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EE.UU.

La historia del búnker presidencial secreto de la Casa Blanca

Por Jamie Ehrlich

(CNN) — El presidente Donald Trump fue llevado brevemente a un búnker de la Casa Blanca el viernes por la noche cuando los manifestantes protestaban al otro lado de la calle, y aunque el anexo de búnkeres y túneles debajo de la Casa Blanca no es nada nuevo, rara vez es utilizado por mandatarios estadounidenses.

Originalmente se construyó un búnker bajo el Ala Este durante la Presidencia de Franklin D. Roosevelt a raíz del ataque de Pearl Harbor, y más recientemente se utilizó el Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia (PEOC por sus siglas en inglés) durante los ataques del 11 de septiembre.

Según un funcionario de la Casa Blanca y una fuente de seguridad, Trump fue llevado brevemente al búnker subterráneo cuando los manifestantes se reunieron frente a la Casa Blanca a raíz de la muerte de George Floyd que provocó una serie de protestas en todo el país. Trump trató de explicar su presencia como una «inspección», en lugar de un retiro por su propia seguridad.

El presidente estuvo allí por poco menos de una hora.

Una fuente policial y otra fuente familiarizada con el asunto le dijeron a CNN que la primera dama Melania Trump y su hijo, Barron, también fueron llevados al búnker.

El bunker: de Roosevelt a Nixon

El presidente Roosevelt fue impulsado a construir por primera vez un refugio subterráneo tras el ataque de Pearl Harbor en 1941. Comenzó con un proyecto de expansión subterránea para construir lo que se parecía más a un refugio antiaéreo que a un búnker. Hubo dos proyectos diferentes: uno directamente debajo de la Casa Blanca y otro con una rampa (Roosevelt usaba silla de ruedas) hasta las bóvedas del Departamento del Tesoro, según el libro Raven Rock, del colaborador de CNN Garrett Graff.

«Un búnker de la Casa Blanca fue una necesidad absoluta durante la Segunda Guerra Mundial», dijo el historiador presidencial de CNN Douglas Brinkley en una entrevista. «Nos aterraba que Alemania intentara hacer estallar Washington. Los alemanes estaban construyendo cohetes», dijo Brinkley. «La Casa Blanca era una diana», agregó.

Eventualmente, la seguridad de la Casa Blanca determinó que incluso el búnker no era lo suficientemente seguro, y ahí es cuando Roosevelt comenzó a viajar al refugio oculto en las montañas de Maryland, al que llamó «Shangri-La», lo que ahora se conoce como Camp David. En ese momento, nadie sabía su ubicación.

«Nadie sabía que FDR (el presidente Franklin D. Roosevelt) no estaba en la Casa Blanca. La gente suponía que estaba operando fuera del búnker cuando a menudo estaba en el bosque de Maryland», dijo Brinkley. «Hubo una doble defensa entre tener el búnker en la Casa Blanca y tener Camp David», explicó.

La Casa Blanca de Harry Truman comenzó el trabajo masivo para convertir el búnker en un refugio antiaéreo el día antes de que soldados estadounidenses llegaran a suelo en Corea del Sur. El ayudante naval de Truman escribió a la comisión que supervisaba las renovaciones que debían establecerse planes para «alternaciones a nivel del sótano» en la Casa Blanca con «características protectoras», según escribió Robert Klara en The Hidden White House. El alcance de las renovaciones permanece, en su mayor parte, oculto.

Incluso durante los años de Nixon, cuando hubo una avalancha de manifestaciones en todo Washington, el uso del búnker rara vez se reconoció.

El abogado de la Casa Blanca de Nixon, John Dean, escribe en su libro Blind Ambition: The White House Years que cuando le presentaron por primera vez el refugio antiaéreo del presidente, le dijeron que era ideal para monitorear manifestaciones políticas. Dean dice que regresó allí solo una vez: para una proyección secreta de una película pornográfica que retrata la boda de Tricia Nixon con Ed Cox, vestido de mujer. Varios funcionarios de la Casa Blanca vieron la película para determinar si era necesaria una acción legal.

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Los ataques del 11 de septiembre

A pesar del hecho de que el búnker existió, el historiador presidencial Timothy Naftali dice que el plan antes del 11 de septiembre siempre fue sacar a un presidente de la Casa Blanca en lugar de esconderlo.

Los ataques terroristas del 11S, sin embargo, introdujeron una amenaza donde pudo no haber suficiente aviso previo para mover al presidente.

«En la Guerra Fría, iba a haber alguna advertencia de un ataque nuclear soviético. No sería una gran advertencia, serían unos minutos como mínimo. Pero tendría una advertencia», dijo Naftali en una entrevista con CNN. «El presidente tenía tiempo de abandonar la Casa Blanca. (…) Sospecho que después del 11 de septiembre, con un ataque que vino desde dentro de Estados Unidos, ya no se tenía la sensación de que habría suficiente tiempo para sacar al presidente del edificio».

Los ataques terroristas del 11 de septiembre son la instancia más notable y registrada del búnker de la Casa Blanca que se ha utilizado para cubrir el Ala Oeste.

Así vivimos los ataques del 11S en CNN en Español 7:54

Según el teniente coronel Robert J. Darling, después de que el Ala Oeste se enteró de un avión secuestrado que iba en ruta a Washington, ellos fueron llevados al búnker.

“A las 9:45 todos estos parlantes que no sabíamos que existían empezaron a retumbar. Dijeron que evacuáramos la Casa Blanca, evacuáramos el edificio de la Oficina Ejecutiva de Eisenhower, que todos aseguraran su equipo clasificado y fuéramos a sitios alternativos”, recordó Darling durante una conversación con la Sociedad Histórica de Arlington. “Todos los que estaban en el Ala Oeste ahora se vieron obligados a meterse bajo tierra en este complejo de búnkeres”, contó.

Laura Bush escribió en sus memorias que el día de los ataques fue «empujada adentro y abajo por un par de grandes puertas de acero» que se cerraron y formaron un sello hermético detrás de ella.

«Caminamos por viejos pisos de baldosas con tuberías colgando del techo y todo tipo de equipos mecánicos. El PEOC está diseñado para ser un centro de comando durante emergencias, con televisores, teléfonos e instalaciones de comunicaciones», escribió la ex primera dama.

Según el libro de Graff, Raven Rock, era el mediodía del 11 de septiembre cuando el vicepresidente Dick Cheney se quejó de la conectividad en el espacio de trabajo con el miembro del Consejo de Seguridad Nacional Richard Clarke: «Las comunicaciones en este lugar son terribles».

«Ahora sabes por qué quería el dinero para un nuevo búnker», respondió Clarke, meses después de que Bush descartara los planes de expansión.

Las fotos publicadas en 2015 por el Archivo Nacional muestran a miembros de la administración Bush hablando en el PEOC debajo de la Casa Blanca alrededor de una larga mesa de conferencias con dos televisores. Aunque Bush estuvo en la Florida durante los ataques, y más tarde voló en el Air Force One a un lugar no revelado, fue trasladado al búnker más tarde esa noche después de regresar a Washington, cuando se percibía otra amenaza.

No fue sino hasta 2010 que surgieron nuevamente las preguntas sobre el mantenimiento de la red de búnkeres subterráneos de la Casa Blanca. Se especuló que un proyecto masivo de construcción subterránea, con un costo proyectado de 376 millones de dólares, incluía algún tipo de renovación del sistema de búnkeres en la Casa Blanca, dijo Graff, con grandes cercas para bloquear la vista del público al proyecto y sin cambios perceptibles una vez que la construcción fuera terminada.

Funcionarios de la construcción le dijeron a CNN en ese momento que se trataba de «trabajo subterráneo» para solucionar problemas eléctricos y de plomería.

Graff señaló que esta vez se utilizó el búnker, una respuesta a una amenaza percibida que es diferente de lo habitual.

«Muchos presidentes han resistido muchas protestas y muchas protestas extensas a gran escala a lo largo de los años sin que fueran llevados apresuradamente al búnker. Y esa es una declaración tremenda sobre cómo algo fue diferente el viernes por la noche», dijo Graff sobre las protestas del 29 de mayo de 2020 tras la muerte de George Floyd.

La historia puede reflejar, según Naftali, que la respuesta del presidente muestra lo poco que entiende sobre la naturaleza de las manifestaciones. Los manifestantes no se manifestaban para crear violencia, sino que protestaban contra ella, dijo Naftali.

«Creo que el público respetaría a un presidente que entrara en un área segura si el público compartiera la sensación de amenaza y peligro. Pero la razón por la que el presidente está siendo criticado, y la razón por la cual el presidente está retrocediendo e intentando negar que él entró en el búnker, es que su percepción de la amenaza y del peligro para la seguridad nacional estadounidense no cuadra con la de la mayoría de la gente», dijo Naftali.

«No creo que al pueblo estadounidense le guste la idea de que su presidente les tenga miedo. ¿Por qué deberían hacerlo?», agregó.