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Donald Trump

Coronavirus

Opinión | Coronavirus: Trump es un extraño, incluso entre los expresidentes

Por Kate Andersen Brower

Nota del editor: Kate Andersen Brower es colaboradora de CNN y autora de “Team of Five: The Presidents Club in the Age of Trump“, “First Women: The Grace and Power of America’s Modern First Ladies“, “First in Line: Presidents, Vice Presidents and the Pursuit of Power” y “The Residence: Inside the Private World of the White House“. Las opiniones expresadas aquí son propias de la autora. Ver más artículos de opinión en CNNe.com/opinion.

(CNN) — El mensaje en un video de tres minutos publicado por el expresidente de EE.UU. George W. Bush este sábado, y la respuesta del presidente Donald Trump, menos de 24 horas después, son poderosos recordatorios de una víctima pasada por alto en el cambio de normas de la presidencia de Trump: la unidad moral y el poder de los hombres en el Club de Presidentes han sido destruidos, y si quieren hablar ahora lo hacen cada uno por su lado y no como un equipo.

“No somos combatientes partidistas”, dijo Bush en su mensaje en honor a las decenas de miles de estadounidenses que han muerto en la pandemia. “Somos seres humanos, igualmente vulnerables e igualmente maravillosos a la vista de Dios. Nos levantamos o caemos juntos, y estamos decididos a levantarnos”. Trump respondió con un cáustico tuit el domingo por la mañana: “¡Él [George W. Bush] no se apareció por ningún lado para hablar en contra del mayor engaño de la historia de Estados Unidos!” (Se refería a la investigación de juicio político). No estoy sorprendida por la reacción de Trump ante el llamado de Bush a la unidad porque cuando lo entrevisté sobre sus predecesores, Trump tenía claro lo malos que los consideraba a todos.

Aproximadamente un año antes del brote de coronavirus entrevisté al presidente Trump en la Oficina Oval para hablar sobre los hombres que se habían sentado allí antes que él. Cuando le pregunté si podía empatizar más con ellos ahora que había estado en el cargo durante dos años, respondió sin dudar: “No”. Cuando salí de la Oficina Oval una vez que terminó nuestra entrevista, gritó: “¡Saluda al presidente Bush de mi parte!” con una voz cargada de sarcasmo.

En el video de Bush, que muestra a enfermeras y socorristas que ayudan a las víctimas del coronavirus y evoca el trauma que enfrentó el país después del 11 de septiembre mientras estaba en el cargo, Bush no pronuncia el nombre de Trump ni una vez. No obstante, Trump claramente lo tomó personalmente. Parece que cualquier llamado a la empatía y la compasión es un ataque directo contra él, y tal vez lo sea. “Recordemos cuán pequeñas son nuestras diferencias frente a esta amenaza compartida”, dice Bush mientras las imágenes de un niño pequeño que pega un arco iris dibujado a mano en su ventana y un hombre que lleva una máscara facial destellan en la pantalla con música conmovedora de fondo.

George W. Bush ha seguido el ejemplo de su padre y casi nunca habla de política en sus años posteriores a la presidencia, incluso durante la presidencia de Barack Obama. Ha disfrutado su retiro y él y su esposa Laura se refieren a su tiempo desde que dejaron Washington como “la vida después de la vida en la tierra prometida en Texas”. De hecho, Bush no ha hablado con Trump desde que ayudó durante las controvertidas audiencias de confirmación de su exasesor Brett Kavanaugh. Este video muestra bajo cuánta presión interna debe estar para hacer algo.

Solo hay cinco hombres vivos hoy (contando al presidente Trump) que conocen la soledad y el aislamiento de la presidencia. Pero la política actual del rencor hace que el trabajo de los expresidentes sea más difícil, porque ahora todo se ve a través de una lente política; incluso las cosas que solían ser relativamente inocuas han adquirido un nuevo significado. La reforma migratoria es parte del trabajo del Instituto Bush, un centro de política no partidista en el Centro Presidencial George W. Bush que celebra ceremonias de naturalización para los nuevos ciudadanos estadounidenses.

Trump enseña su pintura más republicana 0:43

“Debido a la naturaleza del presidente Trump, cuando hablamos de las mismas cosas de las que hemos estado hablando desde que el presidente Bush dejó el cargo, son vistas automáticamente como críticas al presidente actual”, me dijo un asistente del expresidente, que pidió permanecer en el anonimato debido a la sensibilidad del tema. “El presidente Bush dijo algo sobre la prensa libre y de repente es un desafío para Donald Trump. No, lo ha estado diciendo desde siempre”. Durante el fin de semana, Trump demostró que esto era absolutamente cierto: el video de Bush tenía poco que ver directamente con él, pero lo tomó como una reprimenda personal.

En la dedicación de la biblioteca presidencial de George W. Bush, en 2013, cuando todos los expresidentes vivos se reunieron, Obama dijo: “Hemos sido llamados ‘el club más exclusivo del mundo’… Pero la verdad es que nuestro club es más como un grupo de apoyo… Porque como cada uno de estos líderes les dirá, no importa cuánto se piense que está listo para asumir el cargo de la presidencia, es imposible entender realmente la naturaleza del trabajo hasta que es tuyo, hasta que estás sentado en ese escritorio.

“Y es por eso que cada presidente obtiene una mayor apreciación por todos los que prestaron servicio antes que él; por los líderes de ambos partidos que han asumido los desafíos trascendentales y sintieron el enorme peso de una nación sobre sus hombros”. Y debido a esa comprensión común, a veces pueden perdonar los errores. Como lo digo en mi libro, un amigo cercano de Jimmy Carter me dijo que se disculpó con George W. Bush en la dedicación de su biblioteca por ser demasiado duro con él, especialmente por sus críticas abiertas a la guerra en Iraq. “Oh, silencio”, respondió Bush.

La respuesta de Trump al llamado de empatía de un expresidente es un recordatorio de lo poco que tiene en común con sus predecesores y lo mal que encajará en el Club de Presidentes. Trump es el caso atípico y está orgulloso de ello. “No creo que encaje muy bien”, me dijo en nuestra entrevista con una sonrisa maliciosa. El camino de tierra quemada que ha elegido ha hecho que sea imposible mantener amistades, o incluso cortesía, con sus predecesores. “Soy un tipo de presidente diferente”, declaró. Durante esta crisis, Trump no ha reunido a los expresidentes, como hizo George W. Bush cuando le pidió a su padre y a Bill Clinton que viajen por el mundo y busquen ayuda después del tsunami en Asia, y recaudar dinero después del huracán Katrina, o como Obama lo hizo cuando le pidió a George W. Bush y a Clinton que crearan conciencia y fondos después del devastador terremoto de 2010 en Haití.

Las cosas han cambiado. La reacción de Trump al video de Bush sobre la unidad y la compasión nacionales es prueba de ello. Cuando le pregunté a Trump si iría a la apertura de la biblioteca presidencial de Obama, como es habitual, la pregunta sonó tonta tan pronto como las palabras salieron de mi boca. “No lo sé. Probablemente no me invitaría”, dijo. “¿Por qué debería hacerlo?”.

Esa es una declaración notable que se pierde en el caos de esta presidencia.