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Reabrir Estados Unidos: los peligrosos argumentos morales detrás del movimiento que lo exige

Por Daniel Burke

(CNN) – Un trabajador de la salud, vistiendo su bata verde y una mascarilla, se para en medio de una intersección mientras observa un embotellamiento de autos, desde los cuales varios manifestantes gritan y exigen regresar a sus medios de sustento y recuperar sus libertades.

La fotografía, tomada el pasado domingo durante una protesta de “Operation Gridlock” en Denver, retrata tan claramente las tensiones de este momento en Estados Unidos que podría ser sacada de la colección del ilustrador Norman Rockwell. Al igual que los manifestantes y el trabajador de la salud, el país está equilibrándose, tenso, en una encrucijada moral.

Hay un dilema que ahora enfrenta a los encargados de formular políticas en todo el país: ¿deberíamos reabrir la economía para ayudar a la mayoría o deberíamos proteger las vidas de los vulnerables al permanecer bajo medidas de confinamiento?

Una respuesta a esa pregunta –dejar que una minoría sufra para que la mayoría se beneficie– es conocida como utilitarismo. Y es una de las formas más comunes y controvertidas de tomar decisiones morales.

En asuntos de vida o muerte, como ahora, el utilitarismo estricto puede ser extremadamente peligroso.

“Este es un momento en que todos los países del mundo enfrentan la misma serie de preguntas y dilemas éticos”, señaló Anita Allen, miembro del comité de bioética del presidente Barack Obama.

“La forma como respondamos será una prueba real de nuestra humanidad y sentido de la justicia”, advirtió.

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Los cálculos morales detrás del utilitarismo

La pandemia de coronavirus ha cobrado la vida de más de 47.000 estadounidenses y ha dejado a unos 22 millones sin trabajo. Solo este martes, EE.UU. registró 2.751 muertes. La mayoría de los expertos en salud aseguran que estamos a semanas, si no son meses, de poner fin a las restricciones de distanciamiento social.

Pero recientemente, muchos conservadores se han alineado con los manifestantes del movimiento “Open it Up” (cuya traducción sería “Abre el País”). En el proceso, ellos han hecho algunos argumentos poco conservadores.

“Aquí no existe una opción de cero daño”, sostuvo recientemente el representante por Indiana Trey Hollingsworth, solo por poner un ejemplo.

Manifestantes se reúnen alrededor del Capitolio de Colorado en Denver para protestar contra las órdenes de confinamiento por el coronavirus, durante una movilización de “ReOpen Colorado” el pasado 19 de abril.

“Vamos a tener que mirar a los estadounidenses a los ojos y decir ‘estamos tomando la mejor decisión para la mayor cantidad de estadounidenses posible’, y la respuesta a eso es que los estadounidenses vuelvan a trabajar”, añadió Hollingsworth.

El representante luego se retractó de sus comentarios, pero él no es el único.

“Hay cosas más importantes que vivir”, aseguró este martes el vicegobernador de Texas, Dan Patrick. El mes pasado, Patrick insinuó que los adultos mayores podrían estar “dispuestos a arriesgar” su supervivencia por la salud económica del país.

El vicegobernador de Texas, Dan Patrick, insinuó que los estadounidenses de edad avanzada podrían estar dispuestos a sacrificar sus vidas por el bien del país.

Este tipo de cálculo moral refleja una verdad desagradable sobre el utilitarismo.

“Cuando los estudiantes universitarios conocen por primera vez el utilitarismo, dicen ‘esto es realmente genial. Soy un utilitario’”, dijo Jim A.C. Everett, un psicólogo moralista en Inglaterra.

“Pero luego, cuando les explicas las implicaciones de la filosofía, dicen: ‘Oh, no, no, no’”, añadió.

El utilitarismo comenzó como una fuerza igualadora

El utilitarismo comenzó como una fuerza igualadora en la Inglaterra de los años 1800, entonces completamente desigual. El concepto desafió la idea de que los príncipes debían ser tratados mejor que los pobres.

Los filósofos moralistas como Jeremy Bentham y John Stuart Mill argumentaron que nuestro bienestar debería ser importante de manera igualitaria, independientemente de la condición social.

Existen múltiples variaciones del utilitarismo, pero para definirlo de una forma sencilla: su idea radica en que la elección moralmente correcta es aquella que produce “el mayor bien para el mayor número”. Otras consideraciones y responsabilidades éticas no importan, ni siquiera los derechos naturales, que Bentham llamó “tonterías glorificadas”.

Manifestantes en el Capitolio de Colorado durante una protesta el 19 de abril contra la orden de confinamiento emitida por el gobernador Jared Polis. (Crédito: AP Photo/David Zalubowski)

El beneficio del utilitarismo, destacó Everett, profesor de psicología moral en la Universidad de Kent en Inglaterra, es que puede expandir nuestro círculo de cuidado. La filosofía nos pide que dejemos de lado los prejuicios personales y pensemos en el bien de todos.

El utilitarismo también puede ser extremadamente útil para distribuir de manera justa escasos recursos entre grandes grupos de personas, y así lo utilizan a menudo los expertos en bioética y en atención médica. Italia, un país arraigado en el catolicismo, ha utilizado un modelo utilitario para decidir qué pacientes con covid-19 obtendrían el número limitado de ventiladores.

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La mayoría de nosotros aplicamos cierta forma de utilitarismo en nuestras vidas, cuando tratamos de sopesar las consecuencias de nuestras acciones. Por ejemplo, cuando donamos dinero a una organización benéfica usualmente elegimos una que creemos que será la más beneficiosa para un mayor número de personas Y los utilitaristas a menudo argumenta que los ricos deberían dar mucho más de lo que hacen.

¿Por qué algunos filósofos creen que el utilitarismo debería aplicarse a la pandemia?

Peter Singer, el filósofo utilitario más famoso del mundo, dice que tenemos el imperativo moral de acabar con la pobreza.

El gobernador de Georgia, Brian Kemp, anunció esta semana que ciertos negocios –incluyendo a los salones de belleza y los cines– pueden reabrir el próximo lunes.

En el caso de la pandemia de coronavirus, Singer argumenta que salvar vidas debe evaluarse frente a los efectos nocivos del confinamiento, no solo en la economía sino también en la salud y el bienestar de las personas.

La Gran Recesión de 2008, por ejemplo, condujo a aumentos en los suicidios y las muertes por cáncer prevenible, según estudios publicados en The Lancet, una revista médica reconocida.

“Nos duele decirlo”, escribió Singer en una columna reciente junto a su compañero moralista Michael Plant, “pero el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene razón. No podemos permitir que la cura sea peor que la enfermedad”.

Singer es un extraño aliado moralista para los conservadores estadounidenses. Él ha adoptado una postura aguda contra la “santidad de la vida”, describiéndola como una idea adecuada para los “fundamentalistas religiosos que no saben nada”.

Una trabajadora de la salud permanece de pie en rechazo a la protesta el 20 de abril, mientras personas marchan hacia el Capitolio de Arizona para manifestarse contra la orden de confinamiento del gobernador Doug Ducey por el coronavirus.

¿Por qué algunos creen que el país no debería reabrirse?

Para estar claros, no todos los que argumentan que se debería reabrir la economía lo hacen porque abracen el utilitarismo.

Un buen número de manifestantes que rechaza las órdenes de confinamiento han dado razones libertarias, mientras ondean banderas amarillas de “No me pisotees” e insisten en sus derechos como “ciudadanos soberanos”.

Sin embargo, ambas posturas ignoran importantes responsabilidades morales, destacó Anita Allen del comité de bioética de Obama, que produjo informes detallados sobre temas como el brote de ébola.

Allen, ahora decana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Pensilvania, sostuvo que ese comité probablemente habría ayudado a orientar la respuesta del gobierno de Trump a la pandemia de coronavirus.

Pero, Trump al parecer decidió no nombrar uno, rompiendo una tradición presidencial que data de Gerald Ford en la década de 1970.

Manifestantes se reúnen en el Capitolio de Pensilvania, en Harrisburg, el 20 de abril de 2020, para exigir que el gobernador Tom Wolf reabra la economía del estado

“Hay una razón por la cual cada presidente antes de Trump tenía un comité de bioética”, apuntó Allen.

Haciendo eco de otros bioeticistas, Allen argumentó que el utilitarismo puede ser provechoso para elaborar políticas públicas, especialmente cuando se trata de estimar costos y beneficios potenciales. Pero en una pandemia, la filosofía moral puede conducir a acciones inmorales, advirtió.

“Parece implicar que podemos hacer un análisis de costo/beneficio sobre cuántas personas estamos dispuestos a sacrificar para poner en marcha la economía”.

Y tal sacrificio no se distribuirá por igual. Los estudios han demostrado que el covid-19 ataca desproporcionadamente a las minorías, los ancianos y los pobres.

Por ejemplo, los trabajadores negros representan aproximadamente el 12% de la fuerza laboral de EE.UU., pero su porcentaje es mucho mayor en los llamados “servicios esenciales”, como supermercados, transporte público, servicio postal y grandes minoristas como Amazon.

La justicia básica, indicó Allen, requiere que consideremos el impacto en sus vidas y en la de muchos otros trabajadores de primera línea que correrán el riesgo de contagio si se reabre el país.

Un trabajador de la Autoridad Metropolitana de Transporte (MTA, por sus siglas en inglés) usa equipo de protección personal el 7 de abril en la estación Grand Army Plaza, en el distrito de Brooklyn, Nueva York.

“Cuando piensas en reabrir la economía, no estamos diciendo que solamente que ‘algunas personas’ serán sacrificadas por el bien común”, explicó Allen. “Estamos aceptando que eso tendrá un impacto particularmente duro en esas comunidades”.

Algunos creen que aún no sabemos lo suficiente

Hasta cierto punto, ya estamos haciendo esos intercambios.

Reducir nuestras libertades individuales para “aplanar la curva” del nuevo coronavirus podría considerarse un experimento masivo en el utilitarismo, apuntó Julian Savulescu, filósofo y director del Centro de Ética Práctica de la Universidad de Oxford.

Pero en la mayor parte, no sabemos lo suficiente sobre este virus como para consolidar un buen argumento utilitario, dijo Savulescu.

Por ejemplo, los modelos que buscan predecir el número de muertes por covid-19 en Estados Unidos han sido desconcertantemente variados.

“La realidad es que si te encuentras en un estado donde las restricciones no son tan fuertes, podrías estar mejor o peor”, dijo Savulescu.

“La única forma en que funciona el utilitarismo es en conjunción con la investigación científica”, añadió.

Un gran problema con el utilitarismo

Uno de los mayores problemas del utilitarismo es la facilidad con la que trata las vidas individuales como un simple medio para fines sociales.

Miremos un famoso experimento mental: ¿matarías a una persona sana para salvar la vida de otras cinco que necesitan desesperadamente trasplantes de órganos?

El utilitarismo argumenta que sí, por el bien para más personas, uno debería ser asesinado por los cinco.

“Eso sacude nuestro sentido común”, sostuvo Savulescu. “La gente siente tensión y no sabe cómo resolverla”.

Ahora la pandemia está obligando a los médicos, enfermeras y expertos en políticas a enfrentar este experimento en la vida real.

“La pregunta nos está mirando a la cara”, describió el filósofo de Oxford. “Todos los días son días de juicio”.

El representante Trey Hollingsworth ha calificado la reapertura del país como el “menor de dos males”.

La idea de dañar a una persona inocente, por cualquier motivo, nos parece aborrecible a la mayoría de nosotros, sin importar nuestra postura ética.

Para Trey Hollingsworth, el congresista de Indiana, esta una pieza central en su postura contra el aborto. En 2017, denunció al fallo de Roe. vs. Wade, llamando a la vida de los no nacidos “dones de Dios” y prometiendo hacer todo lo posible para “continuar luchando por la santidad de la vida”.

El punto aquí no es jugar a “¡Te atrapé!”. Es exponer la inconsistencia moral al considerar algunas vidas por las que vale la pena luchar, mientras se abandonan otras por el bien de “la mayoría de los estadounidenses”.

Si la vida no nacida es sagrada, también lo es toda la vida, incluidas las de aquellos que se vuelven más vulnerables cuando regresemos a trabajar.

Acerca del autor

Daniel Burke

Daniel Burke es editor de temas religiosos en CNN.com.