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Celebridades

OPINIÓN | Little Richard abrió de un patada las puertas del rock ‘n’ roll

Por Gene Seymour

Nota del editor: Gene Seymour es un crítico de cine que ha escrito sobre música, películas y cultura para The New York Times, Newsday, Entertainment Weekly y The Washington Post. Puedes seguirlo en Twitter @GeneSeymour. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Lee más artículos de opinión en CNNE.com/opinion.

(CNN) – Little Richard y la Era espacial empezaron a aparecer aproximadamente al mismo tiempo. Ambos hicieron sentir escalofríos al complaciente mundo de los años 50, cuyos ciudadanos, dependiendo de dónde se encontraran en ese momento, estaban asustados, horrorizados o electrificados por lo que venía a su paso.

De diferentes maneras, Little Richard y Sputnik le dijeron a este mundo: ¡Listos o no, ¡el futuro está aquí! Sputnik –el satélite lanzado por la Unión Soviética en 1957– dijo que el futuro sonaba como «Bip-bip-bip». Little Richard, lanzado desde el Chitlin’ Circuit, aseguró que sonaba como: «¡A-wop-bop-a-loo-bop-a-wop-bam-boom!».

Dicho esto, Richard tenía la razón. A pesar de que él y Sputnik tuvieron un encuentro… Bueno, volveremos a eso más tarde.

El punto principal aquí es que Richard Penniman, cuya muerte a los 87 años fue anunciada este sábado, abrió de una patada las puertas del rock ‘n’ roll de manera más enfática y trascendental que aquellos que emergieron al mismo tiempo. Chuck Berry, Elvis Presley y Buddy Holly pusieron en movimiento el sonido que cambiaría el universo que conocíamos.

Pero ninguno de ellos, ni siquiera Elvis, transmitió la cruda energía, la brillante audacia, la exuberante e infecciosa sensación de puro desenfreno que éxitos como «Rip It Up», «Tutti Frutti», «Long Tall Sally», «Ready Teddy», «Good Golly, Miss Molly», «Lucille», «Keep-A-Knockin» y «Jenny, Jenny» descargaban en los oyentes atónitos y encantados entre 1955 y 1959.

Décadas más tarde, incluso mientras permanecía llamativamente visible en los escenarios de conciertos, sets de televisión e incluso en alguna que otra película, Penniman insistía en recordarle a la gente de su importancia al afirmar: «Soy el creador. Soy el emancipador. Soy el arquitecto del rock ‘n ‘ roll.»

Inmediatamente después de su auge a finales de la década de los cincuenta, sonaba como una jactancia beligerante. Con el tiempo, a medida que su influencia se amplió por varias generaciones, este se aceptó como un hecho.

Una vez que Little Richard acaparó la atención en el punto medio de la era de Eisenhower, lo que aparentemente eran barreras impenetrables de raza, género musical e incluso sexualidad parecieron desmoronarse ante los ojos de todos. Podrías resistirte a lo llamativo del empaque, pero cualquiera que fuera la queja de los adultos sobre no poder «entender» las letras de rock ‘n’ roll por la radio, la enunciación y la articulación musical de Little Richard eran tan claras como una orden de allanamiento.

Puede ser que no entendieras exactamente lo que significaba «Tutti Frutti», pero escuchaste cada sílaba claramente, incluso las que sonaban como transmisiones interplanetarias.

Y su crianza y formación en la música gospel rindió dividendos en la forma en que cantaba y tocaba el piano. Incluso en 1987, después de años de altibajos personales y profesionales, «Great Gosh Almighty», la grabación de Penniman de una canción que escribió con Billy Preston para la banda sonora de «Down and Out in Beverly Hills», le recordó a la gente el viaje de ritmo, el dominio del teclado, el gran artista que Little Richard podría ser cuando el espíritu lo movía.

Oh, cierto, lo que nos recuerda: Sputnik. Aproximadamente cuando la Unión Soviética lanzó el primer satélite espacial hecho por el hombre en octubre de 1957, Little Richard estaba en una gira de rock ‘n’ roll por Australia. Mientras volaba a un concierto, según cuenta su historia, se asustó por lo que había visto como una «bola de fuego» volando por el cielo nocturno, mientras que al mismo tiempo sentía como si los ángeles controlaran el avión de alguna manera.

Recordaba que le habían dicho que lo que había visto era Sputnik. (No hubo explicación para los ángeles). En cualquier caso, Penniman estaba tan descompuesto por esta visión que decidió dejar sus presentaciones para estudiar teología, abandonando la música que ayudó a inventar, o al menos a emancipar, por la música gospel de su infancia.

Como sabemos, no dejó el rock ‘n’ roll atrás, aunque completó sus estudios religiosos y poco después se ordenó. El futuro de la música, con o sin él, continuó. ¿Es posible imaginar ese futuro que contiene música soul, la histriónica del heavy metal y el glam rock, o a los Beatles, los Rolling Stones, Sly and the Family Stone, David Bowie, Prince, Michael Jackson y tantos otros sin que Little Richard hiciera segura su existencia? La pregunta es demasiado fácil de responder.

Aquí hay una más difícil: en este momento de nuestra existencia, escondidos de la pandemia, polarizados por la raza y la clase, temiendo una calamidad económica aún inimaginable, ¿es posible imaginar a alguien como el reverendo Richard Penniman, abriendo de una patada las puertas hacia un jubiloso sonido, la liberación emocional y las posibilidades infinitas?

¿Es eso difícil o fácil de responder? Como ocurrió cuando despegaron Little Richard y Sputnik, mucho depende de donde sea que estés parado.