CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery
Noticias de salud

Cualquier nivel de consumo de alcohol o tabaco en el embarazo podría afectar el desarrollo cerebral de tu bebé, dice estudio

Por Kristen Rogers

(CNN) — Si te encuentras estresada o quieres disfrutar el happy hour virtual con tus amigas durante el embarazo, tomar una copa de vino cada tanto puede parecer un plan relajante.

Pero ese comportamiento va en contra de los resultados de una investigación publicada el martes en la revista JAMA Network Open.

Los investigadores encontraron que cualquier nivel de consumo de alcohol o tabaco durante el embarazo —poco o mucho, e incluso si lo dejas pronto— influye en el desarrollo cerebral de los recién nacidos.

Los efectos negativos a largo plazo de la excesiva exposición prenatal al alcohol o al tabaco (o a ambos) aumentan el riesgo de múltiples resultados adversos, observaron los investigadores.

La exposición al alcohol durante el embarazo es la principal causa de discapacidades intelectuales que se pueden prevenir, según el estudio, y el tabaquismo durante el embarazo es una de las causas más modificables de enfermedades y muertes posteriores al parto.

Sin embargo, la salud pública todavía no determinó un nivel seguro de consumo de alcohol o tabaco durante los embarazos, explicó el estudio. Por lo que los autores examinaron el vínculo entre la exposición prenatal al alcohol y el tabaco y la actividad cerebral de los recién nacidos.

No encontraron un nivel seguro que sea concluyente, pero los hallazgos sugieren que beber o fumar en las primeras etapas y luego dejar de hacerlo, o hacerlo a niveles bajos, moderados o altos, impacta en el desarrollo del cerebro de los recién nacidos.

Aquellas mujeres que bebían alcohol y lo dejaron en el primer trimestre habían tomado en promedio nueve copas durante ese período. A efectos del estudio se definió que un nivel de consumo bajo eran dos bebidas estándar en promedio durante el primer trimestre.

Un nivel moderado o alto de consumo implicaba, en promedio, 36 tragos durante el primer trimestre, 16 el segundo y ocho en tercero (los autores no tenían suficientes participantes para separar grupos de consumo moderado y alto, por lo que los combinaron).

En cuanto al tabaco, se consideró que fumar en promedio 14 cigarros durante cada trimestre era un consumo “bajo”, mientras que fumar entre 45 y 50 se catalogó como consumo “alto”. Aquellas mujeres que dejaron de fumar al comienzo del embarazo, fumaron en promedio siete cigarrillos antes de dejar.

“Ya podemos observar que hubo una alteración en el desarrollo de los procesos cerebrales que se puede cuantificar durante el sueño cuando los bebés tienen sólo unos pocos días de vida”, explicó el autor William P. Fifer, profesor de psicología médica en el Irving Medical Center de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. “Los bebés de aquellas madres que tuvieron incluso un nivel bajo de exposición al alcohol o tabaco aun así tuvieron algunas alteraciones en la actividad cerebral”, explicó.

Efectos del alcohol y el tabaco en la actividad cerebral

Participaron en el estudio 1.739 recién nacidos inscritos en el Safe Passage Study, un amplio estudio multidisciplinario que investiga las asociaciones entre la exposición prenatal al alcohol, las muertes súbitas de bebés y los partos de niños muertos.

El estudio también determinó los resultados de las exposiciones prenatales y cómo se ven afectados por el factores ambientales y de estilo de vida. Esta investigación ya finalizó, pero el artículo actual es un seguimiento de los recién nacidos que se incluyó.

Las madres fueron reclutadas de 2011 a 2015 en clínicas de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, y en la región de las llanuras del norte de Estados Unidos. Se excluyó a los bebés nacidos con menos de 37 semanas de gestación o más de 41, así como a las madres que dieron a luz a más de un recién nacido. También se excluyó de este estudio a madres que tomaban medicación psiquiátrica, aunque sí se las incluyó en el Safe Passage Study.

Los detalles sobre el consumo de alcohol se obtuvieron a partir de una entrevista de seguimiento de línea de tiempo de 30 días (técnica conocida como Timeline Followback Interview), en la que las mujeres informaban su consumo diario de alcohol el último día que habían bebido y 30 días antes, hasta cuatro veces durante el embarazo. También registraron si compartían la bebida con alguien más, el tipo y la marca del alcohol, el tamaño del trago y el tiempo que duró el consumo de alcohol en cada instancia.

La información sobre la exposición al tabaco también se reunió hasta cuatro veces durante el embarazo. Las mujeres reportaron sus hábitos de consumo el último día que habían fumado y los 30 anteriores. También indicaron cada cuánto lo hicieron y la cantidad de cigarrillos fumados en un día promedio de consumo.

Los investigadores realizaron un electroencefalograma (EEG) en 12 regiones de los cerebros de los recién nacidos mientras dormían.

Los EEG son pruebas no invasivas de la función y actividad cerebral que reflejan la actividad eléctrica en la corteza del cerebro. Se utilizan comúnmente para examinar y predecir los efectos de las exposiciones en el útero y las asociaciones con el desarrollo del cerebro en edades posteriores.

La potencia espectral del EEG, otra medida utilizada por los investigadores, mide el rango o ritmo de la señal del EEG del cerebro durante un cierto periodo de tiempo.

Los recién nacidos cuyas madres dejaron de beber antes del segundo trimestre, o se encontraban en los grupos de consumo continuo de nivel bajo a alto, tenían una mayor potencia de EEG de baja frecuencia en la sección temporal izquierda de su cerebro en comparación con los bebés sin exposición prenatal al alcohol.

Los bebés cuyas madres fumaron de manera moderada o alta en cualquier momento del embarazo o tuvieron cualquier nivel de consumo en el primer trimestre mostraron una actividad reducida en la zona central derecha de sus cerebros en comparación con los recién nacidos que no estuvieron expuestos al tabaco mientras estaban en el útero.

Los recién nacidos que habían tenido una exposición continua moderada o alta al tabaco tenían un descenso significativo en la potencia del electroencefalograma en el área central derecha del cerebro en comparación con aquellos cuyas madres habían dejado de fumar antes del segundo trimestre.

Fuertes contrastes

Los cambios en la actividad cerebral de los niños son normales a medida que crecen, pero no hay suficiente información para concluir si los aumentos o descensos de actividad registrados en el estudio sucedieron demasiado pronto o demasiado tarde en el desarrollo de los recién nacidos, dijo Fifer. Sin embargo, las mediciones sí se diferencian de las hechas a niños que no tuvieron exposición al alcohol o tabaco.

El mayor contraste en los electroencefalogramas estuvo entre los niños sin exposición al tabaco y alcohol y aquellos con una exposición moderada a alta.

“Aquellos que mostraron los efectos más drásticos fueron los (de madres) que tomaron más o siguieron bebiendo más durante el embarazo y las que fumaron más durante todo el embarazo”, explicó Fifer.

Estudios previos han mostrado los efectos de la exposición al alcohol y el tabaco en áreas específicas del cerebro que están vinculadas a la capacidad de los bebés de regular la frecuencia cardíaca, respiración, presión sanguínea y temperatura, dijo Fifer.

“Todos estos (factores) son extremadamente importantes para sobrevivir los primeros meses”, agregó. “Estamos encontrando un reflejo de esto en nuestras medidas de la actividad cerebral mientras los bebés duermen en el período posterior a su nacimiento”.

Los autores planear estudiar otras exposiciones y factores del estilo de vida que podrían afectar la función de desarrollo neurológico a largo plazo.

Habrá nuevos estudios, pero por ahora la investigación muestra que es mejor elegir un cóctel sin alcohol en la reunión de Zoom y el baby shower.