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Tiroteos

Le dispararon 5 veces en el Walmart de El Paso y estuvo 2 meses en hospitales. Ahora lucha por recuperar su vida

Por Nicole Chávez

El Paso, Texas (CNN) — Luis Calvillo estaba tan ansioso de ver a sus chicas corriendo y persiguiendo balones de fútbol que cuando llegó a casa después de haber estado hospitalizado durante meses, simplemente se duchó y volvió a subir al auto.

Pero en la práctica de fútbol, el entrenador en jefe del El Paso Fusion Soccer Club se movía lentamente y cojeaba.

“Es muy frustrante. Quiero hacer cosas que no puedo, por las que necesito pedir ayuda, por las que necesito que alguien me ayude”, dijo Calvillo. “Es difícil, pero necesito aprender que no estoy solo (y) que la gente está ahí para mí”.

Artículos seleccionados de un monumento improvisado para las víctimas fueron trasladados recientemente a un lugar temporal en Ponder Park.

El entrenador y los padres de las integrantes del equipo estaban realizando una recaudación de fondos frente al Walmart cerca del centro comercial Cielo Vista Mall cuando un hombre armado abrió fuego el 3 de agosto, matando a 22 personas.

Las niñas, de entre 10 y 11 años, vestían camisetas de color azul claro y pantalones cortos oscuros, y estaban paradas en la entrada de la tienda con carteles ofreciendo aguas frescas y chicharrones.

“Recuerdo haber escuchado los disparos en Walmart y haber pensado:” Dios, por favor, no dejes que nada le pase a las niñas”, dijo Calvillo, que estaba a unos metros de la mesa de recaudación de fondos.

Aunque las niñas no resultaron heridas, Calvillo recibió cinco disparos. También perdió a su padre, Jorge Calvillo García, quien murió antes de que llegara la ayuda.

Han pasado tres meses desde que el atacante, quien tenía como objetivo a mexicanos y mexicoestadounidenses, destrozó el bienestar de esta comunidad. Docenas de sobrevivientes están luchando por recuperar sus vidas. Mientras se recuperan lentamente de lesiones físicas graves, muchos aún ven el derramamiento de sangre en forma de pesadilla. Luchan financieramente porque todavía no pueden volver a trabajar.

“Salto cuando escucho ruidos fuertes y no puedo dormir debido a las pesadillas”, dijo otro sobreviviente, Arnulfo Rascón. “A veces es como si lo estuviera viviendo de nuevo y otros días sueño con que alguien me persigue. Siempre es en un McDonald’s o un Walmart”.

Arnulfo Rascón se lastimó la rodilla mientras intentaba escapar de los disparos durante el tiroteo masivo del 3 de agosto en El Paso.

Actualmente, alrededor de 400 personas buscan ayuda de One Fund El Paso, el grupo de ayuda para víctimas que maneja los más de 6 millones de dólares recaudados por la comunidad para las víctimas del tiroteo, dijo la coordinadora Stephanie Karr. Los solicitantes incluyen familiares de quienes fueron asesinados, personas que recibieron atención médica hospitalaria o ambulatoria y aquellos que necesitan servicios de salud mental.

Pero las estimaciones indican que cientos más podrían haber estado comprando en el área del Walmart en Cielo Vista esa mañana, dijeron las autoridades.

El Walmart cerca del centro comercial Cielo Vista volvió a abrir tres meses después de que un hombre armado mató a 22 personas e hirió a docenas.

Veronica Carbajal, abogada de Texas Rio Grande Legal Aid, dijo que hay diferentes tipos de ayuda para que las víctimas cubran cualquier cosa, desde vivienda hasta gastos médicos.

Y aquellos que solicitan asistencia en muchos casos se vieron en dificultades porque algunos programas no pagan de inmediato. “Desafortunadamente, el mundo no se detuvo el 3 de agosto para ellos”, dijo Carbajal. “Están lidiando con dolor físico y dolor mental, pero las facturas aún se deben”.

Rascón, de 56 años, se lesionó gravemente la rodilla cuando cayó al suelo para evitar los disparos. El vendedor de cocinas tiene una rodilla nueva y no ha podido regresar al trabajo.

Rascón, de 56 años, se está recuperando de un reemplazo de rodilla después de lesionarse mientras huía de los disparos.

“Mis ahorros se están agotando”, dijo Rascón. “Todos prometen ayuda, pero no se ve mucho cuando realmente se necesita”.

Cuando cesaron los disparos, la muerte los rodeaba

Mario De Alba Montes ha pasado los últimos 105 días hospitalizado, recuperándose de una serie de lesiones internas.

“Perdí mucho peso”, dijo De Alba Montes, de 45 años, mientras señalaba una bolsa llena de nutrientes líquidos blancos. “Me siento débil y me canso rápidamente porque no puedo comer (por vía oral) hasta que me sometan a otra cirugía”.

El reparador de lavadoras, su esposa y su hija de 10 años fueron baleados; sus heridas les impidieron regresar a su hogar en la ciudad de Chihuahua, a unos 350 kilómetros al sur de la frontera entre Estados Unidos y México.

Mario De Alba Montes fue trasladado a un hospital a largo plazo mientras espera otra cirugía para el próximo año.

Un viaje por carretera a El Paso, que duró no más de un par de días, se convirtió en meses de cirugías, salas de hospital y tubos intravenosos.

El día antes del tiroteo, De Alba Montes condujo más de cuatro horas hasta el aeropuerto de El Paso y recogió a su esposa, Oliva, y su hija, que habían estado visitando a su familia en Denver. La mañana siguiente, se dirigieron a Walmart para comprar útiles para el regreso a la escuela.

Se estaban preparando para ir a un IHOP cercano a desayunar cuando De Alba Montes escuchó los disparos.

Los tres se escondieron en un banco frente a las cajas registradoras con otra docena de personas. Cuando De Alba Montes protegió a su familia, una bala le atravesó la espalda. Otras balas golpearon el pulgar derecho de su esposa y uno de sus senos, así como la pierna de su hija.

Cuando el pistolero se alejó, levantaron la vista y enfrentaron una escena horrible. Había sangre por todas partes y todos a su alrededor parecían estar muertos.

“Nos levantamos de entre los muertos”, recordó la esposa de De Alba Montes, Oliva Rodríguez Mariscal.

La familia salió corriendo mientras De Alba Montes se debilitaba más a cada minuto. Pronto llegaron los paramédicos.

Un vehículo de la policía pasa por la tienda Walmart en Cielo Vista un día después de su reapertura oficial el 14 de noviembre.

Tuvo varias costillas rotas y la bala que le atravesó la espalda le dañó el estómago, los intestinos y una arteria renal.

Mientras el padre permanecía en la unidad de cuidados intensivos, su hija fue dada de alta en cuestión de días. Los médicos tuvieron que reconstruir uno de los senos de Rodríguez Mariscal y su pulgar derecho.

Rodríguez Mariscal, maestra de primaria, pasa las mañanas visitando a su esposo en un hospital de cuidados intensivos a largo plazo y las tardes con su hija, que asiste a la escuela en El Paso.

El dolor no los alejará de su fe

De Alba Montes sonríe cuando habla de su vida en Chihuahua, donde los tres salen a comer y luego van a ver una película al popular Fashion Mall Chihuahua los fines de semana.

En el último mes, De Alba Montes comenzó a levantarse de la cama con la ayuda de enfermeras y a dar unos pasos con andadera. Ahora puede caminar unos 600 metros.

Debajo de su bata de hospital amarilla y estampada, las vendas protegen la fístula en su abdomen que lo mantiene bajo atención médica hasta que pueda someterse a una cirugía el próximo año.

Skylier Blake, director ejecutivo del Hospital El Paso Ltac, donde es atendido De Alba Montes, dijo que múltiples instalaciones y médicos han ayudado a la familia con los gastos médicos pro bono durante los últimos meses. En unos días, el padre será llevado a un centro de enfermería especializada, dijo Blake.

De la pequeña mesa al lado de su cama, De Alba Montes toma un crucigrama y un lápiz multicolor, pero con mayor frecuencia se encuentra buscando su biblia. Una vez a la semana, un pariente viene y reza con él.

Pasaron dos semanas antes de que Oliva Rodríguez Mariscal (a la izquierda) y su esposo Mario De Alba Montes se reunieran después de que los paramédicos los llevaron a un hospital en El Paso. La pareja y su hija fueron baleados dentro de Walmart.

Su esposa, Rodríguez Mariscal, dice que su fe es más fuerte que nunca a pesar de la pesadilla que ensombrece a la familia.

“Estoy convencida de que Dios estuvo con nosotros ese día. Ni el poder humano ni nadie podrían habernos salvado, solo Dios”, dijo. “Si alguien no cree en Dios, ven a vernos”.

“Sé que Dios estará con nosotros hasta el final, porque hay una razón por la que nos dejó vivir, tiene una misión para nosotros”, agregó.

Los ciudadanos mexicanos no reciben ayuda estatal

No está claro cuánto tiempo pasará antes de que De Alba se recupere completamente y pueda irse a casa.

Si bien los programas de compensación del estado de Texas están ayudando a cientos de víctimas con gastos no cubiertos por el seguro, los De Alba y otros ciudadanos mexicanos no son elegibles. Las víctimas califican para recibir ayuda solo si son residentes de Texas o de cualquier otro estado de Estados Unidos, de acuerdo con la ley estatal.

Esta tienda de Walmart es a menudo la primera parada para los viajeros de las ciudades vecinas de Ciudad Juárez, México, familias de Fort Bliss y clientes asiduos de vecindarios cercanos.

Cuando se le preguntó acerca de la familia De Alba, una portavoz de la Oficina del Fiscal General de Texas dijo que la agencia no puede comentar sobre reclamos individuales, pero señaló que la división de servicios para víctimas del crimen aprobó 132 solicitudes vinculadas al tiroteo y pagó más de 110.000 dólares por “ambulancia, gastos médicos, pérdida de salarios, funerales y gastos de viaje”.

El senador estatal Jose Rodriguez dijo que no estaba de acuerdo con los parámetros de elegibilidad del fondo, especialmente porque el ataque se dirigió a personas que parecían ser mexicanas.

“Vivimos y trabajamos en ambos lados de la frontera. México es un socio esencial para la economía de Texas”, dijo Rodriguez. “Es extremadamente decepcionante que este estado no haya encontrado una manera de extender el apoyo necesario y garantizado a los heridos en el ataque, que estaba dirigido a personas que parecían mexicanas, fueran o no ciudadanos de Estados Unidos”.

CNN contactó al consulado mexicano en El Paso en busca de comentarios.

Karr, de One Fund El Paso, dijo que las donaciones se distribuirán a las familias e individuos afectados de ambos lados de la frontera.

Quieren dejar atrás la tragedia

Calvillo, el entrenador que recibió cinco disparos, y su hija conducen dos veces por semana a un campo en la Preparatoria Pebble Hills en el este de El Paso. Después de descargar sus grandes bolsas negras llenas de balones de fútbol y obstáculos de color naranja, se ponen a trabajar.

El año pasado, Calvillo se convirtió en el entrenador en jefe cuando su predecesor se mudó en la ciudad. Él quería mantener a las chicas juntas.

“Somos una familia. No es un equipo. Esto no genera ganancias. No cobro nada”, dijo Calvillo, quien recibió tres disparos en el torso y dos más en la pierna izquierda. “Es una familia que hemos construido. Es una familia que las niñas han construido”.

Calvillo volvió a entrenar el equipo femenino El Paso Fusion Soccer Club después de aproximadamente dos meses en hospitales.

Habían soñado con tener uniformes nuevos y tal vez jugar en un torneo de fútbol en Arizona. Los padres y sus niñas estaban celebrando su primera recaudación de fondos el 3 de agosto.

“Comencé a sentir calor, como chispas saltando hacia mí”, dice la esposa de Calvillo, Marcela Martínez, sobre el comienzo de la masacre. “Fue entonces cuando me di la vuelta y vi que había un hombre con un rifle disparándonos”.

De repente, una feliz mañana se convirtió en un caos.

“Fuimos los primeros. Fuimos su primer objetivo”, dijo Martínez. Ella fue la única madre en la recaudación de fondos que no resultó herida.

Calvillo pasó cerca de dos meses entre el Centro Médico de la Universidad y en instalaciones médicas a largo plazo y recientemente comenzó la fisioterapia. Desde que regresó a casa, Calvillo se ha centrado en su familia, su equipo y ha dejado atrás la tragedia.

“Va a ser difícil. Es difícil. Todos los días son difíciles. No estoy al 100% en este momento. Ni siquiera a un 50% en este momento, sino tratando de vivir mi vida normal”, dijo.

Él confía en que su cuerpo eventualmente sanará, pero el dolor de perder a su padre no desaparecerá fácilmente.

“No me importa lo que me pase físicamente, mi cuerpo sanará, pero mentalmente … Mi papá no volverá conmigo. Se fue y es para siempre”, dijo Calvillo. “Esa es la parte que me ha resultado muy difícil y no quiero pensar en eso todavía”.

Calvillo y su esposa están totalmente enfocados en su recuperación y no quieren dar por sentado nada de su tiempo juntos. Se les dio una segunda oportunidad de vida, dijeron, y quieren aprovecharla al máximo.

Un par de horas antes de la práctica, Calvillo se sentó en su mesa con una camiseta negra que dice El Paso Strong sobre un mapa de Texas con un corazón alrededor de El Paso. Está comiendo un par de galletas Oreo mientras Marcela prepara la cena y su hija come un plato de sopa. Están juntos de nuevo en su casa y lejos de una habitación de hospital.