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OPINIÓN | El problema con los números de muertes por covid-19

Por John D. Sutter

Nota del editor: John D. Sutter es colaborador de CNN y de National Geographic Explorer. Es director de la serie Baseline, que visitará cuatro ubicaciones en la primera línea de la crisis climática cada cinco años hasta 2050. Visite el sitio web del proyecto o sígalo en Instagram. Las opiniones expresadas en este comentario son suyas. Ver más opinión en CNNE.com/opinion

(CNN) — Después del huracán María en Puerto Rico muchos periodistas, líderes comunitarios y activistas tenían la misma sospecha. Moría más gente de lo que decía el gobierno de Estados Unidos.

En octubre de 2017 el presidente Donald Trump llegó a esa isla, que en muchos sentidos es una colonia de facto de Estados Unidos, para arrojar toallas de papel a las víctimas de la tormenta y alabar lo que llamó un bajo número de muertos.

«Puedes estar muy orgulloso de que toda tu gente y toda nuestra gente estén trabajando juntos», dijo Trump en una conferencia de prensa en ese momento, citando una cifra de muertos de 16. La tormenta en Puerto Rico no fue una «verdadera catástrofe «como el huracán Katrina en 2005, afirmó el presidente.

Junto con muchos otros periodistas, incluidos los del Centro de Periodismo Investigativo, ayudé a dejar al descubierto el recuento de muertes en gran escala en Puerto Rico. Un año después, luego de una exitosa demanda de registros abiertos y decenas de historias de investigación, el gobierno admitió la verdad, que es que aproximadamente 3.000 personas, no 16, murieron en la tormenta y sus consecuencias caóticas, que incluyeron meses sin electricidad y otros servicios de soporte vital.

Me acordé de esa desconexión entre la verdad y la realidad, y las dificultades de explicar las muertes relacionadas con el desastre, esta semana, cuando investigadores de la Escuela de Salud Pública de Yale y el Washington Post publicaron un informe que analizaba el «exceso de muertes» por covid-19.

Los hallazgos de Yale indican que los funcionarios están subestimando enormemente el costo de la pandemia.

«Aún no está claro cuál es el conteo real de víctimas mortales por covid», me dijo el doctor Irwin Redlener, director del Centro Nacional de Preparación para Desastres de la Universidad de Columbia, y profesor de salud pública. «Estamos en una confusión de números, lo cual es un problema».

Puede parecer un término insensible, pero el «exceso de muertes» es fundamental para comprender esta pandemia. El término se refiere al número de muertes que se encuentran en «exceso» de tasa de mortalidad normal para un lugar en particular durante un cierto período de tiempo.

Esta es una estimación estadística, no una contabilidad caso por caso. Sin embargo, muchos epidemiólogos y examinadores médicos consideran que es la mejor medida de muertes relacionadas con pandemias y desastres. No es difícil ver por qué. Es más fácil medir el número total de muertes y compararlas con una línea de base de referencia pasada que evaluar a cada víctima, revisar sus registros médicos, entrevistar a sus familiares y llegar a una evaluación objetiva. Esa metodología caso por caso es extremadamente difícil de llevar a la práctica y, a menudo, se quedará corta.

«La asignación de causas de muerte es más un arte que una ciencia», me dijo Daniel Weinberger, profesor asociado de epidemiología en la Escuela de Salud Pública de Yale e investigador principal del informe. La asignación podría cambiar de un médico a otro, dijo.

La cifra oficial de muertos por el huracán María en Puerto Rico – 2.975 – no era, de hecho, una lista de nombres y causas precisas de muerte. Fue un “exceso de muertos”, calculado por un equipo de investigadores de la Universidad George Washington, que la administración de la isla contrató a medida que aumentaba la controversia. Otras estimaciones ubicaron el número como posiblemente aún más alto.

Las cifras de Yale también funcionan así. Los investigadores encontraron 15.400 “muertes en exceso” en Estados Unidos desde el 1 de marzo hasta el 4 de abril, las primeras semanas del alboroto del coronavirus en este país. Durante ese tiempo, solo alrededor de la mitad de esas muertes, 8.128, se atribuyeron a covid-19, según el informe.

Las cifras sugieren que la pandemia ha sido mucho peor de lo reportado.

Las explicaciones de la discrepancia varían desde la falta de capacidades de prueba hasta varios métodos para decidir qué muertes deben clasificarse como causadas por el coronavirus.

«No todos los que mueran debido a covid-19 tendrán ‘covid’ en su certificado de defunción o serán contados en esas estadísticas oficiales; por lo tanto, habrá algún nivel de conteo bajo», dijo Weinberger, de la Escuela de Salud Pública de Yale. «Debido a los retrasos en los datos (de mortalidad) y el tiempo que lleva informar y rellenarlos, pasará algún tiempo antes de que tengamos una idea de cuánto se informa de manera insuficiente. Una estimación conservadora es que el número real (de muertes por covid-19) es quizás 1 ½ o dos veces mayor que los números informados».

Las cifras de “muerte en exceso” tampoco son perfectas, indicó Weinberger. ¿Las muertes disminuyeron porque hay menos accidentes de tránsito con menos personas en la carretera? ¿Algunas personas evitaron buscar atención médica porque tenían miedo de contraer covid-19 en un hospital y, por lo tanto, murieron por infecciones o enfermedades tratables? Es difícil de contar. Pero la medición sigue siendo un método crítico para comprender el amplio impacto del coronavirus, según los expertos.

Le pregunté a Aaron Bernstein, director interino del Centro para el Clima, la Salud y el Medio Ambiente Global (C-Change) de la Escuela de Salud Pública de Harvard T.H. Chan, si el “exceso de muertes” era la mejor medida del número de víctimas de una pandemia. Sí, dijo él. «Sin lugar a duda.»

El punto, para mí y para los expertos que contacté por teléfono esta semana, es que sabemos mucho menos sobre el costo real de covid-19 en Estados Unidos de lo que nos dicen los funcionarios y los medios.

Es imposible recurrir a noticias por cable, radio pública o sitios de noticias en línea y no ser bombardeado con el último número de la pandemia: X personas han muerto, Y son positivas, y así sucesivamente. Estos números vuelan hacia nosotros a través de notificaciones push y ocupan un considerable espacio en la televisión. Las conferencias de prensa con políticos y funcionarios de salud a menudo comienzan con ellos. Con frecuencia se cita un solo dígito, lo que da la impresión de que sabemos exactamente quién está muriendo y dónde y cuándo. Sin embargo, estas cifras no representan una realidad real en el terreno.

Eso es un problema, señaló Redlener, de Columbia, en parte porque los gobernadores y otros funcionarios públicos confían en estas cifras, junto con los modelos utilizados para proyectar cómo se propagará el coronavirus entre las poblaciones, para decidir cómo y cuándo «abrirse» de la cuarentena.

Los gobernadores tienen que hacerse preguntas como: «¿Se ha aplacado (la carga de la enfermedad) el tiempo suficiente? ¿Ha habido una caída persistente de 14 días en los ingresos hospitalarios?» Redlener dijo: «Se está arriesgando mucho (al alivianar las órdenes de quedarse en casa destinadas a controlar la propagación del virus), y está tratando de racionalizarlo en función de los números, pero los números no son necesariamente exactos ni son confiables ni predecibles».

Lo que está en juego es impensablemente alto, apuntó, y estos funcionarios están en una posición poco envidiable. «Habrá personas que morirán si abrimos demasiado temprano. Y habrá personas que quiebran si abrimos demasiado tarde», dijo.

Dada tal incertidumbre, sería sensato que procedieran con precaución. Sin embargo, los estados desde Georgia hasta Utah, donde vivo, están reabriendo restaurantes, gimnasios y salones.

En Puerto Rico, mientras los funcionarios estaban ocupados minimizando la severidad del huracán, las víctimas lucharon sin electricidad ni atención médica, y muchos de ellos murieron en esa espera.

Esperemos que ese no sea el caso con el covid-19. Porque, según cualquier evaluación, esta es una pandemia histórica y mortal, y una que, en palabras de Redlener, está «muy, muy lejos de haber terminado».