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Mujer

El 90% de las personas tienen prejuicios contra las mujeres. Ese es el desafío que enfrentamos

Por Padma Lakshmi

Nota del editor: Padma Lakshmi es embajadora de buena voluntad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, presentadora de televisión y es una de las autoras más vendidas según la lista de The New York Times.  Las opiniones expresadas en esta columna son propias de la autora. Ver más en la sección de Opinión en CNN.

 (CNN) — Crecí como hija de una madre soltera en Nueva York, y en casa, por supuesto, una mujer tomó todas las decisiones, no había nadie más. Pero la autonomía de mi madre fue duramente ganada. Huyó a EE.UU. después de abandonar un matrimonio abusivo porque, en nuestra India natal, el estigma del divorcio habría hecho imposible una vida normal.

Nos mudamos al otro lado del mundo para eludir las estrictas normas de género.

Por supuesto, descubrimos que las mujeres en EE.UU. también luchaban contra las limitaciones de sus roles prefigurados. Pero en mi infancia, en los años 70 y 80, a la sombra de la segunda oleada de feminismo, se suponía que a medida que las leyes cambiaran para permitir mayor participación pública de las mujeres, las normas sociales también evolucionarían.

Muchas no lo hicieron. En EE.UU. y otros países, las actitudes sobre los roles de género han demostrado ser notablemente persistentes. Un nuevo índice del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo sobre normas sociales relacionadas con el género sugiere que los prejuicios bloquean el avance de las mujeres en todos los aspectos de sus vidas.

Casi el 90% de los hombres y mujeres del mundo están predispuestos de alguna manera contra las mujeres, según el Índice de Normas Sociales de Género. La mitad de los hombres y mujeres sienten que los hombres son mejores líderes políticos. Más del 56% siente que los hombres tienen más derecho a un trabajo y/o son mejores ejecutivos de negocios.

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Según el índice, en algunos países, como Suecia y mi India natal, esas actitudes parecen haber empeorado en los últimos años.

Si bien las actitudes cambiantes han permitido que las mujeres participen más plenamente en la vida pública, el estancamiento o, en algunos casos, la regresión de estas actitudes, como muestra el índice, sigue impidiendo que las mujeres ganen su parte justa del poder. 

En todo el mundo, las mujeres tienen las mismas posibilidades de votar, pero solo el 10% de los 193 jefes de gobierno son mujeres, según el Pew Research Center. Las mujeres están sobrerrepresentadas en empleos con bajos salarios, pero representan solo el 21% de los empleadores y el 12% de los multimillonarios. Están casi igualmente representados en puestos de trabajo en las compañías Fortune 500 de S&P, pero representan solo el 5,8% del total de los directores ejecutivos, según el índice. 

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Las reacciones de las personas ante el embarazo de una mujer en el trabajo son un buen ejemplo de los prejuicios. En EE.UU., en 2011, algunos empleadores todavía despidieron a las empleadas inmediatamente después de quedar embarazadas, según un informe del Centro de Derecho Laboral de la Facultad de Derecho Hastings de la Universidad de California. (Eso es ilegal). Más sutilmente, las mujeres que anuncian un embarazo pueden ser retiradas del camino de ser socios accionistas de las compañías o negarles aumentos y bonificaciones. (También es ilegal). Un embarazo puede reiniciar fácilmente el curso de la carrera de una mujer. La discriminación por embarazo es generalizada y difícil de controlar.

Eso se debe a que esta discriminación emplaza directamente el núcleo de las creencias centrales de muchos sobre lo que significa ser mujer y madre. Muchas personas todavía creen que la maternidad es el propósito esencial de una mujer y, por lo tanto, si una mujer tiene un hijo, colocará a ese hijo antes que su trabajo y es poco probable que se desempeñe a un alto nivel profesional.

Este tipo de discriminación está profundamente enraizado en nuestras desarticuladas convicciones acerca de los niños y niñas, mujeres y hombres.

Todos podemos cambiar lo que transmitimos a nuestros hijos, y esto tiene un impacto. Hay muchas cosas que trato de trasmitir a mi hija de 10 años sobre su papel en el mundo, que es diferente que lo que me trasmitieron a mí.

Me aseguro de decirle que es buena en matemáticas. Cuando yo era joven, interioricé que no lo era, y es posible que no lo sea, pero también es posible que nunca me esforzara por intentarlo.

Cuando hablo de sus aspiraciones, no hablo del género en absoluto: digo, es importante que hagas lo que amas, ya sea ser florista, científica o músico.

Pero eso no es suficiente.

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Los gobiernos deberían diseñar más políticas para cambiar las normas sociales. Quebec en 2006 creó un permiso paterno no transferible para los padres, por ejemplo. Los hombres tenían un 250% más de probabilidades de tomar un permiso paterno después de la nueva política, y en los hogares donde lo hacían, su tiempo diario dedicado a las tareas del hogar era un 23% más alto que otros hogares, incluso después de que su permiso terminara. La formulación de políticas creativas puede cambiar los supuestos y las prácticas en nuestras rutinas más íntimas. 

Todos tenemos prejuicios. Mujeres y hombres. En nuestras relaciones personales y profesionales y en nuestras políticas, debemos reconocer los prejuicios y buscar soluciones. En países como India y EE.UU., todavía tenemos un largo camino por recorrer. Mi esperanza es que gran parte de esos prejuicios desaparezcan para cuando mi hija esté hablando con su hijo de 10 años.