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Ecuador

Opinión | Justos por pecadores

Por Roberto Izurieta

Nota del editor: Roberto Izurieta es director de Proyectos Latinoamericanos en la Universidad George Washington. Ha trabajado en campañas políticas en varios países de América Latina y España y fue asesor de los presidentes Alejandro Toledo de Perú, Vicente Fox de México y Álvaro Colom de Guatemala. Izurieta también es colaborador de CNN en Español. Las opiniones expresadas en este comentario son propias del autor. Ver más opiniones en CNNe.com/opinion.

(CNN Español) — Con todo lo que está pasando en la política últimamente, después de haber encontrado cajas de medicinas en casas de políticos y de muchos otros escándalos de corrupción, es muy fácil llegar a la conclusión de que todos los políticos son corruptos. Siempre he tratado de evitar esa clase de generalizaciones. No soy abogado ni juez, pero en muchos de estos casos connotados la noticia que aparece es suficiente para que, como ciudadanos, nos formemos una opinión. Es legítimo y necesario hacerlo, pero siempre teniendo en cuenta que es justamente solo una opinión. La inocencia, culpabilidad y responsabilidad deben siempre corresponder a un sistema judicial profesional, honesto e independiente de la política (de cualquier forma de política). Lastimosamente también, en los últimos años hemos visto a muchos jueces y fiscales en países como Guatemala, Brasil, Perú y también Ecuador con alta visibilidad en los medios de comunicación, demostrando un profundo deseo de ser populares sin tomar en cuenta que la justicia no tiene que ser popular, debe ser solo eso: justicia.

A veces consideramos que la vida no es justa, pero no por eso debemos dejar de trabajar en la medida de nuestras posibilidades para afrontar los retos. Trabajo desde los 16 años y desde esa edad me gustan la política y las campañas electorales. Por suerte, me di cuenta desde temprano que mi vocación no sería una carrera política sino participar apoyando la comunicación pública, que termina siendo gran parte de la política.

A los 16 años tuve el privilegio de estar presente, más por accidente o coincidencia que cualquier otra cosa, en una conversación muy exclusiva con Jaime Roldós Aguilera, su esposa Martha y un par de sus gerentes de campaña electoral de 1978-1979 para la presidencia. Durante una media hora, que todavía en mi memoria parece una eternidad, sentado en el lobby del Hotel Quito pude ver y apreciar de cerca a dos grandes personajes que luego harían historia en Ecuador.

He tenido el privilegio de conocer y trabajar con muchos expresidentes latinoamericanos y de España. Este hecho constituye una de mis mayores satisfacciones. Conocí (no necesariamente trabajé) a personajes de muchos espectros de la política como Jimmy Carter, Fidel Castro, Álvaro Uribe y Hugo Chávez. Debo reconocer que el personaje que más me impactó, si bien no es político, siempre estuvo muy relacionado con la política: Gabriel García Márquez.

El trabajo más duro y difícil que he tenido en más de 30 años de carrera profesional fue cuando fui asesor de comunicación de Jamil Mahuad. Ecuador estaba al borde de una guerra con el Perú, acababa de enfrentar el fenómeno del Niño de 1998 que devastó la costa ecuatoriana. El país enfrentaba una crisis bancaria y para completar, erupcionaba el volcán Tungurahua y luego el (Guagua) Pichincha. El precio del barril de petróleo llegó a caer a un promedio de US$ 7 en 1999. El país estaba simplemente quebrado. Mahuad no causó ninguno de estos hechos, le tocó administrarlos. Fueron años muy difíciles para todos los ecuatorianos. En mi caso personal, trabajaba más de 12 horas diarias y algunos días, no había tiempo para dormir. Una madrugada en que trabajé hasta las 8 AM sin parar, Mahuad me pidió que me fuera a mi casa a descansar. Me quedé dormido manejando y crucé una de las avenidas principales de la ciudad en luz roja, me despertó el frenazo y bocina del auto que casi me choca. Dios me salvó la vida ese día, cuando entendí que no podía trabajar más; que no podía hacer más. Derrotado, le dije a Mahuad que iba a renunciar; me pidió que esperara unas semanas. No fue mucho más que eso, Mahuad fue derrocado en pocos meses.

No pasaron horas y ya tenía algunas ofertas de trabajo: aquellos que me lo ofrecían reconocían que trabajé con dedicación, profesionalismo y honorabilidad. Conocí gente extraordinaria. Pocos funcionarios de gabinetes tuvieron gran éxito profesional luego de dejar el gobierno. Ninguno fue sometido a juicio como Jamil Mahuad. Llegaron a ser directores de agencias mundiales del medio ambiente, grandes médicos, expertos, funcionarios internacionales y buenos profesores. He sido testigo de que todos ellos viven de su trabajo; con el mismo compromiso y dedicación que observaba cómo lo hacían en esos años tan difíciles.

Mahuad es impopular por el congelamiento bancario y la crisis económica, pero es reconocido por su trayectoria política y sus realizaciones. De alcalde de Quito implementó el proyecto de agua potable más ambicioso de la región en esos años. También cambió radicalmente la ciudad implementando el sistema trolebús que le dio dignidad a los usuarios para que pudieran llegar a sus trabajos y casas con rapidez. De presidente firmó la paz con el Perú, creó el bono solidario (que beneficia a más de un millón de familias desde entonces), y estableció la dolarización. Hasta Rafael Correa, de polo opuesto, llegó a decir en una ocasión públicamente que se había equivocado al pedir juicio a Mahuad porque era un hombre honesto, aunque estuviera en total desacuerdo con sus ideas políticas y económica.

Hoy Mahuad enfrenta quizás el último paso de un juicio, que a mi mejor entender es sobre todo político, porque la acusación es de peculado y el peculado es mal uso de fondos públicos. La difícil decisión del congelamiento bancario no involucraba fondos públicos sino privados. Durante 20 años no se ha probado nada de lo que se le acusa.

Fueron tiempos muy duros para todos porque el país estaba quebrado. Dicen que “la justicia tarda, pero llega”. Ojalá sea así. El juicio de la historia se ha comenzado a escribir.