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Donald Trump

Donald Trump

OPINIÓN | Todos los días, veo el psicodrama de Trump en mi correo electrónico

Por Elizabeth Bass

Nota del editor: Elizabeth Bass es exeditora de un periódico sobre noticias nacionales, internacionales y científicas. Fue directora fundadora del Centro Alan Alda para la comunicación de las ciencias en la Universidad Stony Brook y es coautora de tres libros sobre salud, medicina y bioterrorismo. Las opiniones expresadas en esta columna son de la autora. Leer más artículos de opinión en CNNe.com/opinion.

(CNN) — Los medios de comunicación se llenan cada día de informes sobre el presidente Donald Trump y su campaña incesante: sus tuits, sus discursos, los comentarios de sus seguidores, sus batallas legales. Pero bajo el rugido de esa turbulenta noticia, fluye un río subterráneo más tranquilo que corre directamente a millones de hogares, incluido el mío. Es su caudal de correos electrónicos.

Muchas personas nunca ven esta transmisión, pero creo que explica mucho sobre por qué una minoría sustancial de estadounidenses todavía dice que lo apoyan.

Primero, esta secuencia es implacable. Puedo estar sola, sin amigos, atrapada en casa por la epidemia, sin trabajo. Mi familia puede abandonarme, mis amigos se aburren. Pero Trump nunca me olvida. Desde junio pasado, cuando anunció su candidatura de reelección, he recibido al menos 712 correos electrónicos (hubo más, pero no pude guardar el resto.) Llegan nombre del presidente: de sus hijos, su hija, su nuera, su vicepresidente, la esposa de su vicepresidente, su gerente de campaña Brad Parscale, su exsecretaria de prensa Sarah Huckabee Sanders, el expresidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich y varias plataformas de Trump. Esta primavera, aceleraron el paso, a veces enviando seis o siete mensajes en un solo día.

Todos los políticos usan el correo electrónico. De hecho, cada día recibo hasta una docena de varios demócratas de todo el país, incluidos algunos de los que nunca escuché hablar. Al igual que Trump, los mensajes de los demócratas tienen que ver con recaudar dinero. Pero los de Trump son diferentes, no solo en su volumen sino también en su tono y contenido.

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La mayoría de los correos electrónicos tienen como objetivo hacerme sentir especial, elegida, deseada: «Fuiste seleccionada». «Fuiste elegida». «Fuiste elegida entre muchos». «Mi padre necesita tu ayuda». «Esto es solo para mis principales seguidores». «Sabía que no me decepcionarías». Ofrecen hacerme «una líder de la base electoral de Trump», miembro «oficial platinum de Trump 2020», «miembro ejecutivo de Trump 2020» y miembro del «cuadro de honor presidencial de Trump» y del «club VIP de Trump».

«Eres perfecta», me dice uno. «No mucha gente lo es». Me muestran certificados con bordes dorados para exhibir en mi pared y tarjetas doradas para mi billetera. Me instan a firmar tarjetas de cumpleaños para Trump y los Pence, y me invitan a ganar viajes con todos los gastos pagos para reunirme con ellos. Un correo electrónico reciente, con el título «Su boleto de avión», incluso llevaba el ícono del clip que indica un archivo adjunto, aunque lamentablemente no se adjuntó nada.

Al igual que mucho sobre Trump, estos comentarios son una estafa. No soy una de sus mejores seguidoras. Nunca le he enviado dinero ni le he mostrado apoyo, más allá de proporcionar mi correo electrónico hace cuatro años por curiosidad sobre su candidatura.

Entonces, junto con los mensajes sobre lo especial que soy, vienen correos electrónicos llenos de vergüenza y decepción. «¿Cometí un error al confiar en ti?», se preguntan. «¿Dónde has estado?», pregunta su hijo, Eric Trump. «Cada día, mi padre ve una lista actualizada de aportantes y se da cuenta de que todavía no has contribuido. Me pidió que me comunicara y te ofreciera una oportunidad más para estar en el lado correcto de la historia con nosotros».

Es como si hubiera sido incluida en una familia disfuncional, donde la gente me ama pero está muy decepcionada de mí. ¿No puedo ser amable, esta vez, por el bien de papá? ¿No puedo escribir, llamar o enviar dinero? «¿Dónde has estado?», se preguntan. «Puedes hacerlo mejor».

Tanto como se dice, que el padre celestial ve la caída de cada gorrión, el padre de Eric sabe el nombre de cada miembro del club de oro, y espera ver mi nombre en esta lista mañana por la mañana. Este drama familiar se extiende a la rivalidad interna. Recientemente, por ejemplo, me advirtieron que perdería la oportunidad de convertirme en miembro ejecutiva oficial de Trump en 2020: «Solo podemos mantener su lugar hasta las 11:59 pm de esta noche. Después de eso, será lanzada a Meredith en Pennsylvania».

A pesar de que a mi propia familia no le gustaba tropezar con la culpa, y mi propio padre murió hace unos 50 años, las súplicas y los regaños me dan una punzada. ¿No queremos todos ser abrazados, alabados y tranquilizados? ¿No creemos todos que podríamos haberlo hecho mejor?

Es posible que este psicodrama ya no funcione tan bien. En mayo y junio, Trump recaudó menos dinero que Joe Biden, el supuesto candidato demócrata.

Bajo Trump, el coronavirus se desata, provocando la ruina económica y matando a muchos más estadounidenses que los que murieron en la batalla en todas las guerras desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, incluidos Corea y Vietnam. Los asesinatos policiales de negros estimulan nuevas demandas de justicia racial. Trump responde tratando de estimular la animosidad contra de los negros que ha sido un sello distintivo de su marca durante décadas.

Su último correo electrónico no prometió protegerme del covid-19 o construir una sociedad más justa, sino proteger las estatuas confederadas de «matones no estadounidenses». En estos días, pienso en mi rival de correo electrónico, Meredith de Pennsylvania. Espero que ella elija la realidad por sobre un reality show. Si pudiera enviarle un correo electrónico, le diría: «Te necesitamos más que nunca».