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Donald Trump

Coronavirus

La decisión sobre las máscaras que perseguirá a la reelección de Trump

Por Kevin Liptak, Pamela Brown, Sarah Westwood

(CNN) –– A medida que repuntan los casos de coronavirus en Estados Unidos y los gobernadores comienzan a agitar por una orden nacional sobre el uso de mascarillas, el presidente Donald Trump muestra pocas señales de ceder ante un asunto que ha llegado a encarnar una respuesta a la pandemia nacional enraizada en la negación y que ahora hasta amenaza su futuro político.

Incluso, la mayoría de republicanos electos están abogando abiertamente por el uso de mascarillas y han sido fotografiados con su nariz y boca tapadas, en parte para dar un ejemplo al país. Sin embargo, Trump aún se niega a utilizar tapabocas en público, y la mayoría de los invitados a sus dos celebraciones del 4 de Julio ––en el monte Rushmore y en el South Lawn de la Casa Blanca–– estaban sin ningún recubrimiento facial.

“Creo que debería ser un requisito nacional”, sostuvo el gobernador de Nueva Jersey, Phil Murphy, este domingo en el programa «Meet the Press» de NBC. A pesar de ser demócrata, Murphy ha mantenido una relación cordial con Trump y cenó con él en junio en el campo de golf del presidente en Bedminster.

Un día después, el principal asistente de Trump indicó que es probable que la Casa Blanca nunca ordene el uso obligatorio de tapabocas a todos los estadounidenses.

“Cuando revisamos las mascarillas y su uso, eso se hace en función de la ubicación, cuando no se puede mantener el distanciamiento social”, señaló el secretario general de la Casa Blanca, Mark Meadows, en Fox News. “Ciertamente, un mandato nacional no se ordenará”, completó.

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Tres meses después de revertir las pautas y recomendar el uso de mascarillas ––una medida que los funcionarios admitieron posteriormente que fue confusa e incómoda––, los principales republicanos y aliados del presidente hasta ahora se están dando cuenta de que utilizar máscaras será un elemento esencial para contener una pandemia que aún no da tregua.

Funcionarios de la Casa Blanca están discutiendo asumir un papel más activo en alentar la utilización de mascarillas, a medida que se mueven hacia una estrategia de preparar a los estadounidenses para vivir a largo plazo con el virus. Después de una serie de eventos sin distanciamiento social y en los que las máscaras fueron escasas, la campaña de Trump dijo este domingo que organizaría un mitin en Nueva Hampshire donde los asistentes recibirán “una máscara facial que se les recomienda usar”.

Sin embargo, la voluntad de Trump para cambiar su postura personal sobre el tema está lejos de ser clara. Aunque se comparó con el “llanero solitario” en una de las pocas ocasiones que utilizó una máscara en privado, el mandatario no ha acudido a las poderosas plataformas de redes sociales para instar a sus seguidores a hacer lo mismo. Y en las reuniones con asesores, Trump ha declarado que un llamado más enérgico para el uso de mascarillas podría enviar un mensaje equivocado mientras él intenta que el país supere el virus.

El debate sobre las máscaras ha llegado a encapsular un esfuerzo federal marcado por reversiones reiteradas, recomendaciones contradictorias, bajas existencias de suministros e intereses internos en competencia que conducen a mensajes confusos y resultados negativos en materia de salud.

La respuesta equivocada le ha causado daños graves a la perspectiva política del presidente, en la que su reticencia a las máscaras solo profundiza la impresión de que Trump no se está tomando en serio la pandemia. Muchos de los aliados más cercanos al mandatario ahora dicen en privado que usar una mascarilla en público podría ayudarlo a parecer más en sintonía con la crisis. Ellos temen que si él no lo hace ––y alienta a sus partidarios a seguir este ejemplo–– podría amenazar la recuperación económica con la que el mismo Trump cuenta para impulsar la reelección, pues nuevos brotes podrían revertir las reaperturas que necesita desesperadamente para tener una oportunidad en noviembre.

La decisión del gobierno de Trump de no recomendar el uso de máscaras durante los primeros días de la pandemia ha surgido como un crítico paso en falso en una respuesta nacional ampliamente criticada. Incluso cuando fue claro que la propagación asintomática estaba difundiendo rápida y silenciosamente el virus, nunca se preparó un esfuerzo nacional concertado para convencer a los estadounidenses de que usar máscaras podría prevenir el contagio.

“No me arrepiento de eso”, sostuvo el Dr. Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, durante su testimonio ante el Congreso la semana pasada. “En ese momento, había una escasez de equipos que nuestros proveedores de atención médica necesitaban, quienes se ponían en peligro a diario al cuidar a las personas que estaban enfermas. No queríamos desviar su acceso a las máscaras y los equipos de protección personal para que los utilizara la gente”, explicó.

Sin embargo, solo ahora, meses después de una crisis que no muestra signos de detenerse, los altos funcionarios de la Casa Blanca y los aliados del presidente han comenzado a reconocer que si más estadounidenses comienzan a utilizar mascarillas el brote podría ralentizarse.

Funcionarios de la Casa Blanca aseguran que los mensajes de esta semana tendrán un cambio dirigido a convencer a los estadounidenses de que el virus no disminuirá en el corto plazo, pero que acciones como utilizar máscaras pueden ayudar a contenerlo a medida que el país aprende a vivir con él.

“Si bien hay brotes y estamos atendiendo las necesidades de esos brotes, tenemos la infraestructura para enfrentarlos”, señaló un funcionario al anticipar el nuevo impulso en los mensajes.

¿Si usamos mascarillas, frenaremos la pandemia? 24:12

Aún así, después de negarse durante meses a usar protección facial, denigrar a su rival electoral por aparecer con una máscara en público y atizar una reacción cultural contra su uso, no está claro si cualquier intento del presidente por convencer a las personas de cubrirse el rostro resultará efectivo.

Durante la tarde del viernes 3 de abril, Trump anunció que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) ahora instaban a las personas a llevar puesta una mascarilla cuando salieran de casa. Pero, inmediatamente, el presidente declaró que él no la iba a usar. En lugar de alentar a los estadounidenses a prestar atención a este recomendación, sugirió hacer lo que mejor les pareciera.

“Con las máscaras, será realmente algo voluntario”, aseguró el mandatario. “Puedes hacerlo. No tienes que hacerlo. Yo estoy decidiendo no hacerlo”, completó.

Su anuncio ocurrió tras días enteros de reuniones acaloradas entre el grupo de trabajo de coronavirus de la Casa Blanca, en las que los funcionarios discutieron acerca de si revertir la pauta anterior e indicarles a las personas que utilizaran recubrimientos faciales. En la Oficina Oval, Trump había expresado un profundo escepticismo acerca de que cualquier estadounidense usara una mascarilla, y le preocupaba que aconsejarles eso pudiera causar pánico.

Minimizar las preocupaciones

¿Cómo usar las mascarillas correctamente? 5:53

En los primeros días de la pandemia, el hecho de recomendar máscaras al público en general era apenas un tema de conversación entre los funcionarios de la Casa Blanca.

Una excepción fue Matt Pottinger, asesor adjunto de seguridad nacional que ha orquestado la política del presidente sobre Asia. Antiguo reportero de The Wall Street Journal radicado en China, donde cubrió el brote de SARS, Pottinger había vivido en un país en el que el uso de máscaras ha sido una rutina y donde, cuando el coronavirus comenzó a extenderse, se volvió omnipresente.

Según funcionarios y exfuncionarios del Gobierno, Pottinger y algunos miembros del Consejo de Seguridad Nacional recomendaron a otros integrantes del grupo de trabajo en que el uso de máscaras fuera una de las pautas para los estadounidenses a medida que el virus comenzó a extenderse en el país.

Al presentar datos de Corea del Sur y Japón, que sugerían que el uso generalizado de mascarillas podría ayudar a frenar la propagación de la enfermedad, Pottinger y los miembros del equipo de armas de destrucción masiva del Consejo de Seguridad Nacional argumentaron que se debería proporcionar una recomendación similar a los estadounidenses.

En medio de la discusión interna estaba apuntalada la escasez persistente de máscaras médicas para el personal de salud de primera línea en los hospitales, la cual los estados y el Gobierno federal se apresuraron a resolver con envíos espaciados y llamados al sector privado. Algunos funcionarios de la Casa Blanca temían que una recomendación general para que los estadounidenses usaran recubrimientos faciales derivara en la falta de las tan necesitadas máscaras para los profesionales médicos, lo que agravaría la situación ya de por sí compleja para los trabajadores de hospitales y los servicios de emergencia.

“El Gobierno quería que las máscaras se destinaran a los profesionales médicos y quería evitar el pánico para que la gente no comprara las máscaras necesarias en la primera línea”, explicó un exfuncionario de la administración que estuvo presente en las discusiones. “Eso fue parte de la justificación”.

Aún así, eso no impidió que Pottinger usara una mascarilla en la Casa Blanca, y alentara a otros miembros del Consejo de Seguridad Nacional a hacer lo mismo. En un punto de marzo ––mientras el Gobierno continuaba recomendando no utilizar máscaras médicas–– los integrantes del consejo recibieron un envío de máscaras quirúrgicas azules desde Taiwán para usarlas en la Casa Blanca.

En ese momento, los CDC indicaban en su sitio web que “no era recomendable que las personas sanas usen una máscara facial para protegerse a sí mismos de las enfermedades respiratorias, incluido el covid-19”.

Los funcionarios de la administración pidieron públicamente que las personas no salieran a comprar máscaras: “No es necesario que los estadounidenses salgan a comprar máscaras”, sostuvo el vicepresidente Mike Pence durante una aparición en CNN el 1 de marzo. A finales de febrero, el director general de Sanidad Jerome Adams tuiteó: “En serio, personas, ¡DEJEN DE COMPRAR MÁSCARAS! NO son efectivas para evitar que el público en general se contagie de #coronavirus”.

Celebración en Monte Rushmore, sin distanciamiento social 1:09

En otras instancias, algunos funcionarios del Gobierno incluso llegaron a sugerir que usar una máscara podría aumentar el riesgo de infección. “Puedes aumentar tu riesgo de contraer [coronavirus] al usar una máscara si no eres un proveedor de atención médica”, sostuvo Adams durante una entrevista en Fox & Friends el 2 de marzo. “Las personas que no las saben usar adecuadamente tienden a tocar mucho sus caras y en realidad pueden aumentar la propagación del coronavirus”, insistió.

Sin embargo, hacia finales de marzo comenzó a aparecer una creciente cantidad de evidencia que demostraba cómo la propagación asintomática del virus estaba provocando el aumento de casos en todo el país. Altos funcionarios de los CDC le dijeron a la Casa Blanca que se necesitaban pautas más estrictas ––incluyendo una nueva recomendación sobre los tapabocas–– para evitar que el virus se propagara entre quienes no presentaban síntomas, según personas familiarizadas con las discusiones internas.

La agencia federal envió notas a la Casa Blanca en las que detallaba su orientación recomendada en la última semana de marzo, indicaron personas con conocimiento de los documentos. Los CDC dejaron claro que se recomendaban recubrimientos faciales de tela, no máscaras de calidad médica.

Pero, después de recibir las comunicaciones, algunos de los asesores de Trump advirtieron que una recomendación a nivel nacional podría tener efectos colaterales negativos y abogaron por una medida con un alcance más limitado, potencialmente solo en las áreas más afectadas.

La opinión entre los funcionarios estaba dividida. Algunos se preguntaban si la gente en Estados Unidos ––a diferencia de los ciudadanos de países asiáticos, donde el uso de máscaras ya era algo común–– se someterían en algún momento a cubrirse la cara, considerándolo un obstáculo cultural. Un grupo planteó la noción de cambiarles el nombre a “máscaras de cortesía” para apelar al altruismo de los estadounidenses.

Expertos en salud, incluida la Dra. Deborah Birx, temían que las mascarillas pudieran inducir a las personas a abandonar otras medidas preventivas como el distanciamiento social. Y algunos de los asesores políticos de Trump plantearon una inquietud diferente: ¿transmitiría debilidad decirles a los estadounidenses que utilizaran máscaras en un momento en que el presidente adoptaba un comportamiento de “guerra”?

El debate se desarrolló en las reuniones del grupo de trabajo de coronavirus en la Sala de Situación de la Casa Blanca, pero también en la Oficina Oval, donde Trump parecía no estar entusiasmado con decirle a la gente que se cubriera la cara y además les informó a los asesores que él no sería visto en público usando una máscara.

“Eso se está discutiendo realmente de manera muy activa. Lo discutimos activamente hoy en el grupo de trabajo y puedo asegurarles que mañana estará en la agenda”, aseguró a CNN Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas del país, a comienzo de abril. “Dado el hecho de que sabemos que las personas asintomáticas transmiten claramente la infección, simplemente tiene sentido que no sea una mala idea hacer eso”, completó.

Las máscaras se politizan

Las emociones y las máscaras: ¿qué dice la Psicología? 1:16

En un punto, el debate salió a la vista durante una reunión informativa del grupo de trabajo de coronavirus, cuando Birx, quien había argumentado en privado contra una recomendación para el uso de máscaras, advirtió sobre tener una “falsa sensación de seguridad de que esa máscara te protege exclusivamente de la infección”.

Un día después, Trump anunció ––a regañadientes, según personas familiarizadas con el asunto–– las nuevas recomendaciones de los CDC sobre las mascarillas. Pero quedó claro desde el momento en que el presidente dijo que no adoptaría el uso de máscaras que el debate sobre su uso estaba lejos de haber terminado.

“Usar una máscara facial mientras saludo a presidentes, primeros ministros, dictadores, reyes, reinas, no lo sé”, comentó Trump. “De algún modo, no lo veo para mí”, insistió.

Y, al parecer, el asunto tampoco fue considerado por muchos de los partidarios del mandatario, quienes interpretaron la negativa del presidente a usar una máscara como una señal de que aparecer en público con la cara cubierta era un signo de debilidad.

En el transcurso de abril, mayo y junio, Trump hizo muy poco para combatir esa impresión. En cambio, aprovechó una nueva guerra cultural y se burló de su rival Joe Biden por utilizar una mascarilla facial cuando salió el Día de los Caídos para colocar una corona de flores.

“Es como si toda su cara estuviera cubierta. Es como si se hubiera puesto una mochila sobre la cara”, le dijo Trump al diario The Wall Street Journal.

En privado, Trump comentó a sus asistentes que usar una máscara enviaría un mensaje terrible, mientras él trataba de proyectar un ímpetu en la lucha contra el virus y la reapertura de la economía. Al presidente también le preocupaba que las imágenes de él con una máscara fueran reutilizadas por sus rivales políticos para acusarlo de acobardarse ante la crisis.

Aunque su campaña produjo máscaras con el lema “Keep America Great” («Mantener grande a EE.UU.»), el personal nunca estuvo seguro de si Trump autorizaría su venta y estos productos nunca aparecieron en la tienda de la campaña en línea.

Cuando Trump salió de la Casa Blanca por primera vez para visitar una fábrica de Honeywell en Arizona que estaba produciendo respiradores, se puso brevemente una máscara detrás del escenario, pero parecía incómodo y un ejecutivo le dijo que no necesitaba usarla.

Posteriormente, cuando visitó una planta de Ford en Michigan, donde era obligatorio el uso de máscaras, el presidente de la compañía animó a Trump a ponerse una mascarilla y lo hizo brevemente. Pero luego se la quitó y les dijo a los periodistas que no “quería darle a la prensa el placer de verlo”.

La Casa Blanca insistió en que como a Trump se le realizaban pruebas de detección regularmente ––al igual que a todos los que estuvieran cerca de él–– entonces no necesitaba una máscara, aunque los exámenes de Abbott utilizados por la Casa Blanca mostraron altas tasas de falsos negativos.

Así evitan las mascarillas la propagación de partículas 3:10

La renuencia pública de Trump sobre el tema también pareció causar confusión entre sus partidarios acerca de si realmente era necesario usar una máscara: una encuesta nacional de la Universidad de Quinnipiac a mediados de mayo encontró que solo el 40% de los republicanos dijo que todos debían usar máscaras en público, en comparación con el 64% en general.

Esas cifras han mejorado con el tiempo, pero las encuestas más recientes continúan mostrando una división partidista en el uso de máscaras. Una encuesta del Centro de Investigaciones Pew de mediados de junio mostró que el 52% de los republicanos aseguró que las máscaras deberían usarse la mayor parte del tiempo, en comparación con el 86% de los demócratas.

Sin embargo, a medida que el país experimenta un nuevo aumento en los casos, se ha vuelto cada vez más claro que muchos republicanos han decidido que un uso más extendido de las máscaras es necesario.

El Partido Republicano sobre las máscaras

Durante la semana pasada, altos funcionarios republicanos y miembros de los medios de comunicación conservadores ––incluyendo aquellos que el presidente mira de cerca–– se han volcado abruptamente a recomendar las mascarillas y, en algunos casos, a exigirlas. El gobernador de Texas, Greg Abbott, emitió este jueves una orden a nivel estatal que exige a los ciudadanos el uso de máscaras en público. El vicepresidente Mike Pence, cuya visita sin máscara a la Clínica Mayo se convirtió en un símbolo de la actitud relajada de la Casa Blanca, comenzó a utilizar regularmente una de color azul marino con el sello presidencial.

La repentina aceptación de las mascarillas, incluso por parte de aquellos políticos que alguna vez enmarcaron el tema como una opción personal, ha aumentado la presión sobre Trump para respaldar la protección facial con más fuerza, según varias fuentes con conocimiento de las discusiones.

“Se está hablando más del uso de máscaras como defensa de primera línea”, sostuvo una persona involucrada en las discusiones, quien agregó que se están compartiendo una variedad de puntos de vista y que la Casa Blanca aún no ha decidido un enfoque.

Mientras tanto, los altos miembros republicanos del Congreso han abogado por las máscaras de una manera mucho más agresiva que Trump en los últimos días. La representante Liz Cheney, republicana número 3 de la Cámara, publicó una foto de su padre, el exvicepresidente Dick Cheney, en la que aparece usando una máscara quirúrgica azul debajo de un sombrero de vaquero. “#Realmenwearmasks” (que en español traduce #LosHombresDeVerdadUsanMáscaras), escribió Cheney.

Además, un importante asistente republicano dijo que están considerando las máscaras como un factor clave para evitar que los estados vuelvan a cerrar. Expertos médicos y miembros del grupo de trabajo han enfatizado en la importancia de las mascarillas para los funcionarios de la Casa Blanca recientemente, con la esperanza de que acepten amplificar el mensaje, indicaron fuentes familiarizadas con las conversaciones.

Aunque Trump todavía se niega a usar una máscara en público, sí ha cambiado un poco su tono, y tuvo una actitud más favorable hacia las mascarillas durante una entrevista con FOX Business Network, en la que reconoció que ha usado esta protección donde el distanciamiento social es imposible.

“Estoy a favor de las máscaras”, aseguró Trump. “Creo que las máscaras son buenas”, completó.

Aún así, una aceptación total de las máscaras podría resultar políticamente complicado para Trump, quien se ha burlado repetidamente de su rival de 2020 Joe Biden por utilizar una mascarilla en público y que también ha caracterizado los recubrimientos faciales como un signo de debilidad.

Las personas con conocimiento sobre el pensamiento de la Casa Blanca dicen que los asistentes de Trump esperan superar el aspecto político de las mascarillas y replantear su uso como una verdadera preocupación por la salud pública y la seguridad, una gran exigencia para un presidente que ha parecido atizar las divisiones políticas y culturales de las máscaras durante meses.

Trump aún representa una resistencia

Todavía no es claro en qué medida el presidente asumirá un papel de liderazgo para alentar el uso de máscaras. En una aparición el jueves pasado para promocionar cifras positivas de empleo, Trump solo mencionó brevemente las cubiertas faciales en una lista de las mejores prácticas para detener la propagación de covid-19.

Pero algunos de los principales asesores de Trump han comenzado a replantear el asunto como una responsabilidad personal, con la expectativa de poner sobre los individuos la carga de contener el virus y, por extensión, acelerar la reapertura. En eventos públicos, funcionarios han argumentado que los picos recientes en los casos se deben a la incapacidad de las personas de adherirse a las pautas de distanciamiento social y de cumplir con las recomendaciones sobre el uso de mascarillas, y no a la suspensión prematura de las órdenes de confinamiento que Trump tanto motivó.

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“Realmente no se trata de reabrir”, sostuvo el domingo el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, en el programa «State of the Union» de CNN, al defender el incentivo de la Casa Blanca para levantar las restricciones en los estados donde las tasas de infección han aumentado. Azar afirmó que la culpa está “en cuáles son nuestros comportamientos dentro de eso”.

“Si actuamos de manera irresponsable, no nos distanciamos socialmente, no usamos protección facial en lugares donde no podemos distanciarnos socialmente, si no practicamos una higiene personal adecuada, vamos a ver la propagación de la enfermedad”, sostuvo.

Este domingo, Pence también trató de enfocarse en la responsabilidad de los estadounidenses sobre el uso de máscaras, y no en las reaperturas que quería la Casa Blanca.

“Los estadounidenses más jóvenes se han congregado de maneras que pueden haber ignorado las pautas que dimos a nivel federal para todas las fases de reapertura”, aseguró en CBS.

Pero el impulso de los asistentes por la responsabilidad individual parece complicado con el propio comportamiento de Trump a medida que la pandemia continúa. Después de convocar eventos políticos en Oklahoma y Arizona –– donde el distanciamiento social se desalentó activamente, el uso de máscaras estuvo ausente y la gente se enfermó después––, Trump encabezó un evento en Mount Rushmore el viernes que concentró a 7.500 personas en un estadio donde el distanciamiento resultó imposible y no todos se cubrieron la cara.

Incluso cuando Trump finalmente ha comenzado a alentar a las personas a usar máscaras, aunque él no las utilice, su hijo Donald Trump Jr. está extendiendo activamente dudas sobre la efectividad de las máscaras contra el coronavirus.

En Facebook, Trump Jr. publicó una imagen de un laboratorio donde los científicos trabajaban en ciertos trajes de materiales peligrosos conocidos como trajes de presión positiva. El texto en la imagen dice: “Esto es lo que usan los virólogos para protegerse de un virus. Sin embargo, no se preocupen. Probablemente su pañuelo también funcione”.

Alex Marquardt, Jeremy Diamond y Kristen Holmes, todos de CNN, contribuyeron a este informe.