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Inmigración

Inmigración

Esta nueva regla de inmigración no es estadounidense

Por Eric Swalwell

Nota del editor: El representante Eric Swalwell, demócrata de California, es miembro de las comisiones Judicial y de Inteligencia de la Cámara de Representantes, y es copresidente de la Comisión de Dirección y Política Demócrata. Síguelo en Twitter en @RepSwalwell. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(CNN) – El cambio en la regla de «carga pública», que entró en vigencia el 24 de febrero, para impedir que los inmigrantes pobres o discapacitados puedan buscar una vida mejor en Estados Unidos es esencialmente “trumpiano”, y esencialmente no estadounidense.

Es el ejemplo más reciente de la arrogancia y crueldad de este presidente cuando se reduce a cómo tratamos a nuestros semejantes: los «cansados», los «pobres» y las «masas amontonadas anhelando respirar libremente», tal cual cita el poema de Emma Lazarus El nuevo coloso, en su eterno homenaje a la Estatua de la Libertad.

Esa estatua en el puerto de Nueva York ha recibido a millones de recién llegados a nuestro país. Personas que arribaron con poco más que la ropa que llevaban puesta, pero que aún así apostaron por sus sueños y su arduo trabajo para darles una vida mejor a sus familias, y una economía más fuerte y grande a todos nosotros. Es una parte integral de la historia de nuestra nación que el presidente Trump parece decidido a ignorar, ya que continúa utilizando a los inmigrantes como chivos expiatorios para lo que aqueja a nuestra economía y nuestra sociedad.

Leí el poema de Lazarus en voz alta durante una ceremonia de naturalización para más de 1.300 ciudadanos nuevos en Oakland en agosto pasado, cuando el gobierno de Trump anunció su norma revisada de «carga pública». Esta regla –un esfuerzo radical para restringir la inmigración legal y darles la espalda a nuestros vecinos– permite que los funcionarios nieguen las tarjetas de residencia a cualquier inmigrante que actualmente usa, o que posiblemente necesite, cualquier forma de asistencia pública. En otras palabras, si algún inmigrante alguna vez llegara a necesitar Medicare, cupones de alimentos, vales de vivienda, o sea «probable que se convierta en una carga pública en cualquier momento«, podría ser descalificado para obtener estatus legal permanente.

«Esta regla hace cumplir una ley de larga data que exige que los extranjeros sean autosuficientes, reafirmando los ideales estadounidenses de trabajo duro, perseverancia y determinación», dijo Ken Cuccinelli, subsecretario interino del Departamento de Seguridad Nacional. Sin embargo, los ideales que esta norma ejecuta son ciertamente cualquier cosa menos estadounidenses.

Las reglas de carga pública se utilizaron para excluir a miles de judíos alemanes que intentaban huir de la opresión nazi. Lamentablemente, cuando el pasado 27 de enero la Corte Suprema despejó el camino para que la norma del gobierno de Trump entrara en vigencia, lo hizo justo el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. #NeverAgain (#NuncaJamás, en español) no solo debería ser solo una etiqueta sino también un compromiso.

Sin embargo, esta crueldad no es un resultado de la política: esta crueldad es la política. Esto se hace en nombre de Estados Unidos, y ahora debemos decidir qué tipo de nación queremos ser.

Desde el anuncio de la nueva regla, hemos visto un clamor alrededor del país a medida que grupos defensores de los derechos civiles recurrieron a los tribunales para lograr su suspensión. Pero, las victorias logradas en los tribunales inferiores duraron poco, y la Corte Suprema falló 5-4 a favor de permitir la norma. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) anunció entonces que entraría en vigencia el 24 de febrero.

El Departamento de Seguridad Nacional estima que más de 382.000 inmigrantes resultarán afectados cada año. The New American Economy, un grupo de investigación sobre inmigración sin fines de lucro, estima un número mucho mayor: 3,9 millones. Los programas de asistencia crítica ayudan a muchos inmigrantes a ponerse de pie y mantener a sus familias a medida que comienzan una nueva vida en Estados Unidos, evitando el hambre o la falta de vivienda. Para otros tantos, esta nueva regla puede significar la separación permanente de su familia, si a algunos miembros se les niega el permiso de quedarse permanentemente en Estados Unidos. Estas familias pueden depender de sus ingresos y presencia. Es posible que muchas personas elegibles no busquen estos beneficios públicos por temor a poner en peligro su estatus migratorio.

Esto no es lo que somos como estadounidenses. Los inmigrantes no son «cargas» para el público estadounidense como el gobierno de Trump quiere que creas. De hecho, nuestra economía probablemente sufriría sin los inmigrantes a los que esta regla les impediría vivir en EE.UU.: un análisis de New American Economy descubrió que a la economía del país le costaría alrededor de 81.900 millones de dólares por año. Esto incluye miles de millones en ingresos, gastos e impuestos pagados por inmigrantes. A medida que la economía se expande, se crean más empleos, y hay más trabajo por hacer en sectores de trabajo altamente calificados y poco calificados.

Mi distrito, el 15º Distrito del Congreso de California, es un ejemplo perfecto: es uno de los más diversos de la nación, con aproximadamente el 35% de nuestros residentes nacidos en el extranjero, y también uno de los distritos más ricos del país.

A pesar del esfuerzo incesante del presidente para restringir la inmigración legal, Estados Unidos es más fuerte debido al arduo trabajo y las contribuciones de los inmigrantes en cada generación. Necesitamos una reforma migratoria integral que tenga en cuenta esto, no una medida punitiva y miope como esta regla de carga pública.

El presidente Ronald Reagan tuvo razón en su discurso de despedida a la nación en 1989, cuando hizo referencia a John Winthrop, y habló de su visión de Estados Unidos como la «ciudad brillante sobre una colina«.

«En mi mente, era una ciudad alta y orgullosa construida sobre rocas más fuertes que los océanos, azotada por el viento, bendecida por Dios y llena de gente de todo tipo que vivía en armonía y paz, una ciudad con puertos libres que zumbaba con comercio y creatividad», dijo Reagan. «Y si debía haber muros de la ciudad, tenían puertas, y las puertas estaban abiertas a cualquiera con la voluntad y el corazón para llegar aquí».

La voluntad y el corazón, no el efectivo frío y duro. Somos mejores que eso.