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Coronavirus

Coronavirus

Las ilusiones de Trump no detendrán el coronavirus

Por Frida Ghitis

Nota del editor: Frida Ghitis, exproductora y corresponsal de CNN, es columnista sobre temas internacionales. Colabora con frecuencia para la sección de opinión de CNN, para The Washington Post y es columnista para World Politics Review. Puede seguirla en Twitter en @fridaghitis. Las opiniones expresadas en este artículo son propias de la autora.

(CNN) — El presidente Donald Trump nos repite que no nos preocupemos; que el coronavirus de rápido contagio, COVID-19, “va a desaparecer” pronto, probablemente para abril…y que estamos “cerca” de encontrar una vacuna. Los expertos, incluyendo los mejores científicos del gobierno, dicen que está equivocado en todo lo anterior. (¡Por favor no los despida!)

¿Por qué está mintiendo el presidente? Adivínenlo. Porque piensa que el virus y el temor de un contagio lo va a perjudicar a él. Y es cierto. Lamentablemente, decir que el virus no es un gran problema no influye para nada en la reducción del índice de contagio o el impacto económico que sin duda tendrá en el mundo entero.

Sólo una pequeña fracción de las víctimas del coronavirus–más de 80 mil enfermos en todo el mundo y más de 2.700 muertos–son estadounidenses. Casi todos los casos se han dado en China.

Pero el virus podría tener un impacto drástico en el futuro de EEUU, aún en el caso que no se contagie ningún otro estadounidense. Y Trump lo sabe.

Este virus, que es una emergencia de salud pública y una tragedia humana, también es un factor repentino y poderoso que afecta la economía mundial. Como consecuencia, podría desempeñar un papel clave en el resultado de las elecciones de noviembre 2020 en EEUU.

Aunque el impacto económico de una epidemia de gran escala o pandemia podría afectar cualquier presidencia, esto es particularmente cierto para este presidente por 2 razones: la primera, que el principal argumento para reelegir a Trump es que ha hecho una buena labor en el campo económico. Él afirma, falsamente, que la suya es la mejor economía en la historia de EE.UU., aunque durante el gobierno de Barack Obama se crearon más empleos y en otros muchos momentos creció más rápido.

Segundo, Trump fue elegido por un estrechísimo margen de votos. Perdió el voto popular y hubiera perdido la presidencia si menos de 80 mil votos en 3 estados hubieran ido a su rival político.

Si los comicios de 2020 son igualmente reñidos, una erosión del rendimiento económico de EE.UU. podría convencer a suficiente gente a no votar por él.

Obviamente, ése no es el único factor. El candidato que escojan los demócratas podría ser una consideración mucho más importante para el electorado.

Aún así, el ineludible impacto del coronavirus sobre la economía de EE.UU. podría ser determinante.

No hay posibilidad alguna de que el virus no afecte la economía de EE.UU. El virus se está esparciendo, llegando a docenas de países, con nuevos brotes en Corea del Sur, Italia e Irán.

Pero aún si todos los casos se limitaran a China, el resto del mundo lo sentiría…por la simple razón que China es un centro económico neurálgico: el núcleo del entramado de interconectividad que constituye el comercio mundial. Los que pensaron que el impacto del coronavirus sería similar al de otra epidemia–el SARS en 2003–no se percataron del contraste.

El SARS infectó a 8.098 personas y mató a 774…una fracción de este nuevo virus. El COVID-19 es más contagioso; aunque el SARS mató a más gente infectada.

Y la economía de China ahora constituye el 16% de la economía mundial: cuatro veces más que en la época del SARS.

Al propagarse el virus a docenas de países, el impacto económico seguirá impactando fuertemente lo que pasa en China. Éste país ha sido el motor del crecimiento por años…responsable de cerca de un tercio de todo el crecimiento económico mundial.

China es un consumidor voraz de exportaciones de todo el mundo; y en años recientes, también se ha convertido en un importante consumidor de mercancías.

Con grandes segmentos de China cerrados para detener el contagio, su economía–que ya estaba creciendo a la menor velocidad en décadas-, podría ver su crecimiento reducido a la mitad. Eso significa menos manufactura y menos compras de materias primas. China ha estado comprando la mayoría del cemento, carbón, acero, níquel, cobre y muchos otros productos básicos.

Una desaceleración en China podría ser un puñetazo para muchos países. China vende y compra cantidades ingentes de todos los estados de EE.UU…desde aviones a autos, a granos. Los consumidores chinos compran autos, artículos de lujo y viajan mucho… por lo menos antes de la epidemia.

Pero es posible que el papel clave de China en la cadena de suministro de la producción mundial es lo que se vea más afectado. China fabrica piezas de casi todo lo que compramos…desde productos electrónicos a fármacos.

Apple advirtió que no cumplirá con sus objetivos de venta. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU está preocupada por la potencial escasez de unos 150 fármacos. Las aerolíneas de todo el mundo están sufriendo. Y según Yahoo Finance, la industria de cruceros está perdiendo sobremanera. Lo mismo con la industria cinematográfica, que ha dependido cada vez más de audiencias en el país más populoso del mundo, y sentirá el golpe del cierre de 70 mil cine-teatros en China.

Sabemos que la economía de China va a sufrir una marcada desaceleración. Japón, Singapur y Corea del Sur le seguirán los pasos. Los países europeos podrían caer en recesión. Alemania, Francia e Italia ya estaban con problemas antes del brote del coronavirus. De hecho, cuando azotó el virus, el mundo estaba empezando a recuperar el terreno perdido por las guerras comerciales de Trump.

Es inevitable que una desaceleración mundial afecte a EE.UU. Eso fue lo que produjo el ataque de ansiedad en Wall Street el lunes y martes pasados, por la mayor caída en la bolsa en años.

Por eso es que Trump no quería tomar medidas que indicaran pánico. Los demócratas en el Congreso están furiosos.

Según Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, la solicitud de US$ 2.500 millones del presidente Trump para combatir el virus es inadecuada y tardía. Dijo que la Cámara proveería más fondos que los solicitados, y que “impulsaría un paquete de financiamiento fuerte y estratégico”, proporcional al desafío.

Los mejores consejos ahora para la gente es lavarse las manos con frecuencia y prestar atención a los expertos, no al presidente. Él no dice la verdad. Propaga información falsa para confundir y contradecir las urgentes recomendaciones de salud pública de los expertos.

El secretario de Comercio de Trump, Wilbur Ross, dijo que el virus podría ayudar a los trabajadores estadounidenses. “No quiero cantar victoria”, dijo, pero podría retornar empleos a nuestro país.

Pero sin duda el virus va a golpear a EE.UU. Los economistas privados ya están recortando sus proyecciones económicas.

Es imposible predecir la magnitud del impacto. Pero sí es posible que el coronavirus se convierta en la imagen del cisne negro de una crisis financiera: es decir, un evento de baja probabilidad y alto impacto que lo cambia todo, hasta la posibilidad de que Trump sea reelegido.