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Empresas

OPINIÓN | El Congreso de EE.UU. puede exponer la amenaza silenciosa que constituyen los gigantes tecnológicos

Por Dipayan Ghosh

Nota del editor: Dipayan Ghosh es autor de «Terms of Disservice: How Silicon Valley is Destructive by Design». Es codirector del Proyecto de Plataformas Digitales y Democracia en la Escuela Kennedy de Harvard y fue parte del equipo de políticas en Facebook y asesor económico en la Casa Blanca durante el gobierno de Barack Obama. Las opiniones expresadas en este comentario son las del autor. Vea más artículos con este en CNNE.com/opinion.

(CNN) — ¿Se ha vuelto demasiado grande Silicon Valley?

Es un tema recurrente en estos días. Afirmaciones como que las principales compañías digitales han vuelto tan poderosas que Facebook y Google regulan los discursos que circulan en sus respectivas plataformas. U otras como que Apple y Amazon abusan de un poder casi monopólico. Pero ¿qué significa exactamente todo esto? ¿Por qué debería importarnos el hecho de que los gigantes tecnológicos se hayan vuelto demasiado grandes?

Estas son algunas de las preguntas con las que la Comisión Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos irá a fondo en la audiencia de este miércoles con los presidentes ejecutivos de esas cuatro compañías, probablemente, los cuatro ejecutivos de negocios más poderosos del país, incluso más allá del sector tecnológico.

Es una oportunidad única: nunca habíamos tenido un espacio de este calibre con los barones de la industria tecnológica, juntos en calidad de testigos en una audiencia pública, y esta será la primera aparición de Jeff Bezos ante el Congreso.

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Hay mucho en juego. Para la industria, sí, pero especialmente para los usuarios y consumidores en EE.UU.

Pero ¿por qué un tema tan técnico como el dominio de la industria de plataformas, como lo pinta el Comité Judicial de la Cámara, es tan importante para el público en general?

Después de todo, los estadounidenses adoramos nuestra tecnología, y muchos de nosotros no podríamos vivir o trabajar sin una conexión a internet de alta velocidad sin interrupciones. Nos encanta chequear nuestros perfiles y las actualizaciones de los demás en Facebook e Instagram, y apreciamos especialmente la simplicidad artística de la red de las fotos.

Muchos de nosotros hemos confiado en Amazon Fresh para la entrega de comestibles durante -y mucho antes- de la pandemia de covid-19. El iPhone es posiblemente el dispositivo más bello y de mayor circulación actualmente. Y admito que a menudo paso horas en YouTube poniéndome al día con asuntos de política o con deportes.

Pero a medida que Silicon Valley fortalece su dominio en el entorno de los medios digitales, especialmente en este 2020, ya que confiamos cada vez más en la tecnología para ayudarnos a mantenernos conectados durante esta crisis sanitaria, el peligro latente de la concentración económica en el sector tecnológico por parte de estos cuatro gigantes se acrecienta.

Es un problema complejo. Estas compañías tienen una participación casi monopólica en varios sectores dentro de la industria de plataformas digitales. Por ejemplo, individualmente Facebook, Google y Amazon concentran al menos la mitad del mercado de las redes sociales, las búsquedas en internet y la venta de libros en línea, respectivamente. En tanto, algunos desarrolladores de aplicaciones han acusado a la App Store de Apple, disponible a través del sistema operativo iOS, de tener una conducta cuasi monopólica. Cada empresa es de vital importancia en el entorno de medios actual.

Pero una cosa es tener una posición dominante y otra muy distinta causar un daño basado en el poder de mercado que ofrece esa posición de virtual monopolio.

Veo tres áreas amplias de interés público en las que las cuatro grandes empresas deberían representar una seria preocupación para todos los estadounidenses, y de hecho podrían implicar a la economía nacional de varias maneras si no se hace nada para controlar su poder de mercado: precios al consumidor, calidad de los servicios, licencias e innovación en el mercado.

Precio. Según el expresidente ejecutivo de Google, Eric Schmidt, el motor de búsqueda es famoso por ser «gratis». Tiene razón en que no tenemos que pagar dinero a Google para crear una cuenta y buscar información con sus herramientas o por zambullirnos en el amplísimo catálogo de YouTube. Pero ¿qué sucede cuando una sola empresa domina las búsquedas en internet y controla el acceso y tiene la capacidad de influir en la información que llega al público como hace Google mediante su sistema de anuncios publicitarios?

Dicho de otra manera: ¿podría ser que Google nos esté extrayendo sistemáticamente riqueza en forma de una moneda nueva, que es la combinación compleja de nuestros datos y atención, que luego usa para establecer tarifas a los anunciantes que participan en sus plataformas?

¿Podría estar sucediendo algo similar con la virtual monopolización de Facebook en el segmento de las redes sociales y los mensajes de texto a través de internet, o el tremendo poder de Amazon en el comercio electrónico, o la App Store, a través de la cual Apple recauda el 30% de los ingresos por aplicaciones digitales?

Calidad. No sorprende que parte del ecosistema de medios de hoy se hayan polarizado por completo y esté repleto de contenidos ofensivos. El problema de la desinformación proveniente de Rusia, la propagación de mensajes de odio en línea, la participación en la violencia y el extremismo digital, la prevalencia de la discriminación algorítmica: estas y otras preocupaciones con las redes sociales han desencadenado la campaña #StopHateForProfit (algo así como “dejen de lucrar con el odio”), entre otros esfuerzos emprendidos por defensores de los derechos civiles.

Parte del problema, lamentablemente, es la falta de un incentivo financiero suficiente -aunque el boicot a los anuncios de Facebook puede cambiar si sigue levantando revuelo- para abordar el problema de los discursos ofensivos.

Innovación. Como algunos han argumentado, Apple tiene una posición muy dominante en el mercado de dispositivos de sistema cerrado. Controla la cadena de valor del consumidor, desde la tecnología del dispositivo físico, pasando por el sistema operativo iOS preinstalado, hasta las aplicaciones y servicios móviles centrales que se ejecutan automáticamente, y no hay otro proveedor de sistemas cerrados que lo haga a ese nivel. Este dominio absoluto, y la capacidad de recopilar grandes cantidades de información personal y de propiedad exclusiva, ha significado que Apple haya sido capaz de otorgar a sus propios productos una posición de privilegio en contextos como la App Store, alegaciones similares a las que se han hecho sobre Amazon. Esto necesariamente disminuye cualquier posibilidad de competencia en el mercado de aplicaciones en el sistema operativo iOS para los desarrolladores, y aún más en el mercado general de sistemas cerrados. Y eso deja de lado el hecho de que Apple -y Android- obtienen grandes ingresos en sus respectivas tiendas de aplicaciones digitales.

Es un escenario que aniquila el incentivo para que otros jugadores de la industria y empresarios desarrollen nuevas funciones y tecnologías web para que interactuemos y participemos, y disminuye severamente el progreso de la vitalidad y el dinamismo de internet.

Estos son los impactos negativos que nosotros, como usuarios cotidianos de la Red, estamos experimentando. Y, sin embargo, no los sentimos. No nos damos cuenta de que nuestros bolsillos se vuelvan más livianos o que el ritmo de la innovación digital se desacelera gradualmente, y muchos ni siquiera notan el racismo, la intolerancia, el odio y el tráfico de conspiraciones que se han convertido en la norma para algunos de nosotros, particularmente, para algunas comunidades marginadas. Pero el hecho de que no sintamos estos daños no significa que no estén sucediendo, y la naturaleza silenciosa del daño que causan debería ser lo más preocupante de todo en este asunto.

La Comisión Judicial debe investigar estos temas. Debe formular las preguntas necesarias para generar evidencia que pueda señalar los daños que los gigantes tecnológicos han hecho en el ámbito de los precios, la innovación de mercado y la calidad de los servicios digitales.

Y más allá de estos problemas, existe otro peligro inminente. Cada vez más, estas compañías están mostrando características no solo de tender al monopolio, sino también de constituirse como monopolios naturales. Ya no podemos imaginar otra alternativa para ellos. Las barreras de entrada son demasiado altas debido a las infraestructuras físicas y digitales que han construido para proteger sus posiciones dominantes en el mercado.

Tienen un poderoso efecto de red, por lo que a medida que más y más usuarios se unen a sus plataformas, se vuelven económicamente más poderosos. Con el tiempo, no podremos imaginar otra alternativa para la sociedad. ¿Por qué construir un segundo ferrocarril, o una red eléctrica, o una línea telefónica, o, de hecho, una red de medios sociales, cuando tiene uno que «funciona»?

Estos son los temas que el Congreso de EE.UU. debe desglosar para los usuarios, y si podemos hacerlo con éxito, finalmente avanzaremos en el largo camino del reequilibrio del poder en el ecosistema mediático desde Silicon Valley hacia el resto de la sociedad.