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Opinión | La hipótesis del virus mágico

Por Stephen Kessler

Nota del editor: El Dr. Stephen Kessler es médico en Phoenix, Arizona. Él y su esposa escribieron una carta abierta al gobernador de Arizona, Doug Ducey, en relación con la reapertura de las escuelas que recibió cobertura de CNN, NPR y The Arizona Republic. Las opiniones expresadas en este comentario son suyas. Vea más artículos de opinión en cnne.com/opinion

(CNN) — En algún momento de la primavera boreal de 2020, una idea intrigante comenzó a circular en los círculos epidemiológicos. A medida que los primeros estudios sobre la transmisión de covid-19 por parte de los niños empezaron a filtrarse, algunos académicos prominentes comenzaron a defender lo que se puede llamar con justicia la «hipótesis del virus mágico».

El pensamiento fue algo como esto: además de que los niños generalmente tienen una enfermedad muy leve con covid-19, también es muy poco probable que propaguen el virus.

Esta fue una hipótesis asombrosa porque iba en contra de todo lo que sabemos sobre la transmisión de virus respiratorios tradicionales, como la influenza y el resfriado común, que, por supuesto, a menudo es causado por un tipo de coronavirus. Con estos virus tradicionales, se reconoce a los niños como importantes impulsores de la transmisión.

La naturaleza radical de la hipótesis debería haber resultado en una pausa para una seria reflexión por parte de científicos y médicos responsables. En cambio, fue rápidamente aprovechada y ampliada por revistas médicas muy respetadas.

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El 5 de mayo, el normalmente serio British Medical Journal (BMJ) publicó un editorial titulado «Los niños no son superpropagadores de covid-19: es hora de volver a la escuela». La revista oficial de la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) rápidamente siguió su ejemplo con un comentario similar, «Transmisión de covid-19 y niños: el niño no tiene la culpa». Ambos abogaron por la reapertura de las escuelas, y el editorial del BMJ llegó a argumentar que «los gobiernos de todo el mundo deberían permitir que todos los niños regresen a la escuela independientemente de sus comorbilidades».

No importa la escasez de investigaciones disponibles en ese momento, ni el hecho de que los pocos estudios existentes tenían serias deficiencias en su metodología. Sin mencionar la presencia de evidencia contradictoria.

Los evangelistas del virus mágico siguieron adelante.

El 25 de junio, la AAP emitió un comunicado en el que abogaba enérgicamente por la reapertura de las escuelas. Señalaron que, «aunque los niños y adolescentes desempeñan un papel importante en la amplificación de los brotes de influenza, hasta la fecha, este no parece ser el caso de covid-19 … los niños pueden tener menos probabilidades de infectarse y propagar la infección”.

Frases como «no aparece» y «puede ser menos probable» eran técnicamente precisas pero peligrosamente arrogantes. Es imprudente confiar en un puñado de estudios epidemiológicos pequeños y no concluyentes para revertir el conocimiento adquirido en un siglo de investigación sobre virología.

Los políticos empeñados en reabrir las escuelas aprovecharon estas recomendaciones, que culminaron con la afirmación de la secretaria de Educación, Betsy Devos, el 15 de julio de que «cada vez más estudios muestran que los niños son en realidad los que detienen la enfermedad y no la contraen ni la transmiten ellos mismos”. Devos recibió críticas generalizadas por sus comentarios, pero, en esencia, sus comentarios fueron simplemente una rearticulación de los de la AAP sin los calificativos.

A mediados de julio, investigadores de Corea del Sur publicaron el que quizás sea el estudio más grande y mejor diseñado hasta la fecha sobre la transmisión de covid-19 en niños. Descubrieron que, de hecho, los niños de 10 a 19 años propagan el covid-19 con la misma eficacia que los adultos, y los niños menores de 10 años contribuyen en menor grado.

Esto fue seguido rápidamente por una investigación que demostró una importante propagación entre pares en las poblaciones pediátricas de Israel y Georgia.

¿Qué efecto tuvo esta nueva investigación en los evangelistas del virus mágico? Simplemente ajustaron la edad demográfica del virus a la baja para adaptarse a los últimos hallazgos.

Esto incluyó a la AAP, que, a partir del 21 de agosto, modificó su declaración inicial para que dijera: «Los niños menores de 10 años pueden tener… menos probabilidades de propagar la infección».

¿Qué provocó la adopción inicial de la idea radical de que los niños menores de 18 años no contribuyen a la propagación de covid-19, así como su revisión igualmente radical? No tengo la respuesta, pero supongo que es una combinación de cosas.

Primero, la sociedad está legítimamente ansiosa acerca de que los niños regresen a la escuela, lo que posiblemente provoque un optimismo indebido como resultado de un puñado de estudios tempranos y profundamente defectuosos.

Pero igualmente culpable es la falta de rigor intelectual al examinar las metodologías de la investigación existente sobre la propagación de covid-19 por parte de los niños. Cualquier médico o científico puede decirle que la solidez de las conclusiones que se pueden extraer de una investigación se basa firmemente en la metodología del estudio. Y la investigación existente tiene muchos defectos.

Dicho de otra manera: ¿Por qué los estudios podrían encontrar una menor transmisión de covid-19 por los niños si la tasa de transmisión fuera de hecho la misma que la de los adultos? En general, la razón radica en el hecho de que los niños con covid-19 a menudo tienen síntomas muy leves, si es que tienen algún síntoma. Como resultado, es mucho menos probable que se analicen durante la fase aguda del virus, cuando es más probable que den positivo. Y si transmitieran el virus a sus padres u otros adultos en el hogar, sus conductos nasales pueden estar libres de ARN viral en el momento de la prueba, en cuyo caso se presume que el virus se origina en un huésped adulto.

Combine esto con el hecho de que las pruebas pediátricas son increíblemente difíciles de conseguir en muchas comunidades, y es fácil ver por qué es un desafío obtener una contabilidad precisa de la cantidad de infección por covid-19 en los niños, así como su propagación.

Por supuesto, puede resultar que covid-19 sea de hecho un virus mágico, en el que la transmisión por niños es extremadamente rara. Si eso sucede, nadie estaría más encantado que yo. Pero actualmente, no hay nadie vivo que pueda declarar eso con certeza. Ni los expertos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades ni la Organización Mundial de la Salud. Ni siquiera el propio Dr. Anthony Fauci.

Y ese es exactamente el punto.

Si va a argumentar que un nuevo virus respiratorio se transmite de una manera radicalmente nueva, la barrera para hacer esa afirmación debería ser formidable.

Se ha demostrado que los niños pequeños albergan cargas virales de covid-19 similares o más altas en sus vías respiratorias superiores a las que se encuentran en niños mayores y adultos. Dado esto, además de nuestro conocimiento adquirido sobre la transmisión de otros virus respiratorios, la suposición predeterminada debe ser que los niños son tan infecciosos como los adultos. La responsabilidad del investigador es probar que la hipótesis es incorrecta, no al revés.

Argumentar lo contrario es potencialmente peligroso. Especialmente cuando esos argumentos están siendo utilizados por los legisladores para orientar la reapertura de escuelas y otras actividades para niños.

Habiendo dicho eso, espero que encuentre asidero esa hipótesis del virus mágico.