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Política

OPINIÓN | ¿Quién quedará de pie el 4 de noviembre?

Por Al Cárdenas

Nota del editor: Al (Alberto R.) Cárdenas es un abogado y líder de la comunidad latina en EE.UU. Ocupó distintos cargos en las administraciones de Ronald Reagan y George H.W. Bush, y fue asesor de la campaña de Jeb Bush en 2016. Es socio de la firma de abogados Squire Patton Boggs y del grupo de interés Cárdenas Partners. Las opiniones expresadas en este comentario pertenecen exclusivamente al autor. Más en la sección de Opinión en CNNE.com.

(CNN Español) — La crisis y la disfuncionalidad marcan el camino hacia las elecciones presidenciales de 2020. Después de analizar para ambas convenciones, la demócrata y la republicana, para CNN en español, puedo decir sin temor a equivocarme que las estrategias fueron claramente diferentes.

La Convención Nacional Demócrata quiso mostrar un cuadro de contrastes pintando a Joe Biden como un líder compasivo que uniría a EE.UU. Fue un mensaje de esperanza y posible sanación. Los exmandatarios Bill Clinton y Barack Obama le dieron duro al presidente Donald Trump y su falta de respeto al cargo. Fueron discursos excelentes y sin precedentes pero, resulta interesante, que ya no escuchamos que resuenen. Quizá porque se vieron opacados con lo nuevo que se dice o se escribe sobre el presidente Trump cada día. Y nos hace reflexionar si este país está aletargado de los casi cuatro años de bombardeos contra el presidente, incluyendo el hecho de que él es uno de los tres presidentes en funciones que ha enfrentado un juicio político aprobado por la Cámara de Representantes.

La Convención Nacional Republicana, por otra parte, quiso mostrar al presidente Trump como un líder fuerte; con los testimonios de ciudadanos promedio que –para los efectos– fueron eficaces. Fue la ley y el orden contra la violencia en las ciudades gobernadas por los demócratas; fue el capitalismo contra el socialismo. Incluyo el total —algo sin precedentes— despliegue de los integrantes de la familia Trump. La primera dama, los hijos y sus esposas/novias, sus hijas y su yerno. Vaya corte. Una señal de que la familia Trump es la que dirige este país.

Ambas campañas/partidos cumplieron a cabalidad con los mensajes que querían enviar en la recta final de la campaña electoral.

Al final, las encuestas posteriores a las convenciones mostraron pocas variaciones en la carrera pero muchos creen que la contienda se ha vuelto más reñida. ¿Quién quedará de pie el 4 de noviembre? A menos de 55 días, yo sé cómo votaré, pero reconozco que es uno de los resultados electorales más difíciles de predecir.

Cuesta creer que la muerte de George Floyd ocurrió hace ya más de 100 días. En una época en que los estadounidenses apoyan mayoritariamente la justicia social durante las protestas pacíficas, algunas se tornaron violentas debido a algún esfuerzo patrocinado, organizado y orientado a eso. Las protestas pacíficas ayudan a la campaña de Biden, pero si se vuelven violentas apoyan la estrategia de campaña de Trump sobre la ley y el orden. Los demócratas han sido lentos en reaccionar y esto les ha costado.

Los tiempo no pueden ser más turbulentos. Una pandemia que afecta a más de 6 millones de estadounidenses hasta este miércoles y supera ya las 190.000 muertes, una recesión económica, protestas violentas, millones sin trabajo, preocupación por la seguridad de nuestros hijos en su regreso a clases y el déficit de US$ 3 billones que nos espera para el siguiente año fiscal.

Generalmente una economía en caos resultaría en la inevitable pérdida electoral del mandatario de turno. Pero Trump está obteniendo mejores calificaciones que Biden en ese rubro. Y oigan, no olviden la guerra cultural —en ambos bandos— que permea el resultado y el proceso mismo.

Lo que creo es que, quien crea la mayoría que está más capacitado para sacarnos primero de la recesión y lograr conseguir rápidamente las vacunas contra el covid-19 para el pueblo ganará las elecciones.

Estaba seguro al inicio de 2020 de que la elección giraría en torno a la capacidad ética de Donald Trump para permanecer en la Oficina Oval contra los calificados como socialistas por sus contrincantes.

Estos ya parecen que no son factores determinantes en las mentes del electorado indeciso.