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Gran Bretaña

Ha sido un año de escándalos para la realeza británica… Y más que nunca se necesita a la reina

Por Max Foster

(CNN) – Ha sido un año turbulento y desconcertante para la realeza británica. Las disputas quedaron expuestas, miembros de la familia fueron retirados de las funciones públicas y la reina incluso fue arrastrada al corazón de la crisis política que atraviesa el país.

Vistos en conjunto, los titulares dibujan la imagen de una monarquía en crisis. Entonces, ¿cómo podrá recuperarse esta institución sagrada en pleno 2020? La respuesta es simple: como siempre lo ha hecho, con la reina Isabel II firmemente a la cabeza. 

La primera tormenta del año se produjo en enero, cuando el duque de Edimburgo estuvo involucrado en un accidente automovilístico cerca de Sandringham, la finca de la familia en Norfolk, este de Gran Bretaña. El príncipe Felipe salió ileso cuando su Land Rover se volcó, aunque una mujer en otro auto resultó herida.

Pero cuando el anciano duque –que rara vez se ve por estos días luego de su retiro en 2017– fue divisado detrás del volante al día siguiente, hubo un furor mediático. La situación se agravó tras conocerse que el duque no contactó de inmediato a la víctima en los días posteriores al accidente y luego rápidamente se anunció que Felipe, de 97 años en ese momento, renunciaría a su licencia de conducir.

“La Reina ha estado sin su ‘fortaleza y soporte’ ya que [el duque] se encuentra radicado en Wood Farm en Sandringham Estate, a pesar de que supuestamente hablan todos los días por teléfono”, explicó el comentarista de la realeza Richard Fitzpatrick.

Fitzpatrick agregó que la ausencia del patriarca, que anteriormente asumió los roles de “modernizador” y “pragmático”, se había sentido profundamente este año.

En su ausencia, el príncipe Carlos y su hijo Guillermo, también conocidos por sus títulos oficiales de príncipe de Gales y duque de Cambridge repectivamente, comenzaron a acompañar a la reina a los compromisos. Todo hace parte de la inevitable transición, pero abdicar al trono estar fuera del panorama según los asistentes que señalan el reiterado compromiso de la monarca con el “servicio de por vida”. Incluso la idea de una regencia, donde ella retiene la corona pero le entrega todas las responsabilidades oficiales a Carlos, es algo que parece descartarse de la agenda.

La reina Isabel II, el príncipe Carlos y la duquesa Camila de Cornualles asisten a la apertura estatal del Parlamento el 14 de octubre.

Felipe no fue el único miembro de la realeza que protagonizó titulares en los medios de comunicación este año. El duque y la duquesa de Sussex también estuvieron bajo los reflectores en noviembre y diciembre, tras meses de enfrentamientos con la prensa.

Una investigación de CNN reveló en marzo que el palacio había reforzado su operación en redes sociales en medio del aumento de racismo en línea contra Meghan. Han estado dedicando más recursos a eliminar comentarios dirigidos a la duquesa, bloqueando cuentas abusivas y filtrando el uso de la palabra “negra” y de emojis de armas y cuchillos.

En junio fue encarcelado, por más de cuatro años, un adolescente de extrema derecha que catalogó al príncipe Enrique de “traidor de raza” y sugirió que él debería ser fusilado después de su matrimonio con Meghan.

Mientras tanto, la batalla de la pareja con los periódicos se intensificó. Cuando el palacio reveló que millones de libras de fondos públicos fueron utilizados para renovar Frogmore Cottage, la casa de los duques de Sussex cerca del castillo de Windsor, los periódicos británicos se quejaron de que no estaban obteniendo un acceso justo a la familia, particularmente después de que el bautizo del bebé Archie fue cerrado a los medios.

La pareja también fue acusada de hipocresía por usar aviones privados para viajar en vacaciones, mientras también hacía campaña sobre temas ambientales.

Los duques de Sussex se pusieron a la ofensiva por lo que Enrique describió como una campaña sensacionalista contra Meghan que, según dijo, repetía el tratamiento que recibió su madre, Diana, princesa de Gales. La duquesa demandó al diario Mail on Sunday, reclamando que había publicado ilegalmente una carta privada a su padre. El duque también comenzó sus propios procedimientos legales contra el Daily Mirror y The Sun, por supuesto hackeo telefónico. Todas las publicaciones niegan las afirmaciones de la pareja y han prometido luchar enérgicamente contra ellas.

El príncipe Enrique y su esposa, Meghan, visitan un municipio de Johannesburgo en Sudáfrica horas después de que el duque de Sussex emitiera un comunicado en el que criticaba la cobertura de los medios de la pareja.

En un documental para un canal británico y la afiliada de CNN ITV, que siguió a la pareja en su gira por el sur de África, los duques de Sussex revelaron que su vida había sido muy difícil el último año.

“Nunca pensé que esto sería fácil, pero creí que sería justo”, dijo la duquesa sobre el tratamiento que ha tenido en los medios. “Realmente he tratado de adoptar esta sensibilidad británica de mantener la compostura”, dijo. “Lo intenté, pero creo que lo que hace a nivel interno quizás sea realmente perjudicial”, agregó.

Cuando se le preguntó cómo se sentía, Meghan respondió: “Gracias por preguntar, porque no mucha gente lo hace, pero es algo muy real estar luchando detrás de escena”.

Ese comentario fue visto por algunos columnistas como un ligero desprecio contra otros miembros de la familia. Y fue agravado cuando el príncipe Enrique reconoció que hay tensiones con su hermano mayor, el príncipe Guillermo, diciendo que están en “caminos diferentes”.

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Después de que se emitió el documental, una fuente del Palacio de Kensington le dijo a la BBC que el duque de Cambridge estaba “preocupado” por su hermano. Luego una fuente cercana a los duques de Sussex que le dijo a CNN que la pareja está “modernizando la monarquía sin ayuda de nadie” a pesar de que los funcionarios a su alrededor tienen “miedo” de que aprovechen su poder.

La avalancha de filtraciones y contrafiltraciones alimentó la narrativa sensacionalista de una fisura en la familia.

Después de que los duques de Sussex desaparecieron de la vida pública en noviembre, la atención de los medios se centró en el príncipe Andrés, el segundo hijo de la reina, quien aceptó una entrevista prolongada con la BBC en un esfuerzo por esclarecer las especulaciones sobre sus vínculos con el delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein.
Tuvo el efecto contrario.

La reina mira el desfile anual por cumpleaños, el 8 de junio, junto a sus hijos, el príncipe Carlos (izquierda) y el príncipe Andrés (derecha).

Epstein supuestamente traficaba sexualmente a Virginia Giuffre, anteriormente conocida como Virginia Roberts, cuando tenía 17 años, obligándola a tener relaciones sexuales con sus amigos, incluido el duque de York.

Durante la entrevista, el duque negó haber tenido contacto sexual con Giuffre e insistió en que “no recordaba haber conocido a esta señora”.

Pero el príncipe también dijo que no se arrepentía su relación con Epstein, quien se habría suicidado en agosto, y tampoco expresó ninguna simpatía por las víctimas del desacreditado banquero.

Las consecuencias de la entrevista ampliamente criticada dominaron los tabloides, con reporteros destapando las inconsistencias en la historia del duque. La situación llegó a tal punto que las declaraciones se redujeron a farsa cuando se publicaron fotos del príncipe sudando para cuestionar su afirmación de que él pudo transpirar en el momento de los presuntos delitos debido a una condición médica.

Días después, el duque no tuvo más remedio que emitir una declaración en la que dijo: “Sigo lamentando inequívocamente mi relación imprudente con Jeffrey Epstein. Su suicidio ha dejado muchas preguntas sin respuesta, especialmente para sus víctimas, y simpatizo profundamente con todos los que han sido afectados y quieren alguna forma de final”. Para detener las respuestas negativas, el duque agregó que se retiraba de los deberes públicos.

CNN tiene entendido que la decisión se produjo tras una reunión con la reina, después de que ella buscara las opiniones del príncipe Carlos y otros. Múltiples fuentes le han dejado claro a CNN que fue la reina lideró el tema de cómo manejar a Andrés, no el Príncipe Carlos, como informaron algunos medios locales. Las fuentes también cuestionaron y señalaron que era ficticia una narrativa reciente en algunos tabloides de Gran Bretaña acerca de que la reina 93 estaría haciéndose a un lado por Carlos.

Antes de su retiro en 2017, el duque de Edimburgo fue un compañero casi constante de la reina durante sus compromisos reales.

CNN también tiene entendido que la salida de Andrés de las funciones públicas puede no ser permanente, aunque cualquier fecha para su regreso probablemente será definida por el sistema judicial estadounidense y si es llamado para ser interrogado.

Mientras anunciaba que dejaría sus labores reales, el duque de York también dijo que estaba “dispuesto a ayudar a cualquier agencia policial apropiada con sus investigaciones, si es necesario”. Hasta el momento, las autoridades estadounidenses no han presentado solicitudes formales ni cargos penales contra el príncipe Andrés.

En medio de todos sus problemas domésticos, la Reina también fue puesta a prueba profesionalmente cuando el primer ministro Boris Johnson le pidió que cerrara el Parlamento por cinco semanas en el punto álgido de la debacle del brexit. Ella selló la solicitud de acuerdo con su deber de mantenerse fuera de la política y actuar solo por consejo de los ministros.

Pero cuando la Corte Suprema determinó que la suspensión era ilegal, planteó la incómoda cuestión de si la reina había violado la ley. El fallo condujo a acusaciones contra el gobierno de Johnson por engañar deliberadamente a la monarca como parte de su estrategia para asegurar el brexit, pero independientemente, cualquier maniobra política que involucre a la reina es el último paso en falso.

Johnson se vio obligado a disculparse personalmente por avergonzar a la reina, según el Sunday Times. Las fuentes reales del periódico revelaron que “había una gran inquietud en la casa de la reina sobre la decisión de Johnson de prorrogar el parlamento”.

Si bien la estrategia de Johnson fue cuestionable, otros mostraron la deferencia habitual y el respeto a la soberana británico en 2019. Ciertamente lo vimos del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante su visita de estado a principios de junio.

La reina Isabel II observa exhibiciones de artículos estadounidenses de la colección Royal en el Palacio de Buckingham el 3 de junio junto al presidente de EE.UU. Donald Trump y la primera dama Melania Trump.

A lo largo de la visita, Trump apareció cautivado y comprometido junto al jefe de la Commonwealth y el Defensor de la Fe.

En declaraciones a Fox News justo después de su viaje a Londres, Trump llamó a la reina una “dama increíble”.

Y añadió: “Siento que la conozco muy bien y ella ciertamente me conoce muy bien en este momento, pero también tenemos una muy buena relación con el Reino Unido”.
En 1992, la reina vivió lo que llamó su “Annus Horribilis”, un año en el que tres de sus hijos sufrieron conflictos matrimoniales y el Castillo de Windsor casi se quemó. Característicamente, la monarca se recuperó y dirigió a la familia real de regreso a los corazones de la nación.

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Ahora, casi tres décadas después, Isabel ha visto otros 12 meses horribles en los que su capacidad de unificación es más esencial que nunca.

En su discurso anual de Navidad, la reina ya estaba trasladando el mensaje a uno de reconciliación. Ella admitió que 2019 había sido un año exigente y que el camino no siempre fue fácil y “pero los pequeños pasos pueden marcar una gran diferencia”.

El mensaje de todos los que la rodean es que no tiene intención de comprometer ese rol, y eso solo puede venir de la parte superior.

Lauren Said-Moorhouse de CNN contribuyó a este informe.