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Opinión | EE.UU.: La verdad sobre la reapertura de escuelas en plena pandemia, según una pediatra

Por Edith Bracho-Sanchez

Nota del editor: Edith Bracho-Sanchez es pediatra de atención primaria, directora de Telemedicina Pediátrica y profesora asistente de pediatría en el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia. También es miembro de la Academia Estadounidense de Pediatría. Las opiniones expresadas en este comentario son suyas. Leer más artículos como este en CNNe.com/opinión.

(CNN Español) — Todos sabemos que la escuela juega un papel crucial en la vida de los niños. Pero el presidente Donald Trump, sin planes claros para contener el covid-19 en las comunidades donde está resurgiendo actualmente, ha amenazado con eliminar los establecimientos educativos que no se hayan abierto en el otoño (entre septiembre y diciembre, en el hemisferio norte). Esa acción sería perjudicial para los niños, sus padres y maestros, y agregaría más miedo y confusión durante un tiempo ya caótico. Como escribió Tami Luhby de CNN, el presidente no puede recortar unilateralmente el actual apoyo federal a las escuelas, pero «podría tratar de restringir algunos fondos de ayuda para pandemias recientes o negarse a firmar futuros subsidios y rescates para la educación, y cualquier disminución en el financiamiento federal afectaría duramente a las escuelas.

Nuestro objetivo colectivo debe ser reabrir las escuelas de manera segura este otoño. Pero su reactivación es exactamente eso, un objetivo. Uno que requerirá trabajo, preparación, flexibilidad y acción colectiva para ejecutarse de manera segura.

Los preparativos para una reapertura segura deben comenzar con una estrategia integral para contener el virus en las comunidades donde está resurgiendo actualmente y, como los expertos en salud han dicho desde el comienzo de la pandemia, las estrategias de contención deben adoptarse de manera amplia y consistente en todo el país si el virus no deja de propagarse de una comunidad a otra.

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Los maestros, los estudiantes y los padres -y los empleadores de estos- también deberán mantenerse lo más flexibles que sea posible. Algunas escuelas pueden reabrir y luego volver a cerrar si hay un resurgimiento del virus. Otras pueden optar por adoptar modelos híbridos donde los estudiantes participen en el aprendizaje en persona durante parte de la semana escolar y eso conviva con clases virtuales.

Como comunidades también debemos asegurarnos de que todas las escuelas, no solo las de los distritos más ricos, tengan los recursos para reabrir de manera segura este otoño. No hacerlo agravaría aún más las disparidades en la educación y dejaría a los niños en comunidades ya vulnerables rezagados de sus compañeros.

La ciencia y los hechos, y no el miedo o las amenazas, deben guiar nuestras elecciones. Las recomendaciones recientes de la Academia Estadounidense de Pediatría para la reapertura de las escuelas en persona se basan en los beneficios documentados de la escuela para los niños y sus familias, así como en el entendimiento de que el covid-19 es una enfermedad muy diferente en niños que en adultos. Los datos muestran constantemente que los niños tienen menos probabilidades de presentar síntomas o de desarrollar complicaciones. Los menores también parecen menos propensos a infectarse con SARS-CoV2, el virus que causa el covid-19.

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Y no hay duda de que la escuela es buena para los niños, no solo por su educación, sino también por su desarrollo y su salud mental y física. También es un lugar donde muchos niños reciben atención médica brindada por enfermeras y médicos escolares, reciben comidas nutritivas y donde los casos de abuso o negligencia, a menudo, se detectan por primera vez.

Sin embargo, aunque los datos son tranquilizadores y los beneficios de la asistencia a la escuela en persona son claros, los niños simplemente no existen en el vacío: necesitan que los padres los dejen y los recojan, que los maestros les enseñen y los cuiden. A veces los abuelos son los que están allí para ayudar. Y la lista podría continuar. El riesgo de contagiarse con covid-19 para adultos parece ser mayor en otros adultos que en niños, y cada una de estas interacciones entre adultos aumenta el riesgo de que se vean expuestos y, en última instancia, se infectan.

Es injusto pedirles a los padres que envíen a sus hijos a la escuela, y pedirles a los maestros, muchos de los cuales tienen sus propias familias, que se presenten para enseñarles, mientras el virus continúa aumentando en las comunidades de todo el país. Si nos tomamos a pecho la reapertura de las escuelas en todas partes, primero debemos ser serios al contener este virus.

Ahora es el momento de dar mensajes consistentes y responsables en torno a las mascarillas u otros métodos de protección facial. También es hora de mejorar la disponibilidad de las pruebas y el tiempo de respuesta y, lo más importante, si queremos que los niños vuelvan a la escuela de manera segura, es tiempo de invertir en los establecimientos educativos, no amenazar su financiación.