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Donald Trump

Donald Trump

ANÁLISIS: Mientras Trump se niega a liderar, Estados Unidos intenta salvarse

Por análisis de Stephen Collinson

(CNN) — El presidente Donald Trump no lidera mucho a Estados Unidos mientras su pandemia empeora. Pero eso no impide que Walmart, junto con Kroger, Kohl’s y los líderes y funcionarios de ciudades y estados, tomen las decisiones difíciles que el presidente ha eludido.

Dado el enfoque de Trump, si el país va a salir del desastre sin muchos más miles de muertos, corresponderá a los gobernadores, alcaldes, presidentes de universidades y directores de escuelas, maestros y gerentes de supermercados, ejecutar planes que equilibren la salud pública con la necesidad de seguir adelante.

El miércoles hubo cada vez más indicios de que dichos centros de autoridad en todo el país ya no esperan señales de un presidente indiferente cuya estrategia agresiva de apertura ha sido desacreditada por un tsunami de infecciones y la caída en los números de las encuestas.

Más distritos escolares, en Houston y San Francisco, por ejemplo, desafían la demanda del presidente de que todos los niños regresen a clases en el otoño.

La gobernadora demócrata de Kansas, Laura Kelly, firmó una orden ejecutiva para retrasar la apertura de escuelas hasta después del Día del Trabajo. Alabama, quizás el estado más pro-Trump en la nación, introdujo el miércoles requisitos para usar máscaras en lugares públicos. Montana emitió su propia recomendación sobre máscaras. Las cadenas minoristas masivas Walmart, Kohl’s y Kroger requerirán que los clientes usen máscaras en los próximos días, lo que confirma un consenso nacional emergente de que los revestimientos, lejos de ser una violación de la libertad, podrían ser un salvavidas.

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El gobernador republicano de Maryland criticó el liderazgo de Trump durante la pandemia en un artículo de opinión del Washington Post el jueves, y dijo que «estaba claro que esperar a que el presidente dirigiera la respuesta de la nación era inútil; si demoramos más, estaríamos condenando más de nuestros ciudadanos al sufrimiento y la muerte».

Los gobernadores «siguieron su propio camino», escribió el gobernador Larry Hogan. «Así es como Estados Unidos terminó con una respuesta tan complicada».

Una de las franquicias más famosas de la NFL, los Green Bay Packers, jugará la pretemporada sin fanáticos. Incluso el protector frecuente de Trump, el líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, rompió con el pensamiento mágico del presidente cuando se encontró con su cada vez más afligido estado natal de Kentucky. McConnell dijo que si bien «había algunos que esperaban» que el coronavirus desapareciera, no es así.

Después de cinco meses, más de 137.000 muertes en Estados Unidos y unos 3,5 millones de infecciones, el país se encuentra en otro punto de inflexión en el desafío nacional más severo desde la Segunda Guerra Mundial. Cada vez más líderes estatales y locales, después de ver el resultado de aperturas prematuras que ignoraron el consejo científico, parecen estar avanzando hacia los pasos dolorosos necesarios para controlar el virus.

Esas jurisdicciones que lograron controlar la pandemia, como las áreas metropolitanas alrededor de Washington, DC, ahora comienzan a enfrentar otra prueba: imponer el distanciamiento social y el uso de máscaras a medida que los casos marcan después de aperturas lentas.

La más reciente encuesta de la Universidad de Quinnipiac muestra a Trump persiguiendo al presunto candidato demócrata Joe Biden por 15 puntos, un déficit que podría ayudar a explicar la extraña serie de ataques que el presidente dirigió a su rival durante la conferencia de prensa del martes y la sacudida en su liderazgo de campaña el miércoles liderado por su yerno y consejero, Jared Kushner.

Fauci vs. Navarro

La respuesta de la Casa Blanca a todo esto es negar que esté sucediendo, politizar decisiones serias sobre cuestiones vitales sobre cómo y cuándo reabrir las escuelas, y crear distracciones completas, como el desastre de Trump en una conferencia de prensa el martes.

Y comienza en la parte superior. El presidente, que siempre ha negado la pandemia, no ha presentado ningún plan para la apertura de escuelas, no ha podido establecer la red nacional de pruebas y rastreo que podría mantener el virus bajo control y no está haciendo nada para detener el esfuerzo dentro de la Casa Blanca por desacreditar al principal funcionario de enfermedades infecciosas del gobierno, el Dr. Anthony Fauci.

Después de que fue eviscerado en un artículo de opinión del USA Today por Peter Navarro, un asesor comercial que no tiene experiencia médica, Fauci le dijo a The Atlantic: «No puedo entender en mis sueños más salvajes por qué querrían hacer eso. Creo que ahora comprenda que eso no era prudente, porque solo se refleja negativamente en ellos».

Fauci también apareció en una reunión de la fuerza de trabajo sobre coronavirus de la Casa Blanca el miércoles, cuyas imágenes fueron tuiteadas por el vicepresidente Mike Pence en un intento por suavizar el aluvión.

Pero el presidente abandonó la Casa Blanca antes de que comenzara la reunión y se dirigió a Atlanta, ignorando los protocolos de uso de máscaras en la pista del aeropuerto y organizando un evento sobre un tema que no tenía nada que ver con la crisis: la infraestructura de transporte. No sería inusual que un presidente visite Atlanta durante una emergencia médica nacional, dado que la ciudad alberga los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU., pero Trump guardó distancia con la agencia.

Mientras tanto, Trump se unió a su hija Ivanka en otra controversia divisionista promoviendo a Goya, un importante negocio propiedad de hispanos que enfrenta una reacción negativa de los consumidores después de que su presidente ejecutivo apareciera en la Casa Blanca la semana pasada y prodigara elogios al presidente. Su discurso de marketing, que vio a Trump posar detrás de una gama de productos Goya en el venerado Resolute Desk en la Oficina Oval, probablemente infringió las reglas de ética de la rama ejecutiva.

Pero, más que nada, pareció un poco grosero e inapropiado un día después de que 900 estadounidenses más murieron a causa de covid y mientras aumentaba la cifra inexorable del miércoles.

La decisión de Trump de ignorar la creciente calamidad no le está haciendo ningún bien político: plantear lo que parece ser un punto obvio para todos, excepto para el presidente, de que es poco probable que sus perspectivas para las elecciones de noviembre mejoren cuando la emergencia covid-19 se vuelve más grave cada día.

La encuesta de la Universidad de Quinnipiac mostró que solo el 36% de los votantes registrados aprueba cómo Trump maneja su trabajo. Una encuesta de Wall Street Journal / NBC News hizo que Biden subiera 11 puntos y que el índice de aprobación del presidente bajara a 37%.

Estados Unidos va a la zaga de otras naciones en la supresión del virus

No hay ningún secreto sobre lo que funciona. Se ha demostrado que las órdenes de confinamiento y cerrar, combinadas con el distanciamiento social y el uso cada vez mayor de máscaras, han controlado el virus en estados de EE.UU. como Nueva York y naciones como Italia, Francia y Corea del Sur. Otros gobiernos, en Hong Kong y Australia, por ejemplo, han tomado medidas extenuantes para abordar nuevos puntos críticos cuando surgen, a diferencia del presidente de Estados Unidos, que todavía presiona por nuevas aperturas a medida que el desastre empeora.

Si la situación actual -un promedio de 60.000 nuevas infecciones por día, un aumento en el número de muertes y un incremento en las hospitalizaciones en todo el país-, no es lo suficientemente desalentadora, las cosas pronto podrían empeorar. Hablar de un segundo incremento del virus en el otoño ha dado lugar a la comprensión de que Estados Unidos todavía está en una primera ola que probablemente se estrellará contra un resurgimiento de la temporada de virus y gripe cuando la gente regrese al interior cuando el clima se enfríe.

Fauci dijo el miércoles que Estados Unidos abrió y vio «imágenes y fotos y películas de personas en bares sin máscaras, reuniéndose en multitudes» y «sucedió lo inevitable».

«Ahora estamos cerca de 60.000. Eso es insostenible. Tenemos que cambiar eso, y ese es realmente el problema que tenemos que abordar ahora», dijo a The Atlantic.

Un modelo que sigue de cerca la situación también advirtió el miércoles que un total de 224.000 estadounidenses podrían morir por el virus antes del 1 de noviembre.

El Dr. Chris Murray, del Instituto de Medición y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington, indicó que un aumento de 14.000 desde la proyección de la semana pasada podría atribuirse a casos de rápido crecimiento en todo el país.

«Ese aumento en nuestros pronósticos está siendo impulsado por el gran incremento en, ya sabes, los que conocemos en Florida, Texas, Arizona, California», señaló Murray a Don Lemon de CNN. «Hay una lista más larga de estados donde aumentan los fallecimientos, así como las hospitalizaciones. Eso incluye a Louisiana, Kentucky, Mississippi, Nevada, Nuevo México, Carolina del Sur, Tennessee y Utah».