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Argentina

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Conmoción en Argentina por la muerte de un joven a manos de un grupo de rugbiers

Por Iván Pérez Sarmenti

(CNN Español) — Fernando Báez Sosa, un joven de 19 años, murió en la madrugada del sábado a la salida de un local bailable de la ciudad balnearia de Villa Gesell, como consecuencia del ataque a golpes de puño y patadas que recibió por parte de una banda de jóvenes jugadores de rugby.

“Es lamentable lo que hicieron con mi hijo. Es una injusticia. Se merecen que paguen todo eso que le hicieron”, clama Graciela Sosa mientras sostiene la foto de su único hijo, ahora muerto. “Le arruinaron su vida”.

Según la autopsia, el joven estudiante universitario murió como consecuencia de un “traumatismo de cráneo”. “Mucha golpiza le dieron —agrega su madre— lo golpearon hasta no dar más con él, hasta que lo mataron”.

Pero este no parece ser un caso aislado. En las pocas semanas de este 2020 ya han trascendido varias peleas que han terminado con fuertes lesiones y que involucran a jugadores de rugby.

Una de ella fue en Punta del Este, ciudad balnearia uruguaya elegida por numerosos argentinos en sus vacaciones. Allí un joven que juega al rugby en un club uruguayo golpeó a otro en la cara en una fiesta al aire libre. La víctima tuvo que ser trasladada de urgencia a Buenos Aires para operarlo por fractura de mandíbula

Unos días antes, en otra ciudad balnearia argentina, Mar del Plata, también se registró una fuerte pelea con jóvenes que terminaron tendidos en el suelo, defendiéndose de otros que los atacaron en manada.

En todos los casos parece confluir la visión de algunos jóvenes de resolver sus conflictos mediante la violencia. Una violencia que parece no tener límites.

“Para mí, es una cuestión social y educativa, en principio que tiene que ver con que antes -independientemente de la cuestión de género – antes o papá o mamá se ocupaban de criar al nene o a la nena y el otro trabajaba. Había un contacto permanente”, apunta el psicólogo Germán Diorio, especialista en deporte, y agrega: “Al tener que salir todos a trabajar en el grupo familiar el chico se educa en doble escolaridad. O se educa en diferentes actividades. O lo educa un montón de gente y papá – mamá comparten cada vez menos horas. Pierden el punto de referencia. Y al perder el punto de referencia también se pierde la transmisión de valores”.

Al retroceder en el tiempo, siguen apareciendo más casos violentos relacionados con rugbiers. Por ejemplo, en agosto del año pasado, cinco jugadores de un club de Rosario, a unos 300 kilómetros de Buenos Aires, fueron condenados a indemnizar a tres jóvenes a los que habían golpeado en un local bailable dos años antes, mientras que en octubre de 2019 también trascendieron las imágenes de jugadores de las divisiones inferiores de otro club de Buenos Aires que derribaban y maltrataban a un hombre mayor en estado de ebriedad.

Ante estas situaciones, los clubes son muchas veces señalados. “Uno en los clubes se encuentra con padres que vienen…a mí me ha tocado trabajando en divisiones inferiores en diferentes clubes y me dicen, por favor ponele límites”, sostiene Diorio, para quien los límites deberían provenir de los padres.

“Chicos que no tienen límites en la casa. Que tienen límites lábiles y suaves, atenuados, en los clubes o colegios porque paga una cuota o porque, bueno, son chicos que se van educando con barreras de límites mucho más intangibles. Y son los chicos que luego llegan a ser grandes y ya son difíciles de moldear. Y son chicos que llegan a adultos que tienen manifestaciones violentas de manera rápida”.

En ese sentido, la Unión Argentina de Rugby (UAR) emitió un sobre el caso Báez Sosa y anunció la creación de un programa de concientización para evitar que se repitan este tipo de casos violentos.

El comunicado fue fuertemente criticado en redes sociales porque sólo habla del “fallecimiento” del joven y muchos consideran que deberían haber hablado de asesinato.

Por el momento, hay 11 jóvenes detenidos de entre 18 y 20 años. Sólo uno ha declarado y negó su participación en el crimen. Los otros diez, representados por el mismo abogado defensor, se negaron a declarar al ser indagados por el delito de “homicidio agravado por el concurso premeditado por dos o más personas”, el cual prevé como única pena la prisión perpetua.

Este lunes, mientras tanto, los restos de Báez Sosa fueron inhumados. Y sus padres continúan pidiendo justicia.