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Niños

Crecer en un ambiente violento probablemente acelere el envejecimiento y el riesgo de enfermedades, según una nueva revisión de estudios

Por Ryan Prior

(CNN) — Es probable que experimentar adversidad temprano en la vida haga que los niños alcancen la pubertad más rápidamente, aumente el envejecimiento celular y altere el desarrollo del cerebro.

Esto de acuerdo a una metarevisión de decenas de estudios publicados en Psychological Bulletin, una revista de la Asociación de Piscología de Estados Unidos.

Y a medida que el país enfrenta un legado de racismo e inequidad sistémicos, es necesario capacitar a los pediatras para que reconozcan estos impactos adversos en una etapa temprana y ayuden a guiar el desarrollo de los niños desde antes. Esto es clave para reducir las disparidades de salud conocidas entre los negros, que corren un mayor riesgo de enfermedades como depresión, problemas cardíacos y diabetes, dijeron los autores del estudio.

«Este estudio muestra los efectos que la exposición sistémica a la violencia tiene en los niños», dijo la autora principal, Katie McLaughlin, profesora asociada de Psicología en la Universidad de Harvard y directora del Laboratorio de Estrés y Desarrollo de la escuela.

McLaughlin señaló que hacer un esfuerzo por proporcionar entornos domésticos más estables para los niños mientras crecen puede reducir drásticamente la tensión en el sistema de salud pública décadas después, cuando los procesos de envejecimiento acelerado pueden terminar provocando enfermedades.

«La noticia positiva es que nunca es demasiado tarde para revertir estos cambios», dijo. «Debido a que el cerebro es tan plástico en las etapas tempranas de la vida, presenta una enorme oportunidad para que podamos intervenir y prevenir daños a largo plazo», explicó.

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La adversidad durante la infancia puede acelerar el inicio de la pubertad

McLaughlin y sus colegas analizaron 79 estudios revisados por pares que observaron a un total de 116.000 participantes que habían crecido en ambientes hostiles.

Esos estudios analizaron cómo se correlacionaba la adversidad durante la infancia con la edad de la pubertad, el envejecimiento celular y cambios en la estructura cerebral.

En esos estudios, los investigadores hicieron una distinción entre entornos de «amenaza» y «privación». Los entornos de «amenaza» incluían probablemente abuso y violencia, y se asociaron más con el envejecimiento acelerado. Los entornos de «privación», que están marcados por el abuso infantil, el abuso sexual, la negligencia o la pobreza crónica, tuvieron un efecto remarcable pero menos drástico en la aceleración del envejecimiento.

A medida que los niños crecen hasta la edad adulta, sus experiencias lidiando con la adversidad pueden conducir a depresión, trastornos de ansiedad, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, abuso de sustancias, suicidio y enfermedades cardiovasculares, dijeron los autores del estudio, citando literatura médica que se remonta a décadas.

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«Algunos de estos marcadores de envejecimiento acelerado son realmente fáciles de observar», dijo McLaughlin. «Existe un patrón constante de que crecer en un ambiente estresante conduce a un mayor envejecimiento en comparación con aquellos que no (crecen en un entorno de esas características)», explicó.

En momentos en que la mayor parte de la literatura aporta un cuadro cada vez más específico, este metaanálisis está facultando a otros investigadores para adoptar un enfoque más asertivo en la forma de abordar la adversidad durante la infancia.

«Este es un estudio importante que muestra cómo la amenaza y la privación durante la infancia extienden sus brazos largos hasta la edad adulta», dijo Eric Loucks, profesor asociado de Epidemiología en la Universidad de Brown y director del Centro de Mindfulness de Brown.

El análisis ayuda a Loucks a enmarcar su investigación sobre lo que la ciencia puede hacer «por los muchos adultos que están entre nosotros que estuvieron expuestos al abuso infantil, el abandono y la pobreza», dijo.

«Los resultados son consistentes con nuestros propios estudios que encuentran efectos negativos del maltrato en la estructura del cerebro», dijo Amy Garrett, profesora asistente de Psiquiatría y Radiología en la Escuela de Medicina en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en San Antonio. «Nosotros tambien hemos mostrado que la intervención temprana puede restaurar algunos de estos efectos», explicó.

La adversidad puede acelerar el envejecimiento celular

El metaanálisis encontró que los niños que viven en la adversidad mostrarán signos de que sus células están envejeciendo más rápido de lo normal, medido por la longitud de sus telómeros, que son tapas al final de los cromosomas que protegen nuestro ADN. El estrés crónico se asocia con una longitud acortada de los telómeros, y puede conducir a problemas de salud mental y física en la edad adulta.

Este proceso puede ilustrarse con lo que los científicos llaman un «reloj epigenético«, que puede medir cómo el estrés puede estirar el cuerpo de una persona para que parezca biológicamente más viejo de lo que realmente es.

«En un adulto sano, el reloj epigenético está justo en el blanco», dijo McLaughlin. «En aquellos que han atravesado por situaciones de adversidad, el reloj supondría que son mucho más viejos de lo que son», explicó.

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Vivir bajo violencia puede cambiar la estructura del cerebro

Crecer en medio de traumas y violencia se vinculó con el adelgazamiento de la corteza prefrontal ventromedial, una parte del cerebro asociada con el procesamiento de información social y emocional, de acuerdo a una revisión sistémica de 25 de los estudios que formaron parte del análisis, todos enfocados en cómo la adversidad afecta la estructura del cerebro.

Infancias adversas marcadas por la pobreza y la privación, por otro lado, eran más propensas a mostrar adelgazamiento de la corteza frontoparietal, que controla las tareas sensoriales y cognitivas.

Hay un par de explicaciones de por qué este podría ser el caso. Envejecer más rápido de lo habitual en un entorno violento podría ser simplemente una forma en que la evolución impulsa nuestra capacidad de reproducción. Y si el cerebro se desarrollara más rápidamente en un período violento, los niños serían más capaces de procesar y responder a los peligros que los rodean.

«Estos procesos son probablemente adaptativos de alguna manera. A largo plazo, tienen costos para nuestra salud», dijo McLaughlin. «Mentalmente, esos (costos) pueden ser ansiedad y depresión más adelante. Físicamente pueden ser diabetes y enfermedades cardíacas», explicó. Los niños que viven en la adversidad pueden tener una respuesta de lucha o huida que se «activa constantemente», agregó.

Estos cambios pueden revertirse

El laboratorio de McLaughlin está probando formas en que los pediatras pueden detectar signos de violencia o privación durante una visita médica de rutina. McLaughlin señaló, por ejemplo, que si un niño atraviesa la pubertad temprano, podría ser una señal para que se rastreen posibles adversidades y luego se desarrolle un plan de tratamiento de cuatro a seis visitas para ayudar a equipar al niño con mecanismos para afrontar la situación.

«La reversibilidad es algo de lo que estamos empezando a aprender», dijo McLaughlin.

Para los jóvenes, las intervenciones psicosociales como la terapia conductual cognitiva fueron una posible solución.

En el Centro de Mindfulness de Brown, Loucks está desarrollando una Red de Reversibilidad de científicos que estudian cómo remediar los efectos a largo plazo de la negligencia en la infancia, la pobreza y la discriminación racial.

«Una de las áreas que nos entusiasma es el potencial de los programas de conciencia plena (mindfulness) para ayudar a ‘sanar el pasado en el momento presente’, como describió el maestro zen Thich Nhat Hanh en su libro ‘Reconciliación'», dijo Loucks.

Loucks señaló investigaciones que muestran que la terapia cognitiva basada en la conciencia plena fue eficaz para ayudar a prevenir recaídas en la depresión.

«El entrenamiento de la atención plena puede ayudarnos a ser más conscientes y alejarnos de esos hábitos que se arraigaron cuando éramos niños debido a nuestras experiencias adversas», dijo Loucks. «No teníamos el poder y la sabiduría que tenemos ahora como adultos para aprender a ayudar a revertir, o al menos mitigar, los efectos de la adversidad en la vida temprana», explicó.