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Coronavirus

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El discurso de Trump desata el caos mientras la crisis del coronavirus se profundiza

Por análisis de Stephen Collinson

(CNN) — El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se propuso estabilizar una nación sacudida y una economía sumergida con un solemne discurso en la Oficina Oval, pero en cambio sembró más confusión y generó dudas sobre si puede manejar la crisis del coronavirus que se agrava rápidamente.

Trump habló a la nación en un momento aterrador, cuando el ritmo de la vida cotidiana de los estadounidenses comienza a afectarse: con el cierre de escuelas, la NBA suspendida, los hospitales en alerta máxima y el anuncio de que la estrella de cine Tom Hanks y su esposa tienen la enfermedad.

«El virus no tendrá una oportunidad contra nosotros. Ninguna nación está más preparada o es más resistente que Estados Unidos», dijo el presidente, antes de pintar una imagen optimista de una economía que ya está sufriendo las consecuencias del virus. El presidente reveló varias medidas para ello, para ayudar a los trabajadores que han tenido que aislarse y son afectados por los cierres, aunque su llamado a un recorte de impuestos sobre la nómina no es popular en el Congreso.

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El gran anuncio de Trump para mantener a raya el virus –que dijo que era una prohibición de 30 días viajar a EE.UU. desde Europa y restricciones en los cargamentos — se vio inmediatamente envuelto en confusión.

El presidente luego se apresuró a aclarar en Twitter que los que se suspendían eran los viajes y no el comercio transatlántico de bienes, y las autoridades dijeron que su plan no se aplicaba a los estadounidenses o residentes permanentes de EE.UU., aunque dichos viajeros enfrentarían cuarentenas obligatorias.

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Trump también causó confusión cuando dijo que había convencido a los proveedores de seguros de salud para que renunciaran a todos los copagos por tratamientos de coronavirus.

Un funcionario de la Casa Blanca dijo más tarde que el presidente había querido decir que los copagos no se aplicarían a las pruebas de coronavirus, pero que aún se aplicarían a los tratamientos para la enfermedad.

Sembrando confusión

La confusión fue sintomática de una administración que a menudo ha batallado para delinear políticas detalladas y presentarlas de manera coherente. La principal tarea de Trump el miércoles era mostrar que él está a cargo y que finalmente apreciaba la gravedad de las semanas que se avecinan. Pero la confusión sobre la prohibición de viajar convirtió su discurso en una especie de debacle y puede exacerbar aún más la incertidumbre sobre su liderazgo.

Y su anuncio de prohibición de viajar se hizo aparentemente sin consultar con el sector turístico o los aliados de EE.UU. y parece listo para causar una interrupción masiva que profundizará el daño económico ya en cascada desatado por la crisis.

La medida podría causar la cancelación masiva de vuelos transatlánticos, lo que podría llevar a la industria de la aviación a un momento de desafío existencial. Es probable que tampoco sirva de algo para calmar el pánico de los inversores después de que Wall Street ingresara el miércoles en un mercado bajista. Por ejemplo, Dow Futures cayó más de 1.000 puntos después del discurso de Trump.

«Esto no es una crisis financiera. Es solo una situación temporal que venceremos juntos como nación y como mundo», dijo Trump en su discurso.

En un nivel más fundamental, el plan de prohibición de viajes generó preguntas básicas sobre la comprensión del presidente de una crisis que ha minimizado, de la que ha culpado a los demócratas y que predijo que desaparecería pronto.

La orientación del Departamento de Seguridad Nacional sugiere que las restricciones eximen a los ciudadanos estadounidenses y residentes permanentes, quiene se enfrentarían a una cuarentena cuando regresaran a casa. Y el presidente no explicó por qué su prohibición no incluía a ciudadanos del Reino Unido, donde el virus también ha echado raíces.

Pero el mayor problema que enfrenta EE.UU. no son más casos de coronavirus provenientes de Europa, sino que la enfermedad se ha arraigado en su propio territorio por la propagación comunitaria.

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Los problemas urgentes ahora giran en torno a cómo los estadounidenses deberían responder a la situación y en qué medida deberían cambiar sus patrones diarios. Trump aconsejó detener las visitas no esenciales a residencias de adultos mayores, el grupo de mayor riesgo del virus.

Pero no explicó cómo solucionaría lo que los funcionarios de salud temen que se convierta en hospitales atestados, la falta constante de pruebas adecuadas o la escasez de recursos, como los respiradores necesarios para mantener con vida a los pacientes más enfermos.

Argumentó que la amenaza aún era «muy baja» para todos, excepto para los adultos mayores y enfermos, el miso día en que uno de sus principales funcionarios de salud pública, el Dr. Anthony Fauci, predijo que el escenario actual, con más de 1.200 personas enfermos y 38 muertos en Estados Unidos, «va a empeorar».

Un discurso que probablemente dividirá a la nación

Para los partidarios de Trump, su discurso probablemente fue decisivo y audaz para enfrentar un desafío nacional.

Pero para los críticos siguió un libreto familiar, ya que culpó a otros por la crisis, se regodeó en la autofelicitación y xenofobia, y engañó al país sobre sus acciones hasta el momento.

«Este es el esfuerzo más agresivo e integral para enfrentar un virus extranjero en la historia moderna», dijo Trump, al tergiversar su propio catálogo de pasos en falso y los de su administración.

El presidente no mencionó, por ejemplo, la escasez de kits de prueba, lo que significa que los funcionarios ni siquiera pueden obtener una lectura sólida de cuán lejos se ha propagado la enfermedad en todo el país.

Los presidentes usan los discursos en la Oficina Oval en momentos extremos, para unir a los estadounidenses ante un desafío que amenaza su seguridad colectiva.

Pero el discurso sin intención y casi resentido de Trump cuando se enfrenta a un desafío externo que podría amenazar sus esperanzas de reelección es poco probable que cumpla la importante misión de la presidencia.

Su remedio central –culpar a China, donde se generó la crisis, y a Europa por verse afectada por ella– fue consistente con su mantra político de demonizar a los extranjeros.

La idea de que un virus que afecta a todos los humanos y que es una fuerza natural era algún tipo de amenaza elaborada en el extranjero para atacar a los estadounidenses es asombrosa en su propia concepción.

El presidente sí anunció una serie de medidas para apoyar a las empresas y a las personas con desgravaciones fiscales y bajas tasas de interés mientras el virus se afianza en Estados Unidos.

Pero el plan de Trump para aislar al país de Europa parece como cerrar la puerta del establo después de que el caballo se haya escapado: el virus ya está aquí e infecta a más estadounidenses cada día.