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Coronavirus

Coronavirus

Históricamente siempre hemos triunfado en la adversidad

Por Al Cárdenas

Nota del editor: Al (Alberto R.) Cárdenas es un abogado y líder de la comunidad latina en Estados Unidos. Ocupó distintos cargos en las administraciones de Ronald Reagan y George H.W. Bush, y fue asesor de la campaña de Jeb Bush en 2016. Es socio de la firma de abogados Squire Patton Boggs y del grupo de interés Cárdenas Partners. Las opiniones expresadas en este comentario pertenecen al autor. Más en la sección de Opinión en CNNE.com.

(CNN en Español) – Estados Unidos ha enfrentado grandes retos durante toda su historia, incluyendo una guerra civil, la esclavitud, las guerras mundiales, terremotos, huracanes, tornados, inundaciones. Pandemias como la de 1918, tuberculosis… Entendemos la historia y hemos triunfado, a pesar de la crisis.

Lidiar con lo inesperado nos ha llevado a lograr –con mucho esfuerzo– el éxito, la determinación y sí, la prosperidad. El proyecto de ley que el Congreso ha aprobado en Washington para ayudar durante la pandemia del coronavirus no tiene precedentes, teniendo en cuenta el impacto económico que tendrá, la transformación del sistema sanitario y la intromisión del poder público en nuestras vidas, el proyecto de Relief and Economic Security Act (Ley de alivio y seguridad económica) que contempla US$ 2,2 billones fue aprobado en el Senado, con una votación de 96 a 0.

Para ponerlo en perspectiva, el Congreso aprobó el llamado Plan Marshall en 1948, después de la Segunda Guerra Mundial, con el fin de liberar los fondos necesarios para la recuperación de Europa occidental después de la guerra. La cantidad aprobada en ese momento fue superior a los US$ 12.000 millones de la época.

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En 2008, después del colapso de Wall Street, el Congreso autorizó lo que en aquel momento parecía una suma desorbitante de más de US$ 700.000 millones.
Habrá más (quizás tres a cuatro anteproyectos de ley para partidas adicionales) relacionados con la pandemia del coronavirus. El plan Marshall promovió la creación de una cantidad de organizaciones internacionales que existen actualmente: unas Naciones Unidas reformadas, la OTAN, la OMC y muchas otras.

Los ataques del 11 de septiembre, combinados con el rescate económico de 2008 y 2009 conllevaron grandes cambios, de gran importancia e influencia hasta la fecha, que todavía sentimos en nuestras vidas: seguridad adicional en todos los aeropuertos y en general, en todos los puertos de entrada a EE.UU., más seguridad también en la entrada a las sedes de muchos negocios del sector privado y a muchas instalaciones del Gobierno; pérdida de la privacidad, un gran alboroto para las instituciones financieras y una vigilancia del Gobierno, algo que es una operación costosa.

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Auguro que esta vez, la infusión de dólares, que históricamente es inmensa, al mismo tiempo tendrá grandes ramificaciones en nuestras vidas: las vacunas contra la gripe y contra el virus serán obligatorias, ya no serán opcionales, el Gobierno establecerá un organismo permanente con los fondos necesarios en contra de las pandemias y ahora tendrá en inventario los suministros necesarios para la próxima, como equipos de pruebas clínicas y respiradores. Estados Unidos fabricará sus propios suministros médicos, medicinas, etc, etc. en vez de depender de China, Italia y otros países, y –de alguna manera– el Gobierno federal se verá tentado a asumir tomar un papel más importante en el sistema de salud pública.

Finalmente, el 2020 será un año de elecciones de una magnitud épica. Dependiendo del tiempo en el cual el virus disminuya ¿Qué tipo de actividad política será permitida? ¿Se prohibirán los mítines políticos, la campaña puerta a puerta, los centros de llamadas telefónicas? ¿Se le permitirá al pueblo votar por correo o por internet? ¿Se suspenderán las convenciones de los partidos por primera vez en nuestra historia? ¿Qué las reemplazaría? ¿A quiénes beneficiarían más estos cambios? Y finalmente, ¿se suavizará o continuará la aspereza y la hostilidad en la retórica política o empeorará? Algo que está garantizado es que las redes sociales y los programas de televisión por cable tendrán cada vez más importancia, porque la posibilidad de poder enviar el mensaje directamente al pueblo va a desaparecer.

Ahora relájense, distánciense, protéjanse y sigan en sintonía.