISIS.

A medida que fueron aumentando las críticas contra esta decisión durante la semana (el aliado de Trump, el senador Lindsey Graham lo denominó “una mancha al honor estadounidense”), Trump publicó un tuit sorprendente y extraño en el que advertía que “si Turquía hace algo que yo, en mi gran e insuperable sabiduría, considero fuera de los límites, destruiré y arrasaré por completo la economía de Turquía (¡lo he hecho antes!)”. (No lo ha hecho).

Los republicanos han señalado que abandonar a los kurdos deja vulnerable a EE.UU.: incumplir nuestros compromisos militares, comprometerse con la protección de los aliados para luego dejarlos totalmente expuestos a ataques nos conduce por un peligroso camino de defensa en solitario. Al presidente no parece importarle. Manifiesta un deseo de sacar a EE.UU. de “guerras interminables” – un objetivo encomiable también – pero no parece entender que la chapucería de esta salida será un bumerán y dejará un gran número de muertos.

“No importa”, parece decir el presidente. Descartó estas guerras al tildarlas de “tribales” —una caracterización ignorante, condescendiente y racista— antes de escribir que a los kurdos “les pagaron cantidades enormes de dinero y equipamiento” para luchar con nosotros. Es una muestra de cómo piensa el presidente: la lealtad hacia los otros y la estrategia a largo plazo importan poco; con el soborno es que se consigue lo que uno quiere.

Lo que nos lleva al fortalecimiento repentino del valor republicano. Es excelente que los halcones republicanos estén criticando la política exterior de Trump cuando pone en peligro los intereses de EE.UU. y las vidas de nuestros aliados (aunque su propio deseo de una guerra interminable, y los dólares del aparato industrial militar que genera, es un motivo perdurable y repugnante).

Pero resulta revelador que los republicanos estén dispuestos a criticar al presidente por un asunto que no ha generado ni probablemente genere una catarata de tuits denigrantes y dañinos por parte del presidente y, por lo tanto, probablemente no les haga perder votantes, dado que muy pocos estadounidenses votan principalmente por la política exterior, y la cuestión de que abandonemos a los kurdos probablemente no atraiga ni aleje a mucha gente de las urnas.

Y también resulta angustiante que esos mismos republicanos guarden silencio —en el mejor de los casos— respecto a que Trump le pida a una potencia extranjera que interfiera en las elecciones estadounidenses y, en el peor de los casos, apoyan al presidente mientras lo hace nuevamente. Se trata de poder y dinero: romper con el presidente por esta política exterior no conduce a un quiebre del partido ni al juicio político; pero romper con él por amenazar la integridad de las elecciones de EE.UU. y supuestamente violar la ley sí conduce a eso. Los republicanos están simplemente reacios a ir hasta el fondo para proteger el país.

Una cosa más: al leer los tuits del presidente sobre Turquía y Siria (“Yo, con mi inmensa e inigualable sabiduría”), debería ser suficiente para indicar que no está tomando decisiones en base a su dominio de la política exterior —o siquiera en base a una coherencia básica.

Esta es una emergencia. El presidente no tiene aptitud para desempeñar el cargo. Ya ha puesto en peligro nuestras elecciones y la confianza de los estadounidenses en elecciones libres y justas. Ahora, está dando pasos peligrosos que podrían conducir a una agitación aún mayor en una región ya de por sí caótica, que podrían crear un vacío y recular, haciéndonos daño.

Su impulso de traer a casa a las tropas estadounidenses es bueno. La manera tumultuosa, torpe y arriesgada en que lo esta haciendo, no lo es. Y sus propias palabras indican que es un aspirante a déspota inestable.

El Partido Republicano necesita ofrecer más que palabras. Necesitamos acción: los republicanos también deben exigir que el presidente se vaya.