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Donald Trump

Donald Trump

Si Trump es absuelto, ¿cuál sería la diferencia entre él, Nicolás Maduro o Fidel Castro?

Por Rep. Sylvia García

Nota del editor: Sylvia García es una legisladora demócrata que representa al distrito 29 de Texas desde 2019 en la Cámara de Representantes. Actualmente funge de fiscal en el juicio político contra el presidente Donald Trump.

(CNN Español) — Cuando me fui de Palito Blanco, Texas para comenzar mis estudios en la Universidad de la Mujer en Texas, nunca me imaginé que un día sería miembro de la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

Después de la universidad, decidí dedicar mi vida al servicio público, porque mis propias experiencias me alentaron a marcar una diferencia en la vida de otras personas. Como una de diez hermanos criados en un hogar latino pobre en el sur de Texas, sé lo que es recoger algodón bajo el sol caliente. Sé lo que es comer mantequilla de maní o el queso procesado que distribuía el gobierno, porque mi familia no podía comprar nada más. Y sé lo que es esperar en una fila durante horas para vacunarse en una clínica de salud comunitaria porque mi familia no tenía seguro médico.

Sin embargo, el 15 de enero, yo, Sylvia García, una niña latina de Palito Blanco, estaba en un escenario con la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, que me designó como una de los siete fiscales del juicio político contra el presidente de EE.UU. De repente, me encontré con el deber de presentar nuestro caso frente al Senado y al pueblo estadounidense para condenar y destituir a Donald J. Trump de su cargo como presidente de EE.UU.

A través de este proceso, he sentido el peso de mi solemne responsabilidad de conservar y defender la mayor democracia del mundo –una nación que se esfuerza para ser una unión más perfecta, a pesar de su complicada historia. Una nación donde se supone que la Constitución garantiza la libertad y la justicia para todos.

Estos son principios fundamentales que han hecho de EE.UU., “la ciudad sobre la colina”, un lugar lleno de optimismo y oportunidad – un rayo de esperanza para los millones de personas en todo el mundo que miran hacia nuestras costas en busca del “sueño americano”.

Pero, ahora más que nunca, es posible que EE.UU. pierda su posición como esa ciudad sobre la colina debido al abuso de poder del presidente Donald J. Trump para su beneficio político y personal. Y cuando se descubrió su mala conducta, obstruyó al Congreso y nuestra capacidad de investigar a fondo su fechoría. Su comportamiento no tiene precedentes y ha debilitado la base fundamental de nuestra democracia, la Constitución, arrojándonos en una crisis.

Los redactores de la Constitución incluyeron la cláusula de juicio político por una razón específica. Es la última herramienta constitucional a la disposición del pueblo estadounidense para destituir a un presidente que se ponga por encima de nuestra democracia para abusar de su poder, traicionar nuestros intereses nacionales y corromper nuestras elecciones.

En nuestro país nadie está por encima de la ley, ni siquiera el presidente. Si se le permite al presidente Trump salirse con la suya al abusar de su poder y hacer trampa en nuestras elecciones, ¿cuál sería la diferencia entre él y Nicolás Maduro?, ¿o Fidel Castro?, ¿o entre nuestro presidente y cualquier otro político corrupto que haya abusado de su poder para su propio beneficio político y personal en cualquier parte del mundo?

Como la primera fiscal latina en un juicio político contra un presidente, reconozco tener la responsabilidad adicional de ser una voz para los millones de inmigrantes latinos que han escapado de regímenes corruptos y opresivos en búsqueda del “sueño americano”. Como fiscal del juicio político contra el presidente Trump, tengo la responsabilidad de garantizar que nuestro país siga siendo una democracia en la cual se respeten nuestras leyes y no se repriman las libertades de nadie.

Tenemos la responsabilidad de dejar claro que, en este momento de la historia de nuestro país, rechazamos a un presidente corrupto que cree estar por encima de la ley y que piensa que no tiene que rendirle cuenta al pueblo estadounidense.

La democracia es un regalo que cada generación le da a la siguiente. En este momento, elegimos darles a nuestros niños una democracia y defender su derecho a alcanzar el “sueño americano”.