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Mujer

¿Por qué las mujeres se sienten presionadas para depilarse?

Por Marianna Cerini

(CNN) – Escribe en Google “cuándo las mujeres empezaron a….” y una de las primeras sugerencias de búsqueda que aparece es “¿cuándo las mujeres empezaron a depilarse?”.

La respuesta se remonta siglos atrás. La depilación, o el hecho de eliminar los pelos del cuerpo, ha modelado durante mucho tiempo las dinámicas de género, ha funcionado como un significante de clase y también ha definido las nociones de feminidad y “el cuerpo ideal”.

Sin embargo, en su evolución más reciente, el vello corporal ha sido acogido por un creciente número de mujeres jóvenes que están convirtiendo esta fuente de vergüenza social en un signo de fortaleza personal.

El aumento de la fluidez del género, el movimiento de una imagen corporal positiva y la creciente inclusión del sector de belleza han contribuido a la nueva ola del vello.

“Esto ha sido profundamente estigmatizado –todavía lo es– y se le ha añadido un componente de vergüenza”, señaló en una entrevista telefónica Heather Widdows, profesora de ética global en la Universidad de Birmingham de Gran Bretaña y autora de “Perfect Me: La belleza como un ideal ético”. “La eliminación (del vello corporal) es una de las pocas tradiciones estéticas que han pasado de ser una rutina de belleza a una higiénica”, añadió .

Y destacó: “Hoy, la mayoría de las mujeres sienten que deben depilarse. Como si no tuvieran otra opción. Hay algo profundamente cargado en eso, aunque las percepciones están cambiando lentamente”.

Del antiguo Egipto a Darwin

Una joven se somete a un proceso de depilación en el Instituto Batiderm de Electrólisis en Nueva York el 4 de noviembre de 1938. (Crédito: Keystone-France/Gamma-Keystone/Getty Images)

La eliminación del pelo en el cuerpo no se estableció como un mandato para las mujeres sino hasta principios del siglo XX.

Antes de eso, eliminar el vello corporal era algo que tanto hombres como mujeres hacían –incluso desde la Edad de Piedra, luego en el antiguo Egipto, Grecia y el Imperio Romano– utilizando conchas marinas, cera de abejas y otros métodos de depilación. En estas épocas antiguas, como escribe Victoria Sherrow en Encyclopedia of Hair: A Cultural History, la falta de pelo se consideraba principalmente como una forma de mantener el cuerpo limpio. En la Roma antigua también lo asociaron con la clase: cuanto más suave era tu piel, más puro y superior eras.

En el Medio Oriente, así como en el este y el sur de Asia, la depilación con hilo se utilizaba en toda la cara. Aunque, los cejijuntos (también conocidos como uniceja) en realidad resultaban atractivos en ambos sexos, y a menudo se acentuaban con lápiz de kohl.

La depilación con hilo, para eliminar los vellos de la cara, ha sido durante mucho tiempo un procedimiento de belleza tradicional, como se observa en esta imagen en un mercado nocturno de Taipei. Primero se dobla un hilo delgado, luego se retuerce y se enrolla sobre las áreas que se quieren depilar, arrancando el cabello al nivel del folículo. (Crédito: Yeung Kwan//LightRocket/Getty Images)

En Persia, la depilación y la definición de las cejas eran un indicador de la edad adulta y del matrimonio para las mujeres, y principalmente se reservaban para esa ocasión. Mientras que en China, el vello corporal se consideró normal durante mucho tiempo, e incluso hoy las mujeres enfrentan mucha menos presión social para rasurarse.

Lo mismo ocurre con otros países de Asia: aunque la depilación se ha convertido en una rutina para muchas mujeres jóvenes en el continente, afeitarse o recortarse el vello púbico, por ejemplo, no es tan común como en Occidente.

De hecho, en Corea, el vello púbico se asoció durante un largo periodo a un signo de fertilidad y salud sexual, tanto así que a mediados de la década de 2010 se reportó que algunas mujeres coreanas se sometían a trasplantes de vello púbico para agregar más pelo en esa zona.

Ahora, los europeos no siempre estuvieron tan obsesionados con un cuerpo libre de pelos.

Durante la Edad Media, se esperaba que las buenas mujeres católicas se dejaran crecer el vello como una muestra de feminidad, mientras lo mantenían oculto en público. La cara era el único lugar donde el pelo se consideraba antiestético: las damas del siglo XIV se arrancaban los vellos de la frente para hacer retroceder el nacimiento del cabello y lograr caras rostros una apariencia más ovalada. Cuando Elizabeth I llegó al poder en 1558, puso de moda la depilación de cejas.

A fines del siglo XVIII, las mujeres europeas y norteamericanas todavía no consideraban que la depilación fuera esencial, aunque cuando el barbero francés Jacques Perret inventó la primera máquina de afeitar para hombres en 1760, algunas mujeres también la usaron.

No fue sino hasta finales del siglo XIX que las mujeres en ambos lados del Atlántico comenzaron a incluir la depilación como una parte integral de sus rutinas de belleza. La noción moderna de que el vello corporal es poco femenino puede rastrearse hasta 1871 con el libro de Charles Darwin El origen del hombre, según Plucked: A History of Hair Removal de Rebecca Herzig.

En París, una paciente se somete a una sesión de depilación con láser. (Crédito: BSIP/Universal Images Group/Getty Images)

La teoría de la selección natural de Darwin asociaba el vello corporal con “una ascendencia primitiva y un retorno atávico a formas anteriores y ‘menos desarrolladas’”, escribió Herzig, profesora de estudios de género y sexualidad en Bates College de Maine. En contraposición, tener menos pelos en el cuerpo, sugirió el naturalista inglés, era una señal de ser más evolucionado y sexualmente atractivo.

A medida que las ideas de Darwin se iban popularizando, otros expertos médicos y científicos del siglo XIX comenzaron a relacionar la presencia de vellos con “inversión sexual, patología de la enfermedad, locura y violencia criminal”, según Herzig. Curiosamente, esas connotaciones se aplicaron en su mayoría al vello corporal de las mujeres, no al de los hombres: no solo debido a argumentos evolutivos, sino también, destacó la autora, para aplicar un “control social de género” sobre el papel creciente de las mujeres en la sociedad. Llevar a que las mujeres pensaran que debían estar libres de vellos para ser consideradas dignas de atención fue una forma heteronormativa de controlar sus cuerpos, e inherentemente a ellas mismas, a través de la vergüenza, explicó Widdows.

A principios de la década de 1900, las mujeres estadounidenses blancas de clase media y alta consideraban cada vez más que la piel sin vellos era un indicador de feminidad, mientras que los pelos del cuerpo femenino se asociaban a algo asqueroso. De manera que eliminarlos ofrecía “una forma de separarse de las personas más vulgares, de clase baja e inmigrantes”, escribió Herzig.

Una “necesidad” femenina

Durante las primeras décadas del siglo XX, la moda cambiante –con vestidos sin mangas que exponían la piel– popularizó aún más la depilación corporal en Estados Unidos.

En 1915, Harper’s Bazaar fue la primera revista para mujeres en publicar una campaña dedicada a la eliminación del pelo en las axilas (“una necesidad”, como fue descrita). Ese mismo año, la compañía de cuchillas de afeitar para hombres Gillette lanzó la primera afeitadora comercializada específicamente para mujeres, la Milady Décolletée. Su publicidad decía: “Una hermosa adición a la mesa de baño de Milady– y una que resuelve un problema personal vergonzoso”.

Los dobladillos cortos de las décadas de los 30 y 40, así como una escasez de medias de nylon durante la Segunda Guerra Mundial, implicó que más y más mujeres estadounidenses comenzaran a afeitarse las piernas también. Y la llegada del bikini a EE.UU. en 1946 también llevó a las empresas de afeitado y a las consumidoras a centrarse en recortar y moldear sus regiones inferiores.

La actriz italiana Sophia Loren con un vestido blanco bordado, mientras posa para un fotógrafo en Venecia, 1955. (Crédito: Archivio Cameraphoto Epoche/Getty Images)

En la década de 1950, cuando Playboy llegó a los puestos de diarios y revistas (su primer número salió en 1953), las mujeres ampliamente depiladas que promocionaban lencería establecieron un nuevo estándar de sensualidad. Para 1964, el 98% de las estadounidenses entre los 15 y 44 años se afeitaban regularmente las piernas. Las tiras de cera y la primera depilación láser también se estrenaron en ese momento, aunque esta última fue abandonada rápidamente por sus efectos dañinos en la piel antes de regresar al mercado décadas más tarde.

“Y aún así, depilarse estaba lejos de ser tan extremo como lo es hoy”, apuntó Widdows. “A finales de las décadas 60 y 70, el vello corporal no era nada inusual, incluso en Playboy. En esa época también hubo una segunda ola de feminismo y la difusión de la cultura hippie, que rechazaron los cuerpos sin pelo. Para muchas mujeres, el vello corporal era símbolo de su lucha por la igualdad. No se veía como antinatural, aún no”, detalló.

Ese cambio, señaló Widdows, comenzó en las siguientes décadas, con la creciente popularidad de la depilación con cera, la pornografía y una cultura pop cada vez más explícita. En 1987, siete hermanas de Brasil (conocidas como las J Sisters) abrieron un salón en la ciudad de Nueva York que ofrecía el llamado “brasileño», una depilación de cera completa en la región genital. Celebridades como Gwyneth Paltrow y Naomi Campbell comenzaron a hacerse el “brasileño”. Las masas siguieron su ejemplo.

“Eliminar el vello corporal pasó de ser lo ‘esperado’ a imponerse como norma”, explicó Widdows. “Estar depiladas llegó a ser visto como la única forma ‘natural’ y limpia de presentar el cuerpo. Excepto que realmente no es así”.

Con la publicidad y los medios promoviendo aún más el ideal de los cuerpos totalmente lampiños, la idea de que el vello femenino es asqueroso solo ha crecido. A su vez, los métodos para lograr la ausencia de los pelos se han vuelto más precisos: las últimas cuatro décadas han visto el ascenso de la electrólisis, la luz pulsada y la tecnología láser más avanzada.

“Cualquier cosa asociada con lo ‘abyecto’ –aquello que expulsamos de nuestros mundos culturales para definirnos a nosotros mismos– suscita asco, vergüenza y hostilidad casi por definición”, explicó Herzig a CNN en un correo electrónico. “El vello visible en el cuerpo femenino ciertamente tiende a ser tratado como abyecto hoy. Vale la pena resaltar que esas son ideas sobre la limpieza, normas sociales contingentes, en lugar de eliminar realmente la ‘suciedad’. La mayoría de las prácticas de depilación tienden a introducir nuevas oportunidades para la abrasión y la infección”, indicó.

Acogiendo el vello corporal

En 2008, Breanne Fahs, profesora de estudios sobre mujeres y género en la Universidad Estatal de Arizona, asignó a sus alumnas la tarea de dejarse crecer el vello corporal y luego escribir un artículo reflexionando sobre la experiencia. Fahs luego amplió el ejercicio para incluir a los hombres del curso, a quienes se les pidió que se depilaran las piernas. El proyecto sigue hasta hoy.

La artista mexicana Frida Kahlo luciendo su uniceja. (Crédito: Everett/Shutterstock)

“La actividad ha puesto en primer plano la inevitabilidad cultural de la depilación femenina”, señaló Fahs en una entrevista telefónica. “A lo largo de los años, quienes han participado en el ejercicio han compartido problemas bastante consistentes: un profundo sentimiento de vergüenza, lucha con su confianza propia e incluso el ostracismo social”, relató.

“También ha habido casos de heterosexismo y homofobia: esta idea de que dejarte crecer el vello de las piernas automáticamente implica que eres queer, o depilarlas significa que eres un hombre gay. Las mujeres a menudo no se dan cuenta de lo mucho que la sociedad, la familia y los amigos influyen en lo que hacemos con nuestros cuerpos. Y cuánto de lo que creemos que es una elección, que ‘elijo depilarme’, nos ha sido impartido y aplicado durante generaciones”, añadió.

Pero Fahs también ha visto sentimientos de empoderamiento, rebelión e ira surgiendo del proyecto. “Especialmente en los últimos dos años, a raíz de las elecciones y el movimiento #MeToo, ha habido una conciencia más profunda de las restricciones que rodean los cuerpos de las mujeres, del feminismo, el género y la sexualidad, y una voluntad de rechazar todo, o al menos salir de la zona de confort”, sostuvo.

Y no solo son las estudiantes de Fahs.

Una nueva población de mujeres jóvenes está acogiendo el vello corporal, especialmente en Instagram. El fenómeno también ha llegado a las revistas. En la edición de septiembre de Harper’s Bazaar, la actriz Emily Ratajkowski posó con las axilas sin depilar (un giro de 180 ​​grados para la publicación desde sus primeros mensajes contra el vello de las axilas). La youtuber Ingrid Nilsen y la artista Halsey también mostraron su vello corporal.

Marcas de máquinas de afeitar para mujeres recientemente lanzadas también están defendiendo los pelos femeninos y fomentando conversaciones positivas sobre el tema. La rasuradora Flamingo, de la popular línea de aseo Harry’s, enfatiza el derecho de elegir si se te depilas o no con mensajes publicitarios como “Somos una opción de crecimiento”.

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Primping ✨

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El emprendimiento de navajas de afeitar Billie, establecida en 2017, es otra compañía que comercializa la idea de la elección. En lugar de mostrar las modelos perfectamente depiladas, típicas de los anuncios en este mercado, sus campañas mostraron a diversos grupos de mujeres rasurándose, peinando sus mechones de las axilas o acostadas en la playa en bikini con diferentes niveles de vellosidad.

“Durante mucho tiempo, la publicidad solo ha reforzado el tabú sobre el tema”, dijo la cofundadora de Billie, Georgina Gooley, en una entrevista telefónica. “Queríamos reconocer que las mujeres tienen vello corporal, mostrarlo y decir que afeitarse es una opción. Si quieres mantener tu vello corporal, celebramos eso. Y si quieres eliminarlo, también está bien”, agregó.

La fotógrafa Ashley Armitage, que trabajó en las campañas de Billie y representa ingeniosamente el vello corporal en su cuenta de Instagram, está de acuerdo. “El vello corporal es una elección personal”, escribió en un correo electrónico. “Afeitarlo, depilarlo o dejarlo crecer son opciones válidas, y todo depende del individuo”.

La idea de que no depilarse también es una opción puede no parecer revolucionaria cuando se trata de normalizar el vello corporal. Pero podría ser un paso importante para reformular el tema.

“Creo que más mujeres se están dando cuenta de cómo el vello corporal está profundamente conectado con el género y el poder”, dijo Fahs. “La naturaleza emocional de lo que provoca el vello corporal en las personas tiene un enorme potencial como herramienta para el activismo y el cambio social”, concluyó.